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jueves, noviembre 19, 2009

Rickie Lee Jones, la chica salvaje


Rickie Lee Jones habló hace unos días con el diario El País sobre sus tres décadas de carrera y su nuevo álbum, Balm in Gilead. También mencionó su antigua relación con Tom Waits:

La cantautora ha estado unida varios años al fotógrafo y escritor Lee Cantelon, autor en 1997 de The words. El libro ofrece una aproximación laica a las palabras de Cristo y sirvió de inspiración para The sermon on Exposition Boulevard, la obra previa de Jones. Sin embargo, en la historia siempre ha quedado el noviazgo de ésta con Tom Waits: dos talentos torrenciales, vagabundos nocturnos, enamorados en Los Ángeles en el crepúsculo de los setenta. Ella, tocada con su boina francesa; él, con su pork pie hat. Juntos, paradigma de lo cool.

El romance coincidió con el éxito sensacional de su primer largo en 1979, Rickie Lee Jones (Waits ya había publicado tres, más inadvertidos), y se truncó ese mismo año. Su final marcó parte del espléndido segundo trabajo de Rickie Lee Jones, Pirates (1981). Y la llevó a declinar la oferta de Francis Ford Coppola para participar junto a Waits en su filme Corazonada. "Tiene gracia, porque artísticamente no me arrepiento en absoluto. Ni me gustaba el guión ni me gusta la película. Pero sé que en lo personal, si la hubiera hecho, mi vida habría sido muy diferente", reflexiona con una risotada. Y prosigue: "Rechazar el trabajo y negarme a verle aquel mes de diciembre propiciaron que Tom conociera a su mujer (la escritora Kathleen Brennan). Fue en el propio rodaje, ella trabajaba para Coppola. Desde hace tiempo, siempre me planteo por qué a mí me preguntan por él y no al revés. En el inicio de mi carrera yo hablaba mucho de mi novio. Luego, con los años, Tom y su mujer dejaron claro que no se les podía preguntar por mí. Y cuando él se hizo mucho más famoso que yo, empezó a controlarlo todo muy bien: decide quién hablará con ellos y qué van a decir. Es una magnífica manera de ser, pero no es como yo soy. Aunque imagino que para ella no resultaría nada agradable escuchar durante años la misma pregunta...".


Asediando las colinas
Diego A. Manrique

Treinta años y varios grammies después, cuesta imaginarlo: en 1979, cuando publicó su primer elepé, Rickie Lee Jones encarnaba un impulso jacobino. Ella y su novio, Tom Waits, eran radicales: querían echar atrás el calendario. Funcionaban como si el rock and roll nunca hubiera existido, como si el hipster de los años cuarenta y cincuenta fuera la alternativa ideal al American way of life. Parecían más cómodos en la California mítica de Raymond Chandler que en el feo mundo real, donde un ex actor apuntaba hacia la Casa Blanca.

Ella y Tom planteaban una enmienda a la totalidad del endiosado establishment musical californiano, la constelación de los Eagles, Jackson Browne, Joni Mitchell, Linda Ronstadt, Fleetwood Mac y demás artistas que obedecían las estrategias empresariales de David Geffen, Elliott Roberts e Irving Arzoff. Inconscientemente, los rebeldes de principios de los setenta habían generado una industria dominada por grandes corporaciones. Con la gira de Crosby Stills Nash & Young en 1974, se comprobó que el rock angelino podía ser una inagotable máquina de hacer dinero. Entre nubes de cocaína, aquella aristocracia musical estaba divorciada de la realidad circundante. Sus impulsos eran incestuosos: hasta se creó su propio club, The Roxy (como alternativa al Troubadour, donde actuaban Rickie y Tom). Todos eran artistas de Warner, Elektra o Asylum. Tom y Rickie grababan para el mismo conglomerado pero estaban separados espiritual y geográficamente. Las superestrellas vivían en Laurel Canyon y Topanga Canyon, en mansiones en las colinas, mientras la pareja temible estaba abajo, en los bulevares urbanos. Waits y Jones se alimentaban de la vida callejera, del magma humano que pululaba por el hotel Tropicana y otros antros. Rickie se definía por oposición a Joni Mitchell: la canadiense podía experimentar con el jazz (una deriva que culminó en 1979 con Mingus) pero aquello podía parecer un capricho de millonaria, mientras ya se sabe que Rickie aseguraba estar "en el lado jazz de la vida".

Según Tom: "Ella era mucho más mayor que yo en términos de sabiduría callejera". De hecho, Rickie terminó por aterrar a Waits: lo suyo era una pose de beat mientras que ella lo vivía a fondo. Podían coincidir en el romanticismo de la ebriedad pero Tom, demasiado precavido, se negó a seguirla por el lado salvaje de las drogas duras, las situaciones sexualmente equívocas y demás riesgos nocturnos.

Persiste la confusión respecto a la cronología, los motivos de la separación de la pareja. Sabemos que Tom Waits encontró su camino durante el rodaje de Corazonada, donde conoció a la que sería su esposa, Kathleen Brennan. Ella arregló sus asuntos profesionales, impuso disciplina en lo que anteriormente era una existencia disipada y, finalmente, proporcionó la estabilidad emocional necesaria para que Waits creara su personaje definitivo: el experimentador sonoro, el hombre lobo de Pomona, el excéntrico francotirador. La carrera de Rickie ha sido una montaña rusa, prueba y error, conflicto y redención. Paradójicamente, un recorrido muy similar al de su antigua enemiga, Joni Mitchell.

lunes, marzo 23, 2009

De las cloacas vino su canto

Artículo de Diego Manrique en El País de hoy.

Una nueva biografía llega al fondo de Tom Waits pese al veto del músico
DIEGO MANRIQUE - Madrid - 22/03/2009


Barney Hoskins supo que tenía problemas cuando Keith Richards se echó atrás y le informó que, sintiéndolo mucho, no colaboraría en su biografía sobre Tom Waits. Si ni siquiera un bocazas como el guitarrista de los Rolling Stones -que trabajó fugazmente con el californiano en los años ochenta- se atrevía a romper el silencio, se desvanecía la posibilidad de elaborar un retrato de Waits a partir de testimonios de los que le han tratado.

Bajo la influencia de su mujer, el músico se radicaliza en música y política

Tras rechazar hablar con Hoskins, Tom se había puesto en contacto con su círculo de compinches y conocidos, pidiendo que no participaran en el proyecto. Una orden que casi todos acataron: Waits inspira lealtad, respeto y, sí, temor (son famosas sus explosiones temperamentales, sin olvidar su predisposición a recurrir a los juzgados). Han callado antiguas novias (Bette Middler, Rickie Lee Jones), viejos asociados y hasta colegas tan distantes como Richards o Elvis Costello.

Pero el veto no ha podido evitar que se materialice un grueso tomo, Lowside of the road: a life of Tom Waits. Hoskins no es un killer tipo Albert Goldman, uno de esos biógrafos que trituran sistemáticamente al famoso buscando atraer ventas morbosas. Todo lo contrario: británico puntilloso, ha firmado memorables libros sobre el rock de California. Sus pesquisas revelan el andamiaje del mito Tom Waits y los puntos esenciales de una existencia no exenta de turbulencias.

Low side of the road traza el perfil de un chico que vivió sus primeros años en medio de una guerra doméstica, desgarrado entre una madre religiosa y un padre alcohólico, profesor de español siempre dispuesto a escaparse de juerga rumbo al cercano México. En algún momento, Waits rompió filas con su generación: rechazó la potente cultura juvenil de los sesenta y se zambulló en el mundo de los adultos, incluyendo sus decadentes locales nocturnos. Tenía una fascinación seria por los detritos de la beat generation, los románticos del arroyo que soñaban en jazz. Algunos le rechazaron airadamente: según Charles Bukowski, Tom no poseía "un solo hueso original en su cuerpo"; le resultaba obsceno tan laborioso aprendiz de perdedor. Por el contrario, un superviviente hardcore como William Burroughs le bendijo.

A mediados de los setenta, Tom Waits grababa para Asylum Records, el hogar de los cantautores dorados; era un artista de culto, con razonables ingresos. Sin embargo, prefería vivir en el Tropicana, un motel cutre de West Hollywood, dos habitaciones donde se amontonaban libros, discos, botellas, revistas porno. De gira con figuras como Ry Cooder, evitaba los hoteles decentes previstos para instalarse en el alojamiento más casposo que podía encontrar. La atracción por las cloacas llevada a la perversidad.

Cuando el personaje le está devorando, aparece el hada buena. En 1980, durante el rodaje de Corazonada, se enamora de una dramaturga de origen irlandés, Kathleen Brennan, inquilina del taller de talento que subvenciona un Coppola en la cumbre de su poder. Kathleen le retira del alcohol mientras arregla sus barullos económicos y contractuales. Se casan rápidamente y, tras pasar por Nueva York, se refugian al norte de California, en el valle de Sonoma. Adiós a la bohemia: tienen hijos y ejercen de padres.

A diferencia de lo ocurrido cuando Dylan se retira de la circulación en 1966, no simplifica su música. Bajo la influencia de Brennan, Waits se ha radicalizado en sonido, estructuras y expresión. Ya no es la simpática destilación de un beatnik arquetípico: ahora aúlla, castiga los instrumentos, amplía su abanico estilístico. Kathleen le azuza a arriesgarse, incluso en política. Desarrolla su faceta como actor secundario, generalmente con realizadores de prestigio. Ignora las convenciones de la industria musical: nada de giras promocionales, sí a caprichos como editar dos álbumes simultáneamente. La libertad por encima de todo: tras ejercer de cola de león en Island Records, mejor ser cabeza de ratón en la independiente Epitaph.

Temeroso de que se caracterice a su esposa como una nueva Yoko Ono, Waits se esfuerza en protegerla. Así, lleva su proceso creativo a la zona de sombras. Prefiere que no quede claro cuánto hay de ella en cada disco. Desvía las preguntas incómodas con alardes de excentricidad, exhibiciones muy aplaudidas por los pocos periodistas a los que concede citas. En ese proceso se menosprecia a muchos fieles de la primera época, como el productor Bones Howe. Para Barney Hoskins, la obsesión de Waits por el misterio ha desembocado en censura encubierta. Que, inevitablemente, multiplica la curiosidad por la persona que se oculta tras esos discos intimidantes.

martes, marzo 17, 2009

Lowside of the Road: nueva biografía ya a la venta


Desde el pasado 5 de marzo está ya a la venta la biografía Lowside of the Road: A Life of Tom Waits, escrita por Barney Hoskyns.

El libro ha obtenido buenas críticas en medios como The Word, The Observer, Mojo o Uncut.

La página web de la editorial Faber ha publicado una entrevista en la que el autor habla de las dificultades que ha tenido que encarar a la hora de obtener entrevistas con personas relevantes en la vida y obra de Tom Waits: "esencialmente dependía de si actualmente mantienen una relación cercana con Waits y su esposa. Afortunadamente he localizado a suficientes personas con las que ya no mantienen contacto o a las que no les han pedido que no hablasen con un biógrafo. Pero Tom y Kathleen no me lo pusieron fácil, y ha habido gente como Keith Richards, que hubiese hablado conmigo si no hubiese sido por su intervención explícita". También Elvis Costello y Chuck E. Weiss declinaron participar en el libro.

The Independent ha publicado un extracto del libro dedicado a la relación sentimental que Waits mantuvo con Rickie Lee Jones a finales de los años 70.

Podéis leer aquí diferentes críticas:

The Times
Financial Times
The Guardian
The Independent

viernes, marzo 02, 2007

Chuck E. Weiss: "Tom estaba en el pasillo, medio desnudo, atizándole a aquel perro con una barra"


Weiss y Waits en los 70
Fragmento de la entrevista que hace J.L. Fernández a Chuck E. Weiss en la revista española Popular 1 de este mes de marzo. Como casi siempre, fotografías extraídas de la Tom Waits Library.

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Para los que hemos seguido a Tom Waits desde hace años, cuando casi nadie le conocía, es sorprendente verle acaparando titulares y coronando los charts.
"Es un ejemplo perfecto. Y además ahora está grabando música muy personal. Pero ha demostrado que si tienes talento, aunque grabes música retorcida, primitiva... ese talento va a ser reconocido, precisamente porque ofreces algo radicalmente diferente y valioso. Es una ley de mercado básica".

¿Estáis en contacto?
"Sí, solemos llamarnos. Sigue siendo uno de mis mejores amigos".

¿Qué opinas de su último disco triple, Orphans? Es alucinante, todos esperábamos una buena recopilación de rarezas, pero es que son realmente tres discos con su propia personalidad, y me atrevería a decir que están a la altura de su mejor material, que es decir mucho.
"Todo lo que hace Tom es magistral. No sabes cómo se implica en cada pequeño paso de su carrera. Es increíble. Él no se conforma con recopilar caras b y temas sueltos, necesita darles a los fans un concepto, ese 'algo' que muy pocos artistas tienen y que hacen que te conviertas en seguidor suyo al instante. Fíjate en Orphans, he hablado con mucha gente sobre el disco, también con Tom, y nadie logra ponerse de acuerdo en cuál es el mejor de los tres. Tom se identifica más con Bastards, porque está en una etapa muy experimental, pero a mí me gusta más Brawlers, que es más Rhythm and Blues. Se lo dije cuando escuché el álbum: el primer disco de Orphans, Brawlers, me parece el mejor disco de Tom Waits".

Waits y Weiss¿El mejor? ¿En serio?
"Lo mantengo. No imagino ninguna de esas canciones sonando en la radio, pero son tan fantásticas que hacen que se venda solo, lo ha comprado muchísima gente, por eso es un ejemplo del poder que tiene la buena música, aunque no sea lo que se dice comercial. Ese CD, separado de los otros dos, me parece perfecto".

Ya que hablamos de Tom Waits, durante años fuiste una especie de leyenda underground vinculada a su etapa 70's, en especial a los días salvajes en los que vivíais en el Hotel Tropicana. ¿Te has sentido molesto alguna vez por ser conocido debido a tu amistad con Waits, más que gracias a tus propios logros?
"No, no. De hecho nunca le di importancia. Somos amigos y ser considerado una leyenda por sus fans... no sé, yo seguía a lo mío, nunca fui consciente de ese supuesto status por ser amigo suyo. Mi realidad siempre fue otra, no la de los medios ni la de los fans de Tom Waits".

Chuck E. Weiss - Extremely Cool (1999)Ya, pero ten en cuenta que cuando grabaste Extremely Cool, Waits fue la razón de que el disco tuviese una acogida tan generosa, más que nada porque no habíamos escuchado nada tuyo anteriormente, y existía una gran curiosidad.
"No me entiendas mal. Yo le estoy enormemente agradecido a Tom, pero no por ser parte de su vida en los inicios de su carrera, o porque sus seguidores me consideren una leyenda. Mi agradecimiento a Tom es directamente personal, porque siempre he contado con su amistad, y porque él y su mujer Kathleen se empeñaron en meterme en el estudio y grabar ese álbum, y porque Tom me dio la garantía de que él mismo ejercería de productor. Fue genial reencontrarnos, volver a trabajar juntos y hacer ese disco. Me gusta mucho cómo quedó nuestro dueto It Rains On Me, fue muy emocionante. Y claro está, no esperaba tener una respuesta como la que tuvimos con Extremely Cool. De haber sido un fracaso, es posible que no me plantease seguir haciendo discos. Fue una sorpresa también para Tom".

Durante vuestras correrías en los 70. ¿Tom era un amigo músico más o ya te dabas cuenta de que estabas ante uno de los más brillantes songwriters de tu tiempo?
"¿Sabes? Con Tom siempre lo tuve muy claro. Era mejor que cualquier otro. Quiero decir, todos los artistas luchábamos por hacernos un hueco en los clubs, nos conocíamos, existía esa rivalidad, sana, por llamarla de alguna manera. Pero lo de Tom era algo diferente. Tenía ese gancho como intérprete, era puro espectáculo, y uno tenía la sensación de que podía escribir una canción tocando cualquier estilo, cualquier temática, y sería una canción fantástica. En sus canciones había drama, melancolía, desesperación, pero también mucho humor. Le rodeaba lo mismo que al resto, pero le inspiraba de distinta manera. No sé exactamente cómo lo hace, pero está claro que es un narrador único, que puede hacerte saltar de uno de esos sentimientos a otro entre canción y canción. Así que no, no me sorprende ver cómo ha triunfado en el mundo de la música. Es una cuestión de talento, simplemente se lo merece".

Se habla mucho de aquellos días que pasaste junto a él en los 70. El Tropicana, el Troubadour, Rickie Lee Jones, alcohol... seguro que tienes muchas historias de esa época.
"Tengo muy buenos recuerdos, claro. Se han dicho y escrito muchas cosas sobre esos años en concreto, pero imagino que tendrías que preguntarle al propio Tom por muchas de ellas. Ya ha pasado mucho tiempo, muchas ni consigo recordarlas".

Cuéntanos alguna.
"Yo vivía en el hotel Tropicana, en West Hollywood, en una pequeña habitación justo debajo de la que ocupaba Tom. Conocíamos a un tipo que se llamaba Sparky. Sparky Porter. Era un buen amigo y solía pasarse a veces a visitarnos. Pues una noche escuché a Sparky llamando a mi puerta a las cuatro de la mañana, pegando gritos y despertando a medio hotel. Yo estaba totalmente desconcertado, tío, pensaba '¿se puede saber qué diablos quiere a estas horas?'. Empecé a gritarle que si estaba loco o qué, despertándome a las tantas de la madrugada. Y él gritaba 'Ayúdame, no puedo explicártelo ahora. Ayúdame, abre la puerta'. Abrí y vi a mi amigo siendo arrastrado por un perro enorme por todo el pasillo. ¡El perro intentaba montarlo! (Risas) Y Tom estaba en el pasillo, medio desnudo, atizándole a aquel perro con una barra para quitarlo de encima de mi amigo. Es una historia de la que aún hablamos Tom y yo las últimas veces que nos vimos, fue una de las situaciones más absurdas que he vivido".

Se dice que durante la estancia en el Tropicana, Tom tenía su nevera llena de llaves inglesas y herramientas. Siempre he tenido curiosidad por saber si era cierto.
"¿Herramientas? ¡Es posible! Lo que puedo asegurarte es que no había comida en aquella nevera". (Risas)
Waits, Weiss, Jones y Dr. JohnSu novia por aquel entonces, la cantante Rickie Lee Jones, vivía también en el hotel con vosotros. Sin ir más lejos, escribió un tema sobre ti, Chuck E's in Love, que se convirtió en un gran hit. ¿Cuál es la historia detrás de esa canción?
"Bueno, no puedo hablar por ella, pero creo que reflejaba la simpatía que sentía por mi. No consigo recordar muy bien la letra, pero era algo así como que yo de repente abandonaba mi look de tipo bohemio y descuidado, y empezaba a arreglarme, y todos creían que era porque había encontrado una chica e iba a casarme (risas). No lo recuerdo bien, éramos amigos y hacíamos ese tipo de bromas constantemente".

Tenemos la imagen del Tropicana como un albergue para la crème de la crème de la bohemia artística y la contracultura de esos años. Además de vosotros, tengo entendido que estaba habitado por un montón de celebridades. ¿Qué tipo de gente se alojaba allí?
"Visto hoy en día podríamos hablar de una mezcla de poetas, beats, artistas contraculturales y bohemios de toda clase. Y todo tipo de gente inquietante y peligrosa. Para que te hagas una idea, recuerdo ver por allí a Nico, la musa de la Velvet Underground, a Sam Shepard, los Dead Boys, Blondie... y artistas underground, cantautores fracasados, y por supuesto proxenetas, traficantes de todo tipo... pero una vez vivías allí era agradable, aprendías lo que era la convivencia con gente diferente".

¿Por qué os fuisteis a vivir a un sitio como ese?
"En mi caso, fue únicamente porque me gustaba el restaurante. Se llamaba Dukes y la comida era bastante buena, y muy barata. Además me encantaba la atmósfera de aquel lugar, y me encontré recién llegado a L.A., conduciendo cada día para comer en la cafetería del Tropicana, así que pensé, '¿por qué no me vengo a vivir aquí?' (Risas). Unos meses más tarde Tom también decidió mudarse al Tropicana. El alquiler era también muy asequible, y para gente como nosotros estaba bien. Cuando llegamos no conocíamos a nadie allí, ¡y la primera impresión fue que era un lugar con gente muy amigable!".

Weiss y WaitsTu presencia en los primeros álbumes de Tom Waits es también notoria. en el caso de Spare Parts I & II, del álbum Nighthawks at the Diner, apareces como co-compositor. Es uno de los pocos casos donde Waits no firma en solitario. ¿Cuál fue el origen de esa canción?
"La compusimos juntos, antes de que el álbum tomase forma. Yo sabía que Tom estaba preparando un álbum en directo y que quería canciones nuevas, así que le ayudé con la melodía y después él añadió las letras, que eran, como el propio título de la canción indica, fragmentos distintos de cosas que habíamos escrito juntos. Tom los unió y los convirtió en una canción".
En su siguiente disco, Small Change, te nombra en un tema, y apareces en el subtítulo de Jitterbug Boy. La leyenda dice que el protagonista de la canción estaba inspirado en ti.
"Parcialmente inspirado en mí, y también en otro amigo nuestro que se llamaba Robert Marchese. La letra del tema está llena de bromas privadas".

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Chuck E. Weiss acaba de publicar el disco 23rd and Stout.