Mostrando entradas con la etiqueta Jay S. Jacobs. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jay S. Jacobs. Mostrar todas las entradas

viernes, mayo 22, 2009

Sólo hay una cosa peor a que te malinterpreten

Publicaba el New York Times hace unos días el prólogo de la biografía no autorizada de Tom Waits Lowside of the Road, escrita por Barney Hoskyns. Como siempre, lo mejor que pueden hacer es leer el texto completo en inglés, pero traduzco aquí los fragmentos que me han parecido más interesantes sobre las dificultades que Hoskyns se ha encontrado a la hora de investigar la vida y obra del escurridizo Waits.

------------

En el año 2004 Waits lo dijo mejor de lo que nadie podría hacerlo: “Tienes que asegurarte de que la demanda es mucho más grande que tu oferta. El público es un animal salvaje. Es mejor no alimentarlo demasiado bien”.

En varios momentos a lo largo de los dos años de investigación sobre la vida y obra de Waits me tuve que parar y preguntarme a mí mismo: “¿Tengo realmente el derecho de escribir un libro sobre Tom Waits?”.

“Keith Richards me hizo llegar el mensaje de que estaría encantado de hablar conmigo sobre su colaboración con Waits en Rain Dogs y Bone Machine. Pero la oferta fue retirada sumariamente porque Tom –o más exactamente “Tom y Kathleen” (Brennan, la esposa de Waits)- habían sido informados de mi petición. La aparente perversidad de no querer que uno de los indiscutibles grandes del rock demuestre públicamente su amor y admiración me confundió. Y también me hizo pensar sobre cuál es el auténtico motivo por el que los Waits han bloqueado, bloquean y bloquearán a los biógrafos”.

“¿De qué crees que tienen miedo?” me preguntaban mis amigos. Generalmente lo que contestaba era algo así como: “No sé de qué tienen miedo. Creo que saben que no soy Kitty Kelley o Albert Goldman o J. Randy Taraborrelli – o Nick Broomfield o A.J. Weberman o Rupert Pupkin. De todas formas tampoco hay muchos trapos sucios que sacar. Waits se emborrachaba con Rickie Lee Jones y Chuck E. Weiss. Destrozaban nomos de jardín en Bel Air y se pelearon con unos policías en Duke’s Coffe Shop ¿Y qué?”. Normalmente hacía una pausa antes de añadir: “De hecho no creo que tengan miedo de nada. Simplemente no quieren que haya un libro que de alguna manera freudiana reduzca a Waits a la suma de sus experiencias vitales. Y eso en cierta forma me gusta; de hecho, siento un total respeto por ese punto de vista”.

He entrevistado a Waits en persona dos veces, y he hablado con él por teléfono en varias ocasiones. Como la mayor parte de los periodistas que han hablado con él, (me gusta pensar que) me hice bien con él. Me ha hecho reír incontroladamente. El primer encuentro fue entre el lanzamiento de dos álbumes, en el centro de Nueva York. La entrevista había sido concedida especialmente a New Musical Express, que había nombrado Swordfishtrombones el Mejor Album del Año. Fuera de la rutina de entrevistas, Waits era una compañía agradable, le tomaba el pelo a las camareras y hablaba sobre la locura diaria de su Manhattan de adopción. 
La segunda vez, catorce años después en un restaurante cerca de su casa en el norte de California, Waits estaba en mitad de una semana en la que estaba siendo interrogado por la prensa europea, y tuve la clara sensación de que estaba desgastado por la seriedad de sus interlocutores. Se soltó un poco cuando salimos a dar una vuelta por carreteras secundarias en su Coupe de Ville de 1970, pero había en él una cautela, un cansancio, que no estaban en 1985. Pensé que empezaba a notarse la lucha por aferrarse a su privacidad ante la fascinación casi religiosa que despierta cada uno de sus movimientos.

“A lo largo de mi investigación he sido consciente de que Tom y Kathleen sabían lo que estaba haciendo, aunque sólo fuese por los correos electrónicos de personas que han sentido que era su deber denegar mis peticiones de entrevistas por ellos, su manager Stuart Ross o su secretaria Jualianne Deery. Entiendo que debe ser como ser acosado, o ser amado por alguien que deseas que desapareciese”.

“Pensé que las cosas no podían ir a peor cuando un veterano periodista musical llamado “Uncle Ray” –pseudónimo de un colaborador de Creem que conoció a Waits a mediados de los setenta- decidió no hablar conmigo para “no interferir con la privacidad de Tom”. Joder, pensé. Si ni siquiera los viejos críticos de rock quieren hablar conmigo, entonces estoy realmente jodido. Pero las cosas podrían haber sido peor, por supuesto: uno de los anteriores biógrafos de Wais, Jay S. Jacobs, me dijo que la respuesta de Bette Midler a su petición de una entrevista fue amenazarle con una demanda”.

Afortunadamente ha habido mucha gente del pasado de Waits que sí han querido hablar sobre él, ya sea porque no tienen nada que perder al hacerlo o porque ni Waits, ni Brennan, ni Stuart Ross ni Jualianne Deery iban a decirles qué debían hacer.

