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martes, marzo 01, 2011

Marc Ribot acompañará a Tom Waits en la gala del Rock and Roll Hall of Fame


El guitarrista Marc Ribot ha anunciado que acompañará a Tom Waits en dos temas que interpretará en la próxima gala de investidura en el Rock and Roll Hall of Fame que se celebrará el 14 de marzo en Nueva York.

Marc Ribot es el guitarrista que toca en algunas de las grabaciones más emblemáticas de Tom Waits, en los discos Rain Dogs, Franks Wild Years, Big Time, Mule Variations, Real Gone y Orphans.

La última vez que tocaron juntos fue en la gira de Real Gone (2004).

¿Participará Marc Ribot en el nuevo disco que está grabando Tom Waits en estos momentos?

En fin, les dejo con una perla ribotense.

viernes, noviembre 12, 2010

Visto en Portobello




Una colección de discos gigante en el mercado londinense de Portobello.

lunes, octubre 19, 2009

Orphans saldrá a la venta en vinilo el 7 de diciembre


Ya puede hacerse la reserva en línea de la versión en vinilo Orphans, que saldrá a la venta el próximo 7 de diciembre. Al final todos los bonus tracks irán en un disco aparte, según se especifica en la tienda virtual de Anti.


Por otra parte, esta misma tienda virtual anuncia que próximamente pondrá a la venta el single editado de forma limitada hace unos meses con motivo del Record Store Day y que incluía tres cortes del Glitter and Doom Tour: Lucinda, Ain't Going Down to the Well y Bottom of the World.

martes, septiembre 29, 2009

Glitter & Doom Live se publicará el 24 de noviembre

Así lo anuncia al menos la web británica de Amazon...

En cuanto a la edición en vinilo de Orphans, se habla por ahí del mes de diciembre. No sé yo si los Reyes Magos...

domingo, septiembre 20, 2009

Orphans se editará en vinilo!


Pues al final va a resultar que el sueño de tener Orphans en vinilo va a ser posible. Tal y como informa la hoja promocional adjunta, se tratará de una edición en SIETE discos de 180 gramos con libreto en tamaño doce pulgadas que incluirá además algunas canciones nuevas: Crazy 'Bout My Baby, Diamond In Your Mind, Cannon Song, Pray, No One Can Forgive Me y Mathie Grove. Algunas de ellas son rarezas conocidas, otras parecen completamente inéditas.

Sobre el precio del capricho... se habla por ahí de unos 150 dólares.

Orphans ha vendido hasta el momento 166.000 copias y es Disco de Oro.

Con esta edición de Orphans es posible completar la discografía entera de Tom Waits en vinilo.

viernes, marzo 13, 2009

Orphans ya es disco de oro y se reeditará en vinilo

El triple CD Orphans acaba de llegar a disco de oro, que viene a querer decir que se han vendido muchas copias pero no está muy claro cuántas.

Anti ha aprovechado para volver a anunciar que planea reeditarlo en vinilo próximamente. Claro que eso ya lo han dicho muchas veces...

lunes, agosto 27, 2007

Orphans en vinilo?

vinyl rules!Anti podría estar planeando la comercialización de Orphans en formato vinilo. Según recoge The Eyeball Kid, la discográfica ha llegado a difundir una circular informativa en la que se preveía el lanzamiento de la caja de discos para el 20 de noviembre. Sin embargo, la misteriosa novedad desapareció pocas horas después de la lista de novedades de Anti...

Ojalá.

sábado, mayo 05, 2007

Late Night with Conan O'Brien 2007



Aquí pueden ustedes descargar la entrevista y la interpretación de Lucinda/Ain't Goin' Down To The Well emitidas ayer en el programa de Conan O'Brien. Ala, a disfrutar.

viernes, marzo 02, 2007

Chuck E. Weiss: "Tom estaba en el pasillo, medio desnudo, atizándole a aquel perro con una barra"


Weiss y Waits en los 70
Fragmento de la entrevista que hace J.L. Fernández a Chuck E. Weiss en la revista española Popular 1 de este mes de marzo. Como casi siempre, fotografías extraídas de la Tom Waits Library.

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Para los que hemos seguido a Tom Waits desde hace años, cuando casi nadie le conocía, es sorprendente verle acaparando titulares y coronando los charts.
"Es un ejemplo perfecto. Y además ahora está grabando música muy personal. Pero ha demostrado que si tienes talento, aunque grabes música retorcida, primitiva... ese talento va a ser reconocido, precisamente porque ofreces algo radicalmente diferente y valioso. Es una ley de mercado básica".

¿Estáis en contacto?
"Sí, solemos llamarnos. Sigue siendo uno de mis mejores amigos".

¿Qué opinas de su último disco triple, Orphans? Es alucinante, todos esperábamos una buena recopilación de rarezas, pero es que son realmente tres discos con su propia personalidad, y me atrevería a decir que están a la altura de su mejor material, que es decir mucho.
"Todo lo que hace Tom es magistral. No sabes cómo se implica en cada pequeño paso de su carrera. Es increíble. Él no se conforma con recopilar caras b y temas sueltos, necesita darles a los fans un concepto, ese 'algo' que muy pocos artistas tienen y que hacen que te conviertas en seguidor suyo al instante. Fíjate en Orphans, he hablado con mucha gente sobre el disco, también con Tom, y nadie logra ponerse de acuerdo en cuál es el mejor de los tres. Tom se identifica más con Bastards, porque está en una etapa muy experimental, pero a mí me gusta más Brawlers, que es más Rhythm and Blues. Se lo dije cuando escuché el álbum: el primer disco de Orphans, Brawlers, me parece el mejor disco de Tom Waits".

Waits y Weiss¿El mejor? ¿En serio?
"Lo mantengo. No imagino ninguna de esas canciones sonando en la radio, pero son tan fantásticas que hacen que se venda solo, lo ha comprado muchísima gente, por eso es un ejemplo del poder que tiene la buena música, aunque no sea lo que se dice comercial. Ese CD, separado de los otros dos, me parece perfecto".

Ya que hablamos de Tom Waits, durante años fuiste una especie de leyenda underground vinculada a su etapa 70's, en especial a los días salvajes en los que vivíais en el Hotel Tropicana. ¿Te has sentido molesto alguna vez por ser conocido debido a tu amistad con Waits, más que gracias a tus propios logros?
"No, no. De hecho nunca le di importancia. Somos amigos y ser considerado una leyenda por sus fans... no sé, yo seguía a lo mío, nunca fui consciente de ese supuesto status por ser amigo suyo. Mi realidad siempre fue otra, no la de los medios ni la de los fans de Tom Waits".

Chuck E. Weiss - Extremely Cool (1999)Ya, pero ten en cuenta que cuando grabaste Extremely Cool, Waits fue la razón de que el disco tuviese una acogida tan generosa, más que nada porque no habíamos escuchado nada tuyo anteriormente, y existía una gran curiosidad.
"No me entiendas mal. Yo le estoy enormemente agradecido a Tom, pero no por ser parte de su vida en los inicios de su carrera, o porque sus seguidores me consideren una leyenda. Mi agradecimiento a Tom es directamente personal, porque siempre he contado con su amistad, y porque él y su mujer Kathleen se empeñaron en meterme en el estudio y grabar ese álbum, y porque Tom me dio la garantía de que él mismo ejercería de productor. Fue genial reencontrarnos, volver a trabajar juntos y hacer ese disco. Me gusta mucho cómo quedó nuestro dueto It Rains On Me, fue muy emocionante. Y claro está, no esperaba tener una respuesta como la que tuvimos con Extremely Cool. De haber sido un fracaso, es posible que no me plantease seguir haciendo discos. Fue una sorpresa también para Tom".

