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lunes, enero 24, 2011

Rumores de gira


Nos enteramos por el gran Globo Ocular de que en el diario irlandés Independent se ha publicado un artículo en el que se habla de la situación de The Lissadell House, en la ciudad de Sligo, y se dice que las negociaciones para programar conciertos de Elton John, Andrea Bocelli, Tom Waits y Bob Dylan este verano se han ido al traste por un problema legal que arrastra el teatro.

La buena noticia sería que, según se desprende de lo que dice el texto, Tom Waits podría estar preparando una gira para el próximo verano...

"Negotiations to bring music legends to Lissadell House this summer, including Elton John, Andrea Bocelli, Tom Waits and Bob Dylan have been halted following a High Court ruling which confirmed the existence of public rights of way on the historic estate -- the ancestral home of Countess Markievicz."

lunes, septiembre 21, 2009

¿Nuevo disco en directo?


El fotógrafo Michael T. Regan ha desvelado en su blog que cinco de sus fotografías habrían sido escogidas para aparecer en un disco en vivo que se publicaría este otoño y que llevaría el título de Tom Waits: Glitter & Doom Live. El álbum recopilaría una selección de canciones del último tour por Estados Unidos y Europa.

Según Regan, Anti le ha informado de que una de sus fotografías aparecerá en el interior de una carpeta doble en formato vinilo.

Las imágenes fueron tomadas en el concierto de Columbus, Ohio, en junio de 2008. No se pierdan este pase de diapositivas del show.

jueves, marzo 26, 2009

Single de Glitter and Doom

Con motivo de la celebración del día mundial de la tienda de discos independiente, el próximo 18 de abril se pondrá a la venta en el Reino Unido una edición limitada de 500 singles de vinilo con grabaciones de la gira Glitter and Doom (2008).

El disco, editado por Rough Trade Records, contiene las canciones Lucinda / Ain't Goin' Down To The Well, registrada en vivo en Atlanta, y Bottom Of The World, procedente de uno de los conciertos de Edinburgo.

Por tratarse de una edición muy limitada, la compra se limitará a un ejemplar por persona.

Cincuenta tiendas del Reino Unido participan en esta promoción que incluye también la edición de singles de artistas como The Stooges, Janes Addiction, MC5 o Booker T Jones.

martes, febrero 24, 2009

Asegúrate de que nadie te roba los zapatos


Tras conocer a Tom Waits en el rodaje de The Imaginarium of Doctor Parnassus, la escenógrafa Charmaine Husum recibió el encargo de crear el escenario de la gira Glitter and Doom.

En su página web pueden ahora verse una colección de fotografías que ilustran el proceso de creación del escenario.

"Nunca he estado tan inspirada para crear como lo estuve cuando trabajé con el señor Waits. Su energía creativa cala en todos los que le rodean. Hay algo mágico en él y su personalidad que sólo se da en muy pocas personas. Trabajé en mi estudio móvil a altas horas de la madrugada, disfrutando de cada momento hasta que el escenario estuvo finalizado. Incluso cuando estaba trabajando en The Imaginarium, después de una jornada de catorce horas, estaba tan llena de energía creativa que me quedaba tres o cuatro horas más trabajando en mi camión-estudio. Recuerdo que cuando nos conocimos sentí una fortísima energía creativa que no había experimentado nunca. Gracias Tom, nuestro planeta es un lugar mejor con tu influencia!"


Pero lo que a una servidora le interesa de verdad es que por fin ha conseguido descifrar el texto en caligrafía árabe que adornaba la tarima desde la que actuaba Tom Waits en la gira del año pasado: "Asegúrate de que nadie te roba los zapatos".