“Creo que tengo derecho a contarte cosas sobre mis días de trabajo con Tom”, dice el saxofonista Ralph Carney, que tocó con Waits durante quince años. “Ahora es parte de la historia”.

“A menudo me acuerdo de Tom y le deseo lo mejor”, dice Bob Webb, uno de sus primeros mentores y músicos. “No pretendo perjudicarle atendiendo tu petición, aunque al parecer él piensa que estoy haciendo justamente eso. En el corazón yo mismo tengo demasiado de biógrafo e historiador como para dejar que todos estos hechos se desvanezcan sin ser registrados”.

“Estoy desconectado”, dice Bones Howe, el hombre que produjo siete discos de Tom Waits entre 1974 y 1982. “Ahora mismo no tengo ninguna manera de coger el teléfono y hablar con Tom. Me encantaría poder hablar con él sólo para preguntarle qué tal va todo. Ya sabes, ¿cómo son sus hijos? Quiero decir que, él fue a la boda de mi hija mayor. Era un poco como de la familia”.

-----------------

“Creo en los misterios de las cosas, sobre mí mismo y sobre las cosas que veo. Me gusta sorprenderme y llegar a mis propias conclusiones equivocadas.” 
Tom Waits a Mark Rowland, Musician, octubre de 1987

 “A la gente no le importa si dices la verdad o no, sólo quieren oír algo que no sepan todavía. Hazme reír o hazme llorar, no importa. Si estás viendo una película realmente mala y alguien se acerca y te dice, “está basada en hechos reales”, ¿mejora eso la película de alguna manera? No. Sigue siendo una mala película”.
Tom Waits

domingo, enero 07, 2007

Musik & Mythos: Tom Waits

never could stand that dog Decíamos hace unos meses que se está preparando la traducción alemana de Wild Years, la biografía escrita por Jay S. Jacobs que la editorial Cátedra publicó en España hace unos años.

Jurgen Verfaillie y Gaby Linares, autores de los collages que ilustrarán el libro (Musik & Mythos: Tom Waits), han colgado en su página web las doce imágenes que acompañarán a cada uno de los capítulos. Quien lo desee, puede adquirir copias de los dibujos.

También pueden verse en Flickr imágenes del proceso de creación de los collages.

Noticias relacionadas:
Novedades bibliográficas - 10 de noviembre de 2006

lunes, mayo 22, 2006

Teloneando a Zappa

La fotógrafa Deborah Chesser ha publicado en su blog Everybody I Shot is Dead unas bonitas fotografías de Tom Waits teloneando a Frank Zappa. Como Chesser no desea que se copien ni se descarguen sus fotos (¿?), seré buena y simplemente pondré un enlace.

baby, take your teeth out
Tom Waits teloneó a Frank Zappa and the Mothers of Invention a lo largo de 1973 y 1974, en la gira de presentación de su primer disco (Closing Time, 1973). Así es como lo cuenta Jay S. Jacobs en Wild Years, the Music and Myth of Tom Waits:

La verdadera prueba de fuego llegó cuando lo llamaron para telonear a las estrellas del equipo de Herb Cohen, el brillante anarquista roquero Frank Zappa y sus acompañantes, The Mothers of Invention. Las baladas de piano Tin Pan Alley de Waits sobre el whisky, el amor y la pérdida no encajaban, por decirlo suavemente, ante audiencias deseosas de escuchar Broken Hearts are for Assholes, Weasels Ripped my Flesh y Don't Eat the Yellow Snow. Los fans de Zappa golpearon al joven Waits con una ferocidad lobuna. "Zappa, esa fue mi primera experiencia en rodeos y estadios de hockey", declaró Waits a David Fricke. "El constante golpeteo de los pies y las palmas: 'We! Want! Frank!'. Era como Frankenstein, con las antorchas y demás".

Muchos años más tarde, el recuerdo todavía permanece latente en la memoria de Waits. En 1999 dijo a Barney Hoskyns: "Siempre estuve bastante intimidado por Frank. Existía tanta mitología a su alrededor, y tenía tanta confianza... La gira que hice con él no se planificó bien. Era como si tu padre te hubiera dicho: '¿Por qué no vas al campo de tiro con tu hermano Earl?' Yo no quería. Podía salir herido. Y así fue. Salía y me exponía a toda esa crítica intimidadora de un público que no era el mío. Frank era divertido. Decía: '¿Cómo están ahí fuera?' Me usaba para tomar la temperatura, metiéndome por el culo de la vaca y sacándome después. Ahora que lo pienso era gracioso. Encajaba, en el sentido de que era excéntrico. Salía cada noche, tenía mis cuarenta minutos. Aún tengo pesadillas con toda esa historia. Frank se me aparece en sueños, preguntándome cómo está el público. Sueño que el piano empieza a arder y que el público se abalanza hacia mí con antorchas, y me arrastra y me golpea con palos... así que creo que fue una buena experiencia'.