Durante vuestras correrías en los 70. ¿Tom era un amigo músico más o ya te dabas cuenta de que estabas ante uno de los más brillantes songwriters de tu tiempo?
"¿Sabes? Con Tom siempre lo tuve muy claro. Era mejor que cualquier otro. Quiero decir, todos los artistas luchábamos por hacernos un hueco en los clubs, nos conocíamos, existía esa rivalidad, sana, por llamarla de alguna manera. Pero lo de Tom era algo diferente. Tenía ese gancho como intérprete, era puro espectáculo, y uno tenía la sensación de que podía escribir una canción tocando cualquier estilo, cualquier temática, y sería una canción fantástica. En sus canciones había drama, melancolía, desesperación, pero también mucho humor. Le rodeaba lo mismo que al resto, pero le inspiraba de distinta manera. No sé exactamente cómo lo hace, pero está claro que es un narrador único, que puede hacerte saltar de uno de esos sentimientos a otro entre canción y canción. Así que no, no me sorprende ver cómo ha triunfado en el mundo de la música. Es una cuestión de talento, simplemente se lo merece".

Se habla mucho de aquellos días que pasaste junto a él en los 70. El Tropicana, el Troubadour, Rickie Lee Jones, alcohol... seguro que tienes muchas historias de esa época.
"Tengo muy buenos recuerdos, claro. Se han dicho y escrito muchas cosas sobre esos años en concreto, pero imagino que tendrías que preguntarle al propio Tom por muchas de ellas. Ya ha pasado mucho tiempo, muchas ni consigo recordarlas".

Cuéntanos alguna.
"Yo vivía en el hotel Tropicana, en West Hollywood, en una pequeña habitación justo debajo de la que ocupaba Tom. Conocíamos a un tipo que se llamaba Sparky. Sparky Porter. Era un buen amigo y solía pasarse a veces a visitarnos. Pues una noche escuché a Sparky llamando a mi puerta a las cuatro de la mañana, pegando gritos y despertando a medio hotel. Yo estaba totalmente desconcertado, tío, pensaba '¿se puede saber qué diablos quiere a estas horas?'. Empecé a gritarle que si estaba loco o qué, despertándome a las tantas de la madrugada. Y él gritaba 'Ayúdame, no puedo explicártelo ahora. Ayúdame, abre la puerta'. Abrí y vi a mi amigo siendo arrastrado por un perro enorme por todo el pasillo. ¡El perro intentaba montarlo! (Risas) Y Tom estaba en el pasillo, medio desnudo, atizándole a aquel perro con una barra para quitarlo de encima de mi amigo. Es una historia de la que aún hablamos Tom y yo las últimas veces que nos vimos, fue una de las situaciones más absurdas que he vivido".

Se dice que durante la estancia en el Tropicana, Tom tenía su nevera llena de llaves inglesas y herramientas. Siempre he tenido curiosidad por saber si era cierto.
"¿Herramientas? ¡Es posible! Lo que puedo asegurarte es que no había comida en aquella nevera". (Risas)
Waits, Weiss, Jones y Dr. JohnSu novia por aquel entonces, la cantante Rickie Lee Jones, vivía también en el hotel con vosotros. Sin ir más lejos, escribió un tema sobre ti, Chuck E's in Love, que se convirtió en un gran hit. ¿Cuál es la historia detrás de esa canción?
"Bueno, no puedo hablar por ella, pero creo que reflejaba la simpatía que sentía por mi. No consigo recordar muy bien la letra, pero era algo así como que yo de repente abandonaba mi look de tipo bohemio y descuidado, y empezaba a arreglarme, y todos creían que era porque había encontrado una chica e iba a casarme (risas). No lo recuerdo bien, éramos amigos y hacíamos ese tipo de bromas constantemente".

Tenemos la imagen del Tropicana como un albergue para la crème de la crème de la bohemia artística y la contracultura de esos años. Además de vosotros, tengo entendido que estaba habitado por un montón de celebridades. ¿Qué tipo de gente se alojaba allí?
"Visto hoy en día podríamos hablar de una mezcla de poetas, beats, artistas contraculturales y bohemios de toda clase. Y todo tipo de gente inquietante y peligrosa. Para que te hagas una idea, recuerdo ver por allí a Nico, la musa de la Velvet Underground, a Sam Shepard, los Dead Boys, Blondie... y artistas underground, cantautores fracasados, y por supuesto proxenetas, traficantes de todo tipo... pero una vez vivías allí era agradable, aprendías lo que era la convivencia con gente diferente".

¿Por qué os fuisteis a vivir a un sitio como ese?
"En mi caso, fue únicamente porque me gustaba el restaurante. Se llamaba Dukes y la comida era bastante buena, y muy barata. Además me encantaba la atmósfera de aquel lugar, y me encontré recién llegado a L.A., conduciendo cada día para comer en la cafetería del Tropicana, así que pensé, '¿por qué no me vengo a vivir aquí?' (Risas). Unos meses más tarde Tom también decidió mudarse al Tropicana. El alquiler era también muy asequible, y para gente como nosotros estaba bien. Cuando llegamos no conocíamos a nadie allí, ¡y la primera impresión fue que era un lugar con gente muy amigable!".

Weiss y WaitsTu presencia en los primeros álbumes de Tom Waits es también notoria. en el caso de Spare Parts I & II, del álbum Nighthawks at the Diner, apareces como co-compositor. Es uno de los pocos casos donde Waits no firma en solitario. ¿Cuál fue el origen de esa canción?
"La compusimos juntos, antes de que el álbum tomase forma. Yo sabía que Tom estaba preparando un álbum en directo y que quería canciones nuevas, así que le ayudé con la melodía y después él añadió las letras, que eran, como el propio título de la canción indica, fragmentos distintos de cosas que habíamos escrito juntos. Tom los unió y los convirtió en una canción".
En su siguiente disco, Small Change, te nombra en un tema, y apareces en el subtítulo de Jitterbug Boy. La leyenda dice que el protagonista de la canción estaba inspirado en ti.
"Parcialmente inspirado en mí, y también en otro amigo nuestro que se llamaba Robert Marchese. La letra del tema está llena de bromas privadas".

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Chuck E. Weiss acaba de publicar el disco 23rd and Stout.

King Kong

Dustin Collins se ha currado este bonito vídeo para la versión que hace Tom Waits del King Kong de Daniel Johnston.

martes, diciembre 12, 2006

Memorias del subsuelo

El diario argentino Clarín publicaba la pasada semana una adaptación de la entrevista de Sean O'Hagan para The Observer:

Grabó un álbum triple con canciones propias y ajenas. A los 56, habla de su pasado turbulento y de cómo salió de él.

Cuando Tom Waits era chico, oía el mundo de otra manera. El crujido de un papel lo hacía dar un respingo. "Me asustaba. Pensaba que tenía una enfermedad mental", dice.

¿Se lo contó a alguien? "Creo que se lo dije a mi mamá. Pensaba que se me iría al crecer, como el acné o la masturbación". Y así fue, aunque la idea aún lo persigue. "Leí que otros artistas también sintieron una distorsión del mundo".

A los 56 años, Tom Waits ha hecho carrera distorsionando el mundo de un modo a menudo perturbador. En su nuevo álbum, Orphans (Huérfanos), echa mano de canciones de otros. King Kong, de Daniel Johnston, se convierte en un aullido bestial de desesperación. Y Heigh Ho de la película Blancanieves, de Disney, en un cántico de esclavos. "Me gusta lo decrépito y la desintegración de todo", señala Waits.

Y Orphans es un enorme mapa de desintegración, un álbum triple que contiene 54 canciones, treinta de las cuales son nuevas, mientras que el resto ha sido recolectado de diversos proyectos, bandas sonoras de películas y obras de teatro.

Hay una canción llamada Road to Peace que se refiere al conflicto de Oriente Medio. "Estaba enojado. Todo empezó con algo que leí en el diario sobre un chico que murió en un atentado suicida en un ómnibus de Israel".

Seguramente le van a pegar duro, le digo, por el verso ¿Por qué armamos al ejército israelí con cañones y tanques y balas? Asiente. "Puede ser. Pero esta canción no habla de tomar partido; es una condena a ambas partes. Traté de ser equitativo".

Waits habla como canta, con una voz áspera que arrastra las palabras y con sabiduría. "Componer canciones es como capturar pájaros sin matarlos", dice. "A veces terminás con la boca llena de plumas y nada más".

La primera vez que me topé con sus discos, todas sus canciones parecían ser sobre la bebida y sobre perder el camino. Desde su debut en 1973 fue un tipo de voz pedregosa y manchado de cerveza que les cantaba a los bares, un beatnik de nuestros días con problemas de hígado y corazón roto.

Durante mucho tiempo pareció que seguiría siendo una figura de culto, un trovador criado a base de whisky y Bukowski. Su música sugería y, en menor grado, todavía sugiere que los 60 le pasaron de largo, que en su universo cerrado los Beats fueron mucho más importantes que los Beatles y Sinatra que los Stones. "Uno imita aquello con lo que creció", dice. "Si crecés con Sinatra, Crosby y Louis Armstrong, eso se te mete. Pero también me quedaron cosas de los 60".

Nació bajo el nombre de Thomas Alan Waits en el estado de California, el 7 de diciembre de 1949. Sus padres eran maestros, pero su infancia de clase media se hizo añicos cuando éstos se divorciaron en 1960. Waits se obsesionó con encontrar un padre.

La salvación llegó con el descubrimiento de Kerouac y Ginsberg. Hasta la aparición de su esposa dos décadas más tarde, los escritores Beat fueron su influencia más importante. En Orphans los homenajea con una canción rutera de Kerouac y recitando el poema de Bukowski Nirvana: odas a la falta de raíces, el continuo trajinar, al fugaz momento en que las cosas podrían haber sido de otra manera

"Kerouac y Bukowski eran figuras paternas para mí", dice. "Mi papá se fue cuando yo tenía 10 años y yo buscaba un padre". Waits dejó su casa a los 15 años y trabajó un tiempo como cocinero y como patovica de una disco. Estaba siempre en movimiento e incluso vivió dentro de su auto.

En 1977, su vida se estaba cayendo a pedazos. "Tenía problemas con el alcohol. Mi mujer me salvó". Kathleen Brennan era una guionista a quien Waits conoció en 1978 y que provocó un drástico cambio en su música. "No me casé solamente con una bella mujer. Me casé con una colección de discos".

Las canciones que escribe con Kathleen a menudo están llenas de ecos de canciones más viejas. Un nuevo tema titulado Widow Grove empieza con una melodía tomada de la vieja canción irlandesa The Rose of Tralee. En Orphans, también se perciben las huellas de John Lee Hooker, John Mc Cormack, los Louvin Brothers y los Clancy Brothers. La colección de discos de Waits, y también la de Kathleen.

Aunque repite que su mujer le salvó literalmente la vida, Waits dice que "también sabía que había algo dentro de mí que me impediría irme a los caños". ¿Fue difícil dejar la bebida? "Fue duro. Fui a Alcohólicos Anónimos. Una lucha". Le pregunto si escribía otro tipo de canciones cuando tomaba. "No, no creo. Cuando tomás alcohol o drogas nunca estás seguro si los espíritus que pasan a través de vos son los de la botella o los tuyos. Esa es una de las cosas que impide que mucha gente deje la bebida, tiene miedo de descubrir que era el alcohol el que hablaba".

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No des de comer a los delfines - 30 de octubre de 2006

lunes, diciembre 04, 2006

Orphans en digipack

Anti anuncia el lanzamiento inminente de la edición digipack de Orphans, que llevará un resumen del libreto de sólo 24 páginas. Amazon prevé empezar a enviar este formato a partir del 12 de diciembre.

No tengo la menor idea de si es cierto o no, me limito a cortapegar algo que podría ser totalmente falso, pero dicen por ahí que la versión deluxe de Orphans es una edición limitada de 300.000 unidades de las que 270.000 se habrían distribuido en Europa.

Algunas cifras más. El triple CD estaba hace una semana en el número 74 de Billboard, con 21.000 copias vendidas en el Reino Unido. En la lista de los superventas de Amazon ocupa el lugar 15. En la lista de ventas danesa entró directamente en el número 5. En España está en el puesto 32.

domingo, diciembre 03, 2006

EP(S), 3 de diciembre de 2006

EP(S), diciembre 2006Nos cuenta el bueno de Griffin que el diario español El País publica hoy en su suplemento dominical EP(S) una entrevista de Bárbara Celis titulada Crónicas de un Ladrón de Sonidos. También aparece por ahí Diego A. Manrique con un comentario de Orphans.

Portada con una fotografía de Denis Rouvre y espectaculares fotografías interiores de Anton Corbijn. Gracias a Juan G. Andrés (El Humilde Fotero del Pánico) por los escaneos.

Crónicas de un ladrón de sonidos
Triple salto de toda una leyenda. El músico de la voz rota da otra intensa muestra de creatividad con 54 canciones en tres discos. Le entrevistamos en un bar de carretera de California



BÁRBARA CELIS 03/12/2006

En medio de un paisaje de olivos y viñedos que podrían haberse escapado de un poema de García Lorca, hay un bar de extraña idiosincrasia llamado Little Amsterdam, cuyo letrero está a ras de suelo. Se cayó hace meses, pero su dueño no se molestó en levantarlo. Yace en la carretera de Petaluma, en el valle de Sonoma, en California, muy cerca de Bodega Bay, donde Hitchcock filmó Los pájaros. Little Amsterdam, un lugar lleno de trastos añejos y olvidados, en cuyo almacén aún cuelgan los garfios que indican su pasado de matadero local, está en bancarrota. Pero su dueño, un sexagenario holandés de aspecto anacrónico y camisa hawaiana, aficionado a los mariachis, las mujeres y el billar, aún tiene un amigo: Tom Waits.

“Me prometió que lo convertiría en su estudio de sonido. Espero que su mujer le deje comprarlo”. Evert lo comenta entre dientes porque aún no ha cerrado el trato. Waits, el músico de voz acre y resacosa, el cronista perpetuo de las vidas de arrabal americano, el inagotable ladrón de sonidos, ha sido cliente asiduo de Little Amsterdam durante años. Será porque el local y su dueño podrían habitar perfectamente en una de sus canciones…

Los universos tan reales como paralelos de discos como The heart of saturday night, Small change o Blue Valentine, donde la mitología de vidas al margen se mezclaba con la imaginación desbordada y la voz corrupta de Tom Waits, le convirtieron en los años setenta en un músico de culto. También ayudaron sus directos indómitos y sus excesos alcohólicos, envueltos en el humo espeso de un cigarrillo, pero arropados por la base musical incisiva de quien busca un lenguaje propio.

Sus influencias viajan desde el folk de Leadbelly hasta el jazz de Cole Porter. Roban la teatralidad sonora de George Gershwin, la irreverencia de la generación beat y los extremos literarios de Bukowski. Con ellas le puso banda sonora desde 1973 a un submundo de bares oscuros, prostitutas, corazones rotos e hígados reventados en Los Ángeles. Allí arrancó su carrera, tocando en el Troubaudour y editando su primer disco, Closing time. Irrumpió en la música con su voz rota enroscada en el peso de una vida insaciable y con melodías escupidas desde pianos ahogados en tristeza. Una década más tarde, en 1983, sorprendió con Swordfishtrombones, un disco con el que se adentraba en la producción propia y con el que amplió su universo sonoro, llenándolo de instrumentos dispares, disonancias, canciones habladas y letras tan imposibles como seductoras. Su discográfica, Asylum, le despidió y predijo el fin de su carrera. Pero ocurrió lo contrario. Island Records rescató el disco y lo convirtió en leyenda.

Después llegaron las bandas sonoras. Compuso para Francis Ford Coppola Corazonada, por la que fue candidato al Oscar, y para Jim Jarmusch, quien además le convirtió en su actor fetiche. Ahondó en el teatro junto a Robert Wilson y William Burroughs en The black rider. Llevó al escenario su álbum Frank’s wild years, continuó innovando con Mule variations, y además se forjó una peculiar carrera como actor haciendo pequeños pero incisivos papeles en más de veinte películas, incluida Vidas cruzadas, de Robert Altman.

Ahora, dos años después de editar su último álbum de estudio, Real gone, Tom Waits edita el triple Orphans: brawlers, bawlers and bastards (Huérfanos: bronquistas, berreadores y bastardos), una colección de 54 canciones entre las que hay 30 grabaciones inéditas. El disco abarca versiones de Los Ramones y Daniel Johnston, temas rescatados de su trabajo como compositor de cine, blues clásico, música experimental, nanas y cuentos irreverentes.

Tom Waits, famoso por su imprevisibilidad y cuya pasión de juventud por el alcohol arruinó más de un encuentro con la prensa, ha escogido Little Amsterdam para promocionar su disco. A su manera, porque su personalidad musical y artística también se refleja en una conversación que seguirá cauces poco habituales.

Tras atravesar la cocina del local, y tras una puerta con mosquitera oxidada, hay un patio trasero lleno de trastos. Y bajo un porche desconchado, Tom Waits –cara curtida, pelo rojizo, perilla canosa, ojos pequeños, hombros caídos– recibe a la periodista sentado en una mesa coja.

¿Por qué eligió Petaluma para vivir?
Yo no vivo en Petaluma.

¿Esto no es Petaluma?
Sí, pero yo vivo en otro pueblo de aquí al lado.

¿Cómo se llama?
Eso no se lo pienso decir, que luego se llena de gente. Invéntese un nombre. Por ejemplo, la Ciudad del Sueldo del Alcalde [nombre de ciudad en su disco Mule variations].

¿Pero por qué eligió esta zona de California?
Vine por el vino, pero después dejé de beber.

¿No era suficientemente bueno?
Sí lo era, pero yo decidí dejar el alcohol.

¿Sabe que todos los amigos a los que les comenté que le iba a entrevistar me propusieron cosas como: llévate una botella de ‘bourbon’ y la bebéis juntos? ¿Le molesta que la gente siga reteniendo la imagen con la que se hizo célebre en los años setenta?
No puedo hacer nada al respecto. Además, yo a sus amigos no los veo a menudo, ¿no? Supongo que es normal que la gente piense que la persona que uno era hace diez años lo siga siendo hoy. Además, yo no dejé de beber, el alcohol me dejó a mí.

¿Ha vuelto a visitar aquellos sitios donde se construyó esa fama, el Tropicana Motel o la sala de conciertos Troubaudour?
El Tropicana lo demolieron y al Troubaudour hace muchos años que no he vuelto. ¿Soy nostálgico? No sé. Busco las mismas cosas, las cosas que no desaparecen con el tiempo, las que no se entierran, las que siempre estarán aquí…

¿Como los sombreros?
Exacto. Yo los sigo llevando. Es algo que no hay que perder.

¿Y cree que las nuevas costumbres, como escuchar música en el iPod, permanecerán?
Yo tengo uno. Me lo dio mi hijo. Lo uso cuando boxeo en casa. Pero me gusta utilizarlo sólo con el shuffle porque pasas de Allen Ginsberg a Prokofiev, a The Four Tops, a Charlie Rich, a Charlie Poole, a Charlie Parker…, a todos los Charlie… Y es una sucesión de cosas diferentes que adquieren sentido para ti. Así era la radio hace años. Ponían canciones con un sentido inherente, como lo que ahora hace Bob Dylan en su programa [XM Radio]. Ese tipo es un genio.

Aquí comienza una de las muchas interpretaciones que hará a lo largo de la entrevista, como si fueran viñetas de un cómic. Vestido con pantalones, chaqueta de color negro y botas militares, cambia la expresión de la cara, mira de refilón imitando el aire de pasotismo de Bob Dylan y repite con voz dilaniana la coletilla del programa: “Tune in time radio”. Y continúa: “Ahora la radio está organizada para consumidores. Como las autopistas, que están llenas de cadenas de supermercados y tiendas uniformes. Hay emisoras de sólo blues, o sólo country, o sólo hip-hop… Cuando yo era un adolescente ponías una y escuchabas muchas cosas”.

Pero ahora tiene incluso la posibilidad de conseguir gratis la música que le gusta por Internet. ¿No le parece que hay más opciones que antes?
No exactamente, porque todo es demasiado fácil. Falta la lucha por descubrir las cosas que te interesan. Es como una cesárea frente a un parto natural. La lucha para salir es parte de la vida, y cuando es tan simple como darle a un botón… No sé. Es como las bibliotecas: antes ibas buscando un libro y por el camino descubrías algo más. Aunque es cierto que ahora pasa eso con Internet…

¿Cómo vive los cambios que la revolución digital está produciendo en la industria musical?
No sé. Haces un concierto, la gente lo graba, y luego resulta que lo venden online. Son como pulgas en un perro: tienes que lidiar con ellas, son inevitables.

¿Alguna vez se ha bajado música de Internet?
No sabría cómo.

Si supiera, ¿lo haría?
No estoy seguro, porque estoy sensibilizado con este tema. Las canciones pertenecen a alguien. Es como robarle las flores a tu vecino. Vale, los discos costaban menos antes que ahora, pero es que todo costaba menos. Si plantas lechugas, las haces crecer, inviertes tiempo y dinero en ellas, no quieres que te las quiten… Hacer un disco cuesta dinero; exige energía, tiempo para hacer las canciones, contratar a los músicos, el estudio… Es un negocio… Desde mi punto de vista, los discos no son caros, porque yo los hago y pago por ellos. Pero no sé, ahora todo el mundo trata de hacer predicciones, y en realidad nadie sabe qué pasará en el futuro.

¿Sus hijos [Casey, Kelly y Sullivan, fruto de su matrimonio con su colaboradora Kathleen Brennan] piratean música?
Sí, pero si les pillo, les amenazo.

¿Qué le han enseñado musicalmente?
Tienen curiosidad y atrevimiento, y eso lo aplican a su personalidad. Visten música como si fueran joyas, como sus peinados. Han integrado la música en su vida como si fuera ropa. Y eso me ha hecho recordar cosas. La primera vez que vi a James Brown, yo quería ser negro. Quería pantalones ajustados, zapatillas naranjas… Ellos escuchan cosas que piensan que a lo mejor me gustan, y me lo dicen: 50 Cents, Tupac…

Y vuelve a la interpretación. Se ajusta la camisa, mira de lado y empieza: “Venga, tío, escucha un poco de hip-hop; estos tipos están vivos, tú sólo oyes a todos esos cantantes muertos”.

Le ha dedicado a ‘Orphans…’ casi dos años.
Sí. Son temas nuevos, temas perdidos, temas huérfanos… Los títulos de cada álbum se corresponden con la música y atmósfera que hay dentro. Son muchos tipos diferentes de líricas, de estilos, de acentos, incluso de voces. Pero ahora me siento más cercano a Bastards.

En Bastards, Waits se regocija en su lado más experimental, acercándose a Captain Beefheart o Lord Buckley, e incluye varios relatos hablados, sin música, chocantes, como Children’s story, un cuento para niños tremendamente cruel o el poema de Bukowski Nirvana. Brawlers se mueve en el entorno del blues, mientras que Bawlers incluye temas compuestos para películas, baladas que arrastran la tristeza que impregnaba su primera época o versiones sucias de temas como el clásico de Leadbelly Goodnight Irene.

¿Ha sido como interpretar a personajes diferentes en las películas?
Sí, es parecido. Necesitas decidir lo que necesita cada canción. Y entonces pruebas. A veces resulta que tu voz suena mejor si intentas parecer una mujer, o si sólo hablas, o si sólo susurras.

En ‘Brawlers’, la canción ‘Road to peace’ habla de la guerra entre israelíes y palestinos. Usted no suele hacer temas políticos…
Se me ocurrió leyendo The New York Times. Iba a tirar a la basura todos esos periódicos con cientos de artículos sobre ese conflicto y no podía hacerlo sin escribir nada sobre el tema.

Si tuviera que escribir una canción sobre Bush, ¿cómo la titularía?
El pequeño hombre con el gran encargo… No sé… El otro día escuché esas cosas que dijo Chávez sobre él. Le llamó demonio… En Estados Unidos, mucha gente piensa lo mismo. Es como una garrapata sobre un caballo que intenta chuparle toda la sangre y se pone tan gorda que parece que va a explotar. ¿Cómo te deshaces de ella? ¿Cómo consigues tirarla por el váter? Todos le odiamos. Es un ladrón, un estraperlista. Está clarísimo, tiene muchos intereses petroleros. Tiene una aguja muy larga, la ha pinchado en Oriente Próximo y está chupando de ahí todo lo que puede.

En este álbum han participado casi cien músicos diferentes, desde Marc Ribot, asiduo de sus discos, hasta Brett Gurewitz, el guitarrista de Bad Religion. ¿Cómo los eligió?
A veces solamente consigues a quien esté en la ciudad en ese momento. Así es como mi hijo acabó tocando conmigo. Estaba buscando a un batería para irme de gira y, como no encontré al que quería, alguien me propuso que probara con Casey.

¿No pensó en él desde el principio?
No, porque es mi hijo. Nunca habíamos tenido esta experiencia. Y además sabía que nunca había tocado todo un concierto, y no sé, yo pensaba: esto es música para gente mayor, ¿cómo voy a meter a mi hijo en la banda?; me voy a pasar el día discutiendo con él. No lo veía posible, pero ha resultado cojonudo.

¿Ha vuelto a grabar en el cuarto de baño de su casa, como en su anterior disco?
Sí. Siempre busco habitaciones que suenen bien, con una buena atmósfera. El secreto está en la acústica de los azulejos… Cada habitación es como un instrumento más. Me gusta descubrir sonidos en todas partes. Son las oportunidades arbitrarias que ofrece la música, que es lo que yo adoro. Cuando alguien arrastra una silla y suena como un autobús frenando. Pasa todo el rato, pero tienes que estar dispuesto a escuchar.

En este álbum también ha utilizado alguno de esos instrumentos obsoletos o inventados que usted colecciona… ¿Me podría explicar qué es un piano borracho?
Supongo que un piano desafinado, o al que le faltan algunas teclas, o al que le ha llovido encima.
De repente, como si alguien hubiera preparado la escena para contestar a la pregunta, Tom Waits se queda mirando a su izquierda, se levanta, se acerca a un mueble que está cubierto con plástico azul y, ¡zas!, descubre un piano de madera hinchado, sucio, mojado y con las teclas desquiciadas: “¡Esto es un piano borracho! Inténtele sacar algún sonido, saldrá como ahogado…”. El piano resplandece en su deterioro en medio del patio polvoriento y olvidado de Little Amsterdam, mientras Tom Waits lo mira embelesado. “Es una lástima…”, balbucea.

Antes de tocar el piano aprendió a tocar la trompeta…
Sí, en el colegio, pero lo dejé por la guitarra, porque tocar la trompeta solo no te hace compañía. Tienes que tocar con otros músicos para disfrutarla. Nunca he vuelto a intentarlo. Aprendí a tocar la guitarra y monté una banda, The Sistems. Y luego descubrí el piano.

Acaba de tocar en Nashville, en Cleveland, en Atlanta, etcétera. ¿Por qué sale tan poco de gira y siempre va a sitios pequeños?
No me me gusta tocar en Nueva York o en Los Ángeles. Me pone nervioso que las primeras 10 filas estén ocupadas sólo por gente de la industria o de la prensa. Busco una audiencia de personas. Pero en esta gira me lo he pasado muy bien. Igual nos volvemos a lanzar a la carretera.

¿Cuándo?
Cuando nos apetezca. Ponga lo que quiera.

Duke Ellington les solía dar a sus músicos descripciones de cosas o personas para que tocaran de una u otra manera. ¿Cómo trabaja usted con los suyos?
A veces les hablas de forma abstracta porque estás describiendo algo que no puedes ver, estás haciendo películas para los oídos y tienes que hablar en imágenes. Les ayuda. Otras veces les das nombres de otros músicos…

¿Esas películas las tiene en la cabeza de antemano?
No, te las inventas en el momento. Yo te podría decir: toca como los ojos del enano subido en los hombros del gigante ciego, o toca como la mujer con cara de mula que baila con el chico cocodrilo. ¡Ponle más púrpura!, ¡demasido marrón!, ¡falta amarillo! ¡Necesito negro para poner amarillo!

¿Los colores funcionan bien?
Sí.

¿Y los olores?
Fíjese, en este disco hay una combinación de olores, pero nunca había intentado hablar en olores. Es una buena idea porque intentas crear atmósferas y todo ayuda… Gracias.

¿Y cómo es la relación de trabajo con su mujer?
Te pones los guantes, esperas a que suene la campana y sales a pelear.

Tom Waits suelta una carcajada, le da un sorbo a su café y, balanceándose en su silla, como lleva haciendo casi toda la entrevista, continúa: “Ella es el cerebro detrás de papá. Es una letrista exquisita. Tenemos una buena relación. Una vez que tienes hijos con alguien, todo lo demás se vuelve fácil”.

Kathleen Brennan es la mujer a la que Tom Waits ha dicho deberle la vida. Se conocieron en 1978 durante su primera incursión en el cine –reencarnándose en sí mismo como el pianista Mumbles en Paradise Alley, de Sylvester Stallone–. Antes había sido pareja de Ricky Lee Jones, pero el alcohol y las drogas les metieron en más de un problema, incluida la cárcel por montar una bronca a las puertas de un bar. A Brennan, en cambio, se le atribuye el giro creativo que Waits dio con Swordfishtrombones y todo lo que vino después. Hace 14 años también le ayudó a dejar el alcohol, que estaba realmente a punto de convertirle en el protagonista de su canción Bad liver and a broken heart (Hígado enfermo y un corazón roto), uno de sus clásicos del disco Small change.

Antes mencionó a James Brown. ¿Fue su despertar musical?
Un poco, pero yo escuché música desde niño. Empecé oyendo baladas mexicanas con mi padre y canciones folk en Pomona, la ciudad en la que nací [el 7 de diciembre de 1949].

¿Qué hacía su padre?
Enseñaba español. Yo de pequeño lo hablaba; ahora, muy poco [balbucea en español].

¿Nunca se planteó utilizarlo en sus canciones?
No, pero llevo tiempo intentando convencer a Los Lobos para que me dejen cantar un tema. ¿Conoce esa de “Guadalajara en un llanooo, México en una lagunaaaa?” [cantando]. Es un vals. ¡Punch 1, 2, 3! ¡Punch, 1, 2, 3! [cantando y agitando el puño al ritmo].

¿Qué le llevó hasta la música?
Quería ser parte de esto, tocar era como un sueño. Tener a 3.000 personas esperando a que yo salga, gente chillando… Eso es lo que quería.

Pero también tuvo tropezones. Como telonero de Zappa le abuchearon…
Sí, no les gustaba nada. Pero lo tenía que hacer. Es divertido mirar hacia atrás… No ha sido fácil. Si fuera fácil, todo el mundo lo haría.

Pero ahora todos los jóvenes quieren ser estrellas de rock, estrellas de Hollywood; la televisión lo presenta como algo sencillo. Todas las niñas quieren ser Britney Spears.
Sí, pero ella no es feliz, créame. Tiene dos hijos, está gorda, cabreada con su marido, adicta a quién sabe qué… Está lo que usted ve sobre el escenario y lo que hay detrás. Créame, entre bastidores el mundo es muy feo, está lleno de monstruos. Como los que había en la prehistoria, horribles. No es fácil, la gente no tiene ni idea de lo que pasa fuera del escenario.

¿Cómo es ahora su vida ahí detrás?
Distinta. Ahora tengo una familia, y eso lo hace diferente. Me recuerdan quién soy, que soy un padre y un marido. En realidad, sobre el escenario pasas una parte de tu vida muy pequeña; el día es mucho más largo que eso.

Pero ese personaje que se construyó y con el que la gente todavía le confunde, cuya vida se parecía a sus canciones, ¿qué era realmente?
No sé, estaba en el show business, necesitaba ser alguien y venir de algún sitio. Estaba interpretando a un personaje con trozos de mí mismo y de otros, Cantinflas, Jack Benny… Mezclándolo todo y construyendo algo.

Y ahora… ¿usted es usted?
No más ahora que antes. Soy pedazos de cosas. Es como un truco mágico. Usted y yo no nos conocemos, y yo me lo podría estar inventando todo.

¿Pero se siente satisfecho de lo que ha conseguido? Otros músicos como Bruce Springsteen hacen versiones de sus temas [‘Jersey girl’]. Usted es una referencia musical casi tan citada como Bob Dylan…
Así es la música: cuando eres joven, alguien te ayuda, y después tú ayudas a alguien. Buscas guías… Cuando eres joven y naíf… Escuchas discos, te aprendes las letras, la tonalidad; así aprendía yo, y todavía lo hago. Ahora la gente hace lo mismo conmigo, es un proceso orgánico. No hay escuelas para aprender a escribir canciones, aprendes porque necesitas escribirlas, porque las amas, porque quieres ser parte de eso.

¿Cómo es su relación con la música y el cine?
A veces te explican la película: “Esto es una historia de dos tipos que trabajan en una tintorería, y una noche uno pone un petardo en su oreja, y le vuela la cabeza, y aterriza en Kansas, y le meten en la cárcel durante tres años, y después le secuestran y se lo llevan a Canadá, y cuando sale se cambia de sexo y monta un bar, y…”. La historia te parece buenísima, dices que sí, y luego ves la película y es una mierda. Por eso ahora escojo solamente ponerles música si las he visto antes. Es un negocio en el que si quieren tu ayuda es porque no tienen dinero, o porque hay problemas y esperan que tú los arregles. Así que ya sólo lo hago si realmente me apetece.

Como actor, ¿también es tan selectivo?
Debería serlo. Cuando trabajas para alguien, con mucha gente, nunca estás seguro. Eres un violín entre trescientos violines. No estás conduciendo, vas en un autobús. Unas veces es divertido, y otras, una pérdida de tiempo. Pero estás atrapado; una vez dentro, ya no puedes escaparte.

¿Qué es lo que le gusta de actuar?
Me acerco con el mismo planteamiento con el que me acerco a la música: intentando encontrar una cualidad musical en el personaje y en sus palabras. Pero no tengo técnica suficiente como para sentirme relajado haciendo las películas.

Ha hecho varias con Jim Jarmusch. ¿Es cierto que han montado juntos una hermandad, llamada Los Hijos de Lee Marvin, con Nick Cave y John Lurie?
Sí, es cierto, pero no sé quiénes son los miembros. Voy a tener que cambiar toda la normativa, porque se ha colado un montón de chicas…

¿Y cómo se entra?
No se lo puedo decir, hay muchos requisitos, es privado.

¿Y qué hacen cuando se reúnen?
Lo que hacen los amigos cuando se juntan: tomar café, hablar de películas, disfrutar de la compañía. Lee Marvin es sólo el padre espiritual. Pero la organización está en crisis. Jim dejó entrar a varias chicas y ahora la gente empieza a hacer preguntas, como usted. Antes era más como la CIA, ¿entiende? Muy secreta, muy privada. Vamos a tener que replanteárnoslo todo.

¿Le puedo hacer una pregunta más?
Sí, pero después le corto la cabeza.

¿Llegó a conocer a Bukowski?
Sí.

¿Era como se lo imaginaba?
No.

¿Cómo lo recuerda?
Riéndose, bebiéndose un vino tinto, dándole azotes en el culo a su mujer… Lo cierto es que, cuando vas a conocer a alguien, te llevas tu imaginación al encuentro… ¿Soy yo como usted me imaginaba?

No del todo.
[Tom Waits sonríe, se levanta, se pone su sombrero como quien lleva haciéndolo desde la eternidad y se dirige hacia la puerta]. Se lo dije, sobre el escenario y entre bastidores. Personas diferentes.

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Bronquistas, berreadores y bastardos
Por Diego A. Manrique

En octubre, la revista británica The Word desarrollaba un reportaje juguetón a partir de un lugar común: el abismo entre las querencias musicales de hombres y mujeres. Se ofrecían entrevistas con cuatro parejas –cuyas preferencias chocaban– y un doble listado: discos genuinamente femeninos y discos eminentemente masculinos. En la última clasificación figuraba Tom Waits con Swordfishtrombones, el elepé que supuso su emancipación sonora.

Waits parece sufrir el destino del artista de culto: menú para un clan (mayormente varonil) de fanáticos, un nombre que se cita más que se disfruta. Pero las canciones de Tom pueden ser consumidas por el gran público…, si se las separa de su intimidante voz. Rod Stewart llevó el romanticismo urbano de Downtown train al número 3 de las listas estadounidenses; Bruce Springsteen logra que se derritan las masas cuando entona Jersey girl.

Se sabe que hay dos Tom Waits. El primero era un cantautor atípico, recién salido de un cuadro de Edward Hopper; un bohemio de casting, el resto de algún naufragio beatnik. Dominaba la melancolía crepuscular y las gracias de borracho: “El piano ha estado bebiendo, no yo”, canturreaba. Hasta que en 1981 conoció a la que sería su esposa, Kathleen Brennan, empleada literaria del Coppola más imperial. A su lado escribió su música más bonita: la banda sonora de One from the heart (en España, Corazonada). A continuación rompió la baraja.

El segundo Waits saltó de Asylum, sello para hippies ricos, a Island, entonces tolerante con los heterodoxos (ahora graba para Anti, independiente con raíces punkis). Tiró al retrete el Libro de Producciones Aceptables, se desprendió del disfraz de hipster resabiado y comenzó a manipular tanto sonidos como formas añejas. Sin miedo, acentuó su voz de hombre lobo.

En contra del tópico del gusto musical femenino, el impulso para explorar vino de Kathleen. Ella le hizo ver que era preferible la libertad creativa a la seguridad de una carrera convencional, le facilitó el contacto con cierta vanguardia (William Burroughs, Robert Wilson, Jim Jarmusch) y le animó a aceptar papeles en el cine. Establecieron la primacía de la familia sobre los compromisos profesionales: Tom apenas hace giras. Liberado de concesiones, puede editar dos discos el mismo día, o juntar, como ahora, un triple cd de retazos y ocurrencias sueltas.

¡Limpieza de otoño! Con Orphans…, Waits y Brennan han vaciado su archivo y les ha salido un muestrario tan accesible como impresionante (tres horas) de logros e influencias. Son 56 grabaciones, de las cuales 26 estaban desperdigadas por homenajes, películas, proyectos ajenos. Tom, que se atormenta por unificar en clima y concepto cada disco oficial, funciona también sin el peso de la Gran Idea. Hay coherencia estética en estos 56 temas de Huérfanos, que se han podido ordenar en tres categorías, una por cd: ‘Bronquistas’ (rock de batalla), ‘Berreadores’ (baladas) y ‘Bastardos’ (recitados y experimentos).

Revisando tan monumental miscelánea, se entiende el respeto, la pura envidia de sus colegas: nadie arriesga más en el vestuario, el esqueleto y el alma de sus canciones. Su paleta es inmensa: blues libérrimos, melopeas de perdedores, jazz en blanco y negro, sudorosos cantos de trabajo, boogies oxidados, agrios himnos de iglesia, hip-hop sin máquinas, mambos de tierra adentro, serenatas con costras. Manjares orgánicos para buscadores –de ambos sexos– que sepan apreciar esos “diamantes que prefirieron quedarse como carbón”.




lunes, noviembre 20, 2006

Huesecillos

Noticias de Gipuzkoa - Nos cuenta LMH que el diario Noticias de Gipuzkoa publica hoy un artículo de Juan G. Andrés titulado Tom Waits Asume la Paternidad de 56 Canciones Huérfanas en un Triple Álbum. El Humilde Fotero del Pánico ha colgado el pdf de las dos páginas (1 y 2).

- La radio holandesa emitió el pasado sábado un especial de tres horas dedicado al lanzamiento de Orphans. Los Dutchdogs lo han colgado en tres partes. En la primera Jaap Boots entrevista durante una hora a Tom Waits (en inglés). En la segunda Boots charla con tres autoridades en la materia: Pieter, Kees y Henk del Tom Waits Supplement y The Eyeball Kid (y lo hacen en holandés, supongo). En la tercera pueden escucharse, con un sonido especialmente bueno, unas cuantas grabaciones del Orphans Tour.

- The Eyeball Kid se ha currado un largo post en el que recopila enlaces a entrevistas recientes y críticas de Orphans.

- Jeremy de Atlanta ha escrito un interesante artículo sobre Tom Waits titulado Big Train Coming en su blog Join the Birdies.

sábado, noviembre 18, 2006

Orphans en las tiendas

Pues eso, que el parto se ha adelantado y desde ayer o antesdeayer ya puede encontrarse Orphans en las tiendas de España y otros muchos países europeos. Disfrútenlo.

Y ahora, si me disculpan, voy a dejar de ser persona durante un par de días más.

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miércoles, noviembre 15, 2006

Faltan cinco días

Tom Waits por Anton Corbijn en el diario holandés NRC Handelsblad - Ya sabemos cuál es el formato del disco-libro Orphans:

Orphans
- Aunque la canción elegida para grabar en vídeo ha sido Lie to Me, Anti ha editado un CD single de Long Way Home.

Long Way Home- Nos cuenta Ice Man's Mule que la FNAC regala el single Lie to Me / Crazy About My Baby con la compra de Orphans. El precio es de 36,95 euros.

- El lanzamiento de Orphans sigue ocupando portadas. Estas son las de la holandesa Vpro Gids y la de la estadounidense Harp.

Vpro GidsHarp Vpro GidsVpro Gids

- Más alabanzas de la crítica: Robert Christgau le da cuatro estrellas a Orphans en la Rolling Stone, igual que Dan Aquilante en el New York Post. Los críticos de The Observer le dan cinco, y dice The Eyeball Kid que la británica Q da la nota y lo deja en sólo tres estrellas.

- Pueden escucharse online un par de entrevistas radiofónicas: una emitida por la emisora australiana ABC y otra de la holandesa VPRO. Ambas en inglés.

- Más descargas y streamings del Orphans Tour. Esta vez han aparecido en Spinner y corresponden a Falling Down, Eyeball Kid, Make it Rain y Sins of my Father. No vienen identificadas, pero se dice que corresponden al concierto celebrado en Akron el pasado 13 de agosto.

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lunes, noviembre 13, 2006

La plácida vida de Tom Waits

Artículo de Diego A. Manrique publicado hoy en el diario español El País. Muchas gracias a LMH y Don Pablos por estar al quite.

Apenas ofrece conciertos, pero Tom Waits no para de hacer música. Nunca confundió creatividad con técnica o tecnología y eso explica que el próximo día 20 publique el formidable Orphans, tres discos con 56 piezas (dos de ellas son narraciones escondidas al final), de las que 30 son inéditas.

Dejando aparte su vocación iconoclasta, se podría afirmar que, en comparación con Bob Dylan y otros cantautores de la primera división, Waits es una verdadera máquina de parir canciones. La productividad de Tom Waits (Pomona, California, 1949) es, asegura, consecuencia directa del estilo de vida burgués que adoptó a principios de los ochenta, tras dejar atrás el alcohol y demás lastres de la bohemia. Casado y con tres hijos, reside en la zona vinícola situada al norte de San Francisco, integrado en una pequeña comunidad. Goza de la confianza de los padres del colegio al que van sus chavales. Como disfruta de más tiempo libre que ellos, le encomiendan llevar a los escolares en excursiones educativas. Un día, les acompañó en una visita a una fábrica de guitarras; ninguno de los artesanos le reconoció. Al poco, llevó a los críos al vertedero municipal y allí sí, los trabajadores le pidieron autógrafos.

Es una de las anécdotas que Waits repite con mayor deleite. Cuando edita un trabajo, su compañía le monta citas con periodistas cerca de su casa. Su mujer, Kathleen Brennan, que ahora firma las composiciones con él, no concede entrevistas pero Tom nunca decepciona. Se baja de un coche destartalado en algún café o restaurante pintoresco, apto para que el cantante desarrolle su personaje: el observador de las excentricidades de sus paisanos, el coleccionista de misceláneas, el reciclador de los desechos de la sociedad. Estereotipos que disimulan su secreta tarea: destapar las historias de desdicha, locura, idealismo que yacen en los cimientos del Sueño Americano. Esas entrevistas son la única concesión al marketing discográfico.

Waits ignora las reglas de la industria, desde las apariciones en televisión a las giras exhaustivas para vender el nuevo producto. Raciona las actuaciones, asegura que así evita que se asfixien sus canciones con la repetición del ritual. No siempre visita las capitales mediáticas; en agosto, dio ocho recitales en ciudades como Memphis y Louisville. Su explicación: "Teníamos que pasar por Tennessee para pillar fuegos artificiales y en Kentucky alguien me debía dinero". Parece inmune a los halagos: ignora los eventos en su honor, como Waitin' for Waits, en Palma de Mallorca, y Waistock, en el Estado de Nueva York. Por el contrario, montó un concierto para ayudar a los gastos legales de un antiguo amigo, acusado de tráfico de drogas.

Inflexible para preservar su arte, Tom rechaza patrocinios y huye de las habituales promociones conjuntas con tiendas digitales o cadenas de cafeterías. "No quiero que alguien oiga una canción mía y piense en hamburguesas". Y lleva a los tribunales -incluso en España- a las agencias publicitarias que, saltándose su veto total, osan utilizar su música, plagiar sus canciones o contratar a imitadores; así ha ganado suculentas indemnizaciones que, vaya, le compensan por los contratos chungos que firmó en los setenta.

Finalmente, se trata de preservar el valor intrínseco de su música y mantener la libertad expresiva. Orphans exhibe su asombrosa paleta, que va del boogie peleón a las baladas rompecorazones. Todo cantado con su voz de ogro del Misisipi y tocado con músicos que simpatizan con su estética del desguace. Aunque haya temas de belleza convencional, Waits y sus operarios disfrutan sacando al aire las tripas de una melodía, buscando la asimetría en los arreglos, deformando las estructuras. De vez en cuando, canta a solas con su piano o con ritmos bucales.

Las abundantes versiones de Orphans remachan que Waits ha metabolizado a Kurt Weill y Leadbelly, los Ramones y Jack Kerouac, Frank Sinatra y Blancanieves y los siete enanitos. Es capaz de advertir el pathos de King Kong, infantil canción de Daniel Johnston basada en la película, y convertirla en un áspero himno a los marginados.

En los temas originales, no se corta. Cuando se le agota la libreta donde apunta ideas o curiosidades, abre una enciclopedia y recita con fondo de jazz nervioso -Army ants- las costumbres sexuales de la mantis religiosa.

También recorta noticias de los periódicos: menciona a Kissinger y Bush cuando desmonta el gran consenso de Washington -la bondad del apoyo total a Israel- con Road to peace, retrato de un terrorista suicida palestino y la consiguiente venganza israelí: "Encontraron un biberón y un par / de zapatos diminutos y los agitaron / frente a las cámaras, pero Israel / dijo que no sabía que / había una mujer y un niño en el coche".

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sábado, noviembre 11, 2006

miércoles, noviembre 08, 2006

Faltan 12 días

El sueño de cualquier afectado por el síndrome de diógenesCosas varias sobre Orphans:

- Ya puede escucharse en la web de Anti los clips promocionales de las canciones de Bastards.

- Nos cuenta el amigo WaitingforWaits que Discos Gong ofrece Orphans al módico precio de 33,95 euros. Supongo que otras tiendas online españolas deben tenerlo ya en su catálogo.

- A The Eyeball Kid le han enviado un arsenal de artefactos promocionales de Orphans en el que destaca un CD con cinco canciones de cada uno de los tres discos. También incluye información e imágenes del libro que acompaña al triple. Dice su diseñador, Johnny Brewton, que es fantabuloso: "Sólido y bien construido como un viejo coche. Este set ha sido creado para resistir la prueba del tiempo. Puede leerse como un libro de cuentos cortos, poemas y versos o bien para acompañar la música durante la escucha". En su interior contiene recortes de periódicos extraños, viejos discos de 78 rpm, fotografías tomadas por el propio Waits...

Lie to Me / Crazy About My Baby- Hemos localizado una foto del single Lie to Me / Crazy About My Baby del que hablábamos el otro día. Si lo andaban ustedes buscando, ahora ya saben qué pinta tiene.

- iTunes regala a quienes reserven anticipadamente Orphans la descarga gratuita de tres vídeos de la última gira: Day After Tomorrow (Memphis, 4 de agosto de 2006), Trampled Rose y Bottom of the World (Detroit, 11 de agosto de 2006). Para quienes prefieran comprar el disco de verdad en una tienda como dios manda, también existe la posibilidad de adquirir estos vídeos individualmente en iTunes a 2 dólares la canción.

- Más de vídeos, pero este puede verse gratis. Se encuentra en Amazon y corresponde a la interpretación de You Can Never Hold Back Spring grabada en Asheville el pasado 2 de agosto. ¿Podría significar todo este movimiento de vídeos que se está tanteando la posibilidad de editar algo en DVD? Ah, quién sabe.

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martes, noviembre 07, 2006

Llegas, les robas y te vas

StopsmilingExtractos de la entrevista que publica la revista Stopsmiling en su número 28.

Sobre el Orphans Tour y las giras en general...
"No sé qué es lo que me hizo salir. Tocamos en un montón de "villes". Trabajé con un guitarrista, Duke Robillard, que empezó un grupo llamado Roomful of Blues y los Fabulous Thunderbirds. Es un gran guitarrista de blues. Mi hijo tocó la batería. También estaba Larry Taylor, que ha estado conmigo durante años, y que solía tocar con Canned Heat y Jerry Lee Lewis. Ha tocado con todo el mundo. A los teclados estaba Bent Clausen. Realmente quería averiguar si me gusta hacer esto. No salí para hacer dinero. He estado haciendo esto mucho tiempo, y normalmente supone un montón de dolores de cabeza, y las condiciones de los auditorios son exasperantes noche tras noche. Es con lo que tiene que lidiar todo el mundo. Me desquicia y normalmente acabo con los nervios destrozados. Así que quería ver si podía salir y disfrutar tocando. Ese era el objetivo. Y lo hice".

"No sé si es miedo escénico. Siempre tengo miedo de que las cosas vayan mal".

"Salir ante toda esa gente, después de un tiempo, si estás bien preparado, es divertido. No siempre estoy bien preparado. Pero esta vez lo estaba, y creo que eso fue fundamental".

"Es obvio que no ves muchas cosas cuando estás en la carretera. Ves el bolo y la entrada y la salida de la ciudad, pero a la vez hay algo excitante en ello. El atraco. Llegas, les robas y te vas".

Sobre el Theremin...
"Mi primera experiencia con el Theremin fue con Lydia, la nieta de Leon Theremin, que vivía en Rusia. Estábamos en Hamburgo haciendo Alice con Robert Wilson. Queríamos alguien que tocase el Theremin, y alguien dijo "conozco a Lydia", y ella vino y parecía una pequeña muñeca rusa, con un jersey tradicional ruso, y su Theremin parecía una plancha de cocina. Y dentro todas las conexiones se mantenían unidas con pequeños trozos recortados de latas de cerveza que ella enroscaba en los cables. Y la antena era literalmente la antena de un Volkswagen, o un coche así. Y cuando tocaba, sonaba como la violinista Jascha Heifetz".


Lydia Kavina y su Theremin

Sobre Orphans...
"Esencialmente tenía miedo de perder todo este material, porque no mantengo unos buenos archivos. No tengo un gran archivo o una habitación con todo mi material ordenado. No sé. Quizá como tú, imagino, cuando quiero algo no soy capaz de encontrarlo. Y cuando no lo necesito es cuando lo encuentro. Así que quería sacar esto. Compré un montón de material a un tipo de Moscú que lo tenía todo en un CD que había recopilado. Fue raro: material de contrabando de un tipo en Rusia. De algunas cosas nunca llegué a tener el original, ni el DAT, ni la multipistas, ni siquiera la cinta de media pulgada. Simplemente las hice y me fui. Estoy empezando a archivar más las cosas a medida que me hago mayor. 'Oh, mejor que no nos deshagamos de esto, cariño. Lo necesitaremos cuando seamos viejos. Lo usaremos como mesita para el café'".

Sobre Daniel Johnston y su versión de la canción King Kong...
"Jim Jarmusch me puso su versión de King Kong, y yo intenté mantenerme tan fiel a ella como pude. Si has escuchado el original, sabrás lo que quiero decir. Tengo todos sus discos".

Sobre la adaptación cinematográfica de Factotum...
"Me alegro de que se estén haciendo películas con las historias de Bukowski. Soy un gran fan suyo. Lo que quieres realmente es ser válido y vital de alguna manera, ahora y cuando ya no estés. Permanecer como una presencia y una influencia y ser capaz de brotar y florecer y dar frutos. Supongo que es lo que todo el mundo quiere".


Trailer de Factotum

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