Ya me he quedado mucho más tranquila.

lunes, enero 26, 2009

Concierto en beneficio de Bet Tzedek Legal Services

Han aparecido recientemente en Youtube estos vídeos de la actuación de Tom Waits en el concierto que se celebró en enero de 2008 en beneficio de Bet Tzedek Legal Services, un bufete de abogados dedicado a la defensa de las personas sin recursos en el área de Los Ángeles. La calidad es muy buena y creo que vale la pena hacerles un hueco en la Máquina de Huesos.





jueves, septiembre 11, 2008

Tom Waits en concierto en Radio 3

Hoy, jueves 11, y mañana, viernes 12, El Ambigú de Radio 3 ofrece el concierto de Tom Waits realizado el 5 de julio de 2008 en Atlanta (Georgia). Se trata de una espléndida grabación de la NPR (la radio pública estadounidense) donde Tom y su quinteto, reforzado ocasionalmente por el guitarrista Larry Taylor, muestran sus garras. Blues del arroyo, canciones de pecadores en busca de redención, lobos en la noche...no se trata de un recital de grandes-o-pequeños-éxitos: tocan exactamente lo que les apetece.

Teóricamente puede escucharse en la web de la emisora.

domingo, agosto 03, 2008

Fuera de genio

- Yo he venido de Madrid sólo para ver a Tom Waits. Es un fuera de genio.

Frase escuchada antes del primer concierto de Tom Waits en Barcelona el pasado 14 de julio y recogida en la sección La Vida Pública de la revista Time Out Barcelona hace unas semanas.

martes, julio 29, 2008

Atlanta, Fox Theatre, 5 de julio de 2008


Quienes no sean demasiado escrupulosos con los formatos de audio disfrutarán esta descarga del concierto que Tom Waits ofreció en Atlanta el pasado 5 de julio.

Este fue el setlist del show con el que se cerró la parte americana de la gira Glitter and Doom:

Lucinda / Ain't Going Down to the Well
Down in the hole
Falling down
Chocolate Jesus
All the world is green
Cemetery Polka
Cause of it all / 'Til the money runs out
Such a scream
November
Hold on
Black market baby
9th and Hennepin
Lie to me
Lucky day
On the nickel
Lost in the harbour
Innocent when you dream
Hoist that rag
Make it rain
Dirt in the ground
Get behind the mule
Hang down your head
Jesus gonna be here
Singapore

Eyeball Kid
Anywhere I lay my head

martes, julio 22, 2008

Torrentes


Buena parte de la gira Glitter and Doom, incluidos los tres conciertos en España, pueden ya descargarse con diferentes calidades en Dimeadozen.

miércoles, julio 16, 2008

Barcelona, Auditori del Fòrum, 15 de julio de 2008 (AMPLIADA)


Setlist

Lucinda
Way Down in the Hole
Falling Down
Poor Edward
All the World is Green
Cemetery Polka
Get Behind The Mule
I'll Shoot the Moon
Such a scream
Murder in The Red Barn
Singapore

Invitation to the Blues
Johnsburg, Illinois
Lost in the Harbour
Innocent when you dream

Lie to me
Hoist That Rag
Hold On
Black Market Baby
Trampled Rose
Make It Rain

Rain Dogs
Dirt In the Ground

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El País

CRÓNICA

Tom Waits y el parto de la mariposa

El músico estadounidense concluye su gira por España con un concierto en Barcelona

FERNANDO NAVARRO - Barcelona - 16/07/2008

Si Tom Waits tuviese que hablar sobre el concierto que ofreció ayer en el Auditori del Fòrum de Barcelona, el último de los tres que le han traído a España por primera vez en sus más de treinta años de carrera, es posible que, tirando de su habitual repertorio de metáforas, dijera que la actuación de Tom Waits pudo ser algo así como el parto de la mariposa. En buena parte, ya se sabe de lo que trata porque lo dijo antes El Principito de Saint-Exupéry, tal vez el primer espíritu beatnik de la historia conocida: Hay que soportar a la oruga para ver salir a la mariposa.

Es cierto que hubo que rascar bastante. Fueron varias las cosas que estuvieron en contra del espectáculo, empezando por un descerebrado que tuvo que abandonar la sala en mitad de la actuación obligado por agentes de la seguridad privada. Tampoco es el Audotori un sitio idóneo para conciertos como el ofrecido anoche con ese edificio frío y distante. Hubo problemas de sonido, en guitarras y micrófonos, que llegaron a desesperar al músico. Y la expectación flotaba tanto en el ambiente que pareció ser perjudicial para el propio Waits, que arrancó decidido, como por arte de magia en mitad de un escenario oscuro, pero al que le faltó enganche, como si aquello al principio fuera más una conferencia musical que la noche para disfrutar del artista más indescifrable que ha dado la historia del rock.

También es cierto que lo que ofrece el músico de California hoy por hoy no se sirve en bandeja. Temas como Way Down In the Hole, un blues aullado que parece de geriatría, ilustra los pasos que sigue Waits sobre el escenario. Es una propuesta bastarda en la expresión y genuina en su naturaleza, que hace falta experimentar porque choca con lo preconcebido. Tal vez Waits lo llamaría el paso de la oruga, y más cuando al principio los problemas fueron varios. Realmente, ese estilo se trata de una virtud, que ha hecho arma de doble filo. Tiene una capacidad de desconstruir géneros y composiciones al alcance de muy pocos, pero al rechazar lo convencional a veces puede resultar estridente. Es el camino tomado desde que publicó el álbum Swordfishtrombones.

En las tablas, el músico gesticula, hace juego de manos y se contornea como un mimo que se adentra en su propio cuento, pero deja la puerta abierta para el resto. Al otro lado hay una bandada de sonidos e historias que trascienden, pero que no siempre se llega. Ese ímpetu se va alcanzando a mitad de la actuación, gracias también al buen hacer de Vicent Henry a los vientos, tanto a la armónica como al saxo o a lo que fuera que Waits necesitase para ornamentar sus sonidos de vodevil, polka o folk. Mientras tanto, el cantante representa sus mil personajes, una esquizofrenia artística exquisita. "Soy pedazos de cosas", se definió una vez él mismo. Puede llegar a hablar en español para responder a un público cada vez más entregado, o para contar una historia a retazos, o llegar a decir que es "cojonudo estar en Barcelona".

Pero al paso de la oruga le sigue el de la mariposa. Al piano, y lo que viene después, el funambulista despliega sus dotes intactas de bohemio, marcado por el don del hechizo. Innocent When You Dream, esperada por buena parte de los asistentes que la aplauden al comienzo más que otras, es la mejor representante de las baladas infinitas de Waits, que parecen pensadas para una cantina y con un alma folk que ciega. Alejadas de lo cursi o lo anecdótico, son baladas de luna llena, de noche de hombre lobo, que despiertan los instintos primarios y levantan pasiones, al ritmo de las teclas y la voz absoluta de su autor.

Luego llegarán, entre otras, Lie To Me, Make It Rain o Hold On que muestran al Waits más indomable, entregado al máximo al feedback de su propia obra de fantástica oruga y encabezando un tren de mercancías que recorre de arriba abajo los sonidos tradicionales de Estados Unidos, que también tienen su parte de herencia de Europa. El músico californiano lo ha comentado alguna vez: se trata de tocar según el estado de ánimo, bien como los ojos del enano subido en los hombros de un gigante ciego, o como la mujer con cara de mula que baila con el chico cocodrilo, hasta que se le pone más púrpura, se le quita marrón y se le añade amarillo. Y, como demostró ayer, se termina pariendo la mariposa.

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El Periódico de Catalunya

Nueva exhibición de genio de Tom Waits

  1. El músico cambió 12 canciones de su repertorio en la segunda noche en el Auditori del Fòrum
JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Fue casi como un recital distinto, con la misma esencia pero alterado en sus formas. En su segunda y última noche en el Auditori del Fòrum, Tom Waits ofreció 23 canciones, de las cuales un total de 12 fueron distintas a la noche inaugural. Una demostración de primera mano del modus operandi del artista, partidario de mantener su repertorio vivo por la vía la rotación permanente.

Aunque las canciones cambiaran, la temperatura fue parecida a la primera noche. Público ansioso, un retraso similar en el inicio del recital (25 minutos frente a los 35 del estreno) y un clima sonoro semejante, con su cruce de andamios bluesísticos, cabaret deshauciado y asaltos al piano propios de madrugadas destempladas. Una canción menos que en la primera sesión aunque, debido a problemas técnicos que atascaron algunas piezas, el show duró un poco más, dos horas y 10 minutos.

Waits y su banda abrieron con el mismo guión, Lucinda, Way down in the hole y Falling down, pero pronto comenzaron las novedades: entraron en escena Poor Edward y una Cemetary polka que alió el fantasma de Kurt Weill con el vals. Y, tras All the world is green, carta blanca: Get behind the mule, I'll shoot the moon, Such a scream y Murder in the red barn mantuvieron el recital en vilo hasta el traqueteo de Singapore. En las 24 horas transcurridas, Waits tuvo tiempo de aprender aromáticas palabras en castellano: "Es cojonudo estar aquí en Barcelona", confesó. Su versión del idioma mostró tics un poco mexicanizantes. "¡Ándele pues!"

GUIÑO A LOS 70
La secuencia de piano culminó, como el lunes, con un Innocent when you dream apoyado por coros populares, pero antes hubo más cambios de guión. Sonó Lost in the harbour (donde Waits cambió el piano por el órgano) y hubo, atención, un viaje a los 70 con Invitation to the blues, del álbum Small change. En la recta final, los cambios respondieron por Hold on, Black market baby y Trampled rose. No hubo tres bises, sino dos: Rain dogs y la gospeliana Dirt in the ground. Dos noches, dos repertorios... y un único Tom Waits.

Barcelona, Auditori del Fòrum, 14 de julio de 2008 (AMPLIADA)


Setlist aproximado
(¿alguien lo apuntó?)

Lucinda - Ain't Goin down
Way down in the hole
Falling Down
Jockey full of bourbon
All the world is green
Other side of the world
God's Away on Business
Metropolitan glide
Sins of my father
Lie to Me
Hung down your head
Rain dogs

You can never hold back spring
On the nickel
Johnsburg, Illinois
Innocent when you dream

Clap hands
Lucky day
Hoist that rag
Dirt in the ground
Make it rain

November
Come on up to the house
Day after tomorrow

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La Vanguardia

Y Tom Waits llegó a Barcelona

El cantautor arrasó anoche en el Fòrum | Expectación entre el público que asistía al concierto y sensación de "yo estuve allí" | El cantante fue presentador de circo, fiera y, por supuesto, domador del público

Tom Waits llegó por fin a Barcelona. Y Anoche con retraso. Treinta y cinco minutos llenos de aplausos, silbidos e incluso pataleos esperaron sus fans en el repleto Auditori del Fòrum a que saliera al escenario con su grupo. Eran las 22.05 horas y, por fin, el cantautor de Pomona, California, actuaba por primera vez en Barcelona, donde lo volverá a hacer hoy.

Waits, cantautor, actor, clown y, en general, un personaje tan infrecuente como irrepetible arrasó durante sus algo más de dos horas de actuación. Dos horas que comenzaron, como es habitual en esta gira llamada Glitter and doom (algo así como Fulgor y condenación), con un tema mezcla de Lucinda y Ain´t goin´down to the well,ambos de su último disco, el mastodóntico Orphans,en concreto de la sección Brawlers.Y acabó ocho minutos después de la medianoche tras haber cantado tres bises: November, Come on up to the house y, finalmente, un sereno pero profundo Day after tomorrow.

En medio, dos horas mágicas. En todos los sentidos. El público que acudía al concierto sentía excitación y expectación ante el mito que tuvo el corazón roto y el hígado enfermo, aunque ya hace tiempo que está casado y con tres hijos, pero también, marcadamente, se vivía la sensación de "yo estuve allí", la de la ocasión que no va a volver. Y Waits hizo que nadie saliera decepcionado. Como en el cartel de la gira, en el que Waits se convierte en un mago de cuya palma de la mano emana polvo aúreo, el de Pomona no perdió ocasión de mover, agitar las manos como si fuera un prestidigitador, aunque quizá también un predicador. E hizo magia. La magia de una voz increíblemente versátil, con la que sabe jugar, un chorro de voz que ha sido calificado como de lija, pero que, sobre todo, a veces parece dirigirse hacia dentro de su boca en vez de salir de él, tal es la profundidad y las reverberaciones.

Junto a un grupo perfectamente engrasado con el que lleva rodando desde mediados de junio cuando comenzó la gira en Phoenix, Arizona, e integrado por su hijo Casey y por Larry Taylor, Patrick Warren, Omar Torrez y Vincent Henry, Waits llevó al público al delirio en más de una ocasión. Hubo palmas, canciones medio cantadas con él y momentos emocionantes, como cuando se sentó al piano para arrancarse unas cuantas canciones como On the nickel o Innocent when you dream,que llevó al público al éxtasis. Un grupo con el que cambió de registro sin dificultad encarando temas tan pegadizos y de aires latinos como Hoist that rag,que movió al público, Lucky day,el pesimista Dirt in the ground o Make it rain,en el que haciendo valer sus dotes de hechicero, y tras agitar las manos de unos brazos abiertos a uno y otro lado, fue recompensado con una abundante lluvia de polvo dorado. No faltó ironía, como la de que le gusta estar en un país con leyes civilizadas y no como en Rusia, donde no te puedes besar más de tres minutos seguidos, pero tampoco estuvo demasiado hablador. Ocupó su pequeño círculo dentro del escenario, objeto de todos los focos, en el que fue presentador de circo, fiera y, también, domador.

"Solamente pagaría este precio por Waits"

Una burrada, carísimo, desorbitado... Los entre 100 y 125 euros - más comisiones bancarias- que han costado las entradas para los conciertos de ayer y hoy de Tom Waits en Barcelona suscitan opiniones unánimes entre los asistentes, pese a lo cual los fans hablan de una oportunidad única, aun puntualizando, como Marina Espasa, que "es el único artista por el que pagaría este precio". "El primer disco que compré, por casualidad, fue de él, Closing time.Luego compré otros. Es alucinante. Pero me parece carísimo y me ha costado mucho decidirme", añade.

Algo parecido piensa la editora Isabel Obiols: "El precio es una burrada, pero vale la pena, es como asistir a una representación operística, una cosa casi única. Sopesé el precio, pero me habría arrepentido mucho tiempo si no hubiera ido. Me daba miedo, eso sí, que fuera una tomadura de pelo, que Waits, que no había venido nunca, no se lo tomara en serio, pero me dijeron que no iba a ser así y ya he visto que en otros lugares ha actuado dos horas con temas de todas las épocas".

Eugènia Broggi explica que ella se enteró del precio una vez compradas, ya que las adquirió un amigo. "Pensaba que no encontraríamos. Me parece vergonzoso el precio, pero hoy me importa un pito, estoy tan excitada y emocionada que me da igual. Fue muy importante para mí en los noventa, en el coming of age,sus discos, su presencia en las películas de Jarmusch...". Para el fotógrafo Pere Ferrer, que vive en Barcelona pero es mallorquín, "es realmente caro". "Pero no sé si volverá, así que me decidí. Me gusta su música y su personaje, lo que me da rabia es que no vaya a Palma, donde se celebra hace años el festival Waiting for Waits".

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El Periódico de Catalunya

Debut de impacto en el Fòrum

Tom Waits ofreció un recital heterodoxo en su estreno en BCN tras 35 años de carrera

 Tom Waits, en un momento de su actuación de anoche en el Auditori del Fòrum, que empezó con Lucinda. Foto:  RICARD CUGAT
JORDI BIANCIOTTO
La semana más caliente del pop-rock en Barcelona comenzó a andar anoche con un reclamo muy esperado: el cantante y pianista californiano Tom Waits, una figura de culto que debutó en la capital catalana tras 35 años de carrera con un recital en el Auditori del Fòrum. El cantante de voz áspera, que repite esta noche (21.30 horas), ofreció una depurada muestra de su arte dislocado a lo largo de dos horas de espectáculo en las que picoteó, sobre todo, su obra de las dos últimas décadas y rescató cuatro canciones de su disco más popular en nuestro país, Rain dogs (1985).

El blues deconstruido y el cabaret de cuneta desfilaron trinchados y troceados por un malabarista de voz aún más cavernosa de lo que cabía recordar, más gutural que armónica. Waits se movía entre espasmos sobre una plataforma circular, con un fondo de viejos altavoces y megáfonos decorativos, y unos cortinajes de music hall trasnochado; todo, ubicado en una caja escénica construida para la ocasión, ya que el Auditori carece de ella y el artista la exigió. Del suelo del escenario salían nubes de polvo cada vez que Waits daba un pisotón. Una máquina de vodevil harapiento que se puso en marcha con 35 minutos de retraso, informalidad que contrastó con la exigencia previa a los asistentes de acudir con puntualidad, antes de las 21.30 horas, bajo la amenaza de no ser admitidos.

Cabaret chirriante
El recital comenzó con el artista extendiendo los brazos en forma de cruz y atacando Lucinda, y se abrió paso entre retales de blues manoseado (Way down in the hole), traqueteos latinos (Jockey full of bourbon) y baladas carbonizadas (Falling down). El sonido Waits, una maquinaria poéticamente destartalada, brilló en su esplendor a través de Metropolitan glide, Hung down your head y una ovacionada Rain dogs tras la cual el artista alabó los "costumbres y leyes" que, en su peculiar opinión, rigen en España. "En Gran Bretaña no te puedes dormir con los zapatos puestos en una tienda de muebles. Y en Rusia no se permite dar un beso de más de 3 minutos. Y la vida dura más, ¿no?"

En el ecuador del recital, Waits, cuya banda incluye a dos de sus hijos (Casey y Sullivan Waits) se quedó a solas con el contrabajista y abordó un fragmento sentado al piano con You can never hold back spring, On the nickel, Johnsburg, Illinois y un Innocent when you dream en el que contó con los coros del Auditori. La colaboración del público siguió en forma de palmas con Clap hands, y el clímax final condujo a piezas como Hoist that rag y una histérica Make it rain coronado con una lluvia de purpurina sobre el artista.

Un bis con tres canciones
Como el sábado en San Sebastián, Waits ofreció un bis con tres canciones. Todas fueron, sin embargo, distintas a la capital donostiarra. Aquí sonaron November, Come on up to the house y un Day after tomorrow, que la estrella interpretó empuñando una guitarra eléctrica.
Los habituales cambios de guión escénico insinúan que el recital de esta noche aportará nuevas sorpresas. Ambos espectáculos, con las entradas agotadas, habrán atraído a un total de 6.200 personas. Tom Waits era una asignatura pendiente histórica de Barcelona, estatus alimentado no solo por su peculiar obra sino por su perfil de personaje heterodoxo que va por libre. Un libro, Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones (Global Rhythm, 2007) ofrece uno de los retratos más completos y certeros de este personaje integrado, por fin, en el currículo escénico barcelonés.

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Avui

El geni pallasso

El californià Tom Waits captiva els més de 3.000 espectadors-fans que l’acullen com un heroi en el seu primer concert a Barcelona en 35 anys de carrera


Per si amb 35 anys encara no n’hi havia prou, ahir a la nit Tom Waits es va fer pregar 40 minuts de rellotge per sortir a l’escenari de l’Auditori del Fòrum en el primer dels dos concerts que oferirà a Barcelona. Xiulets i molta impaciència la del personal que omplia els 3.100 seients de la sala. I, en el rerefons de l’espera, el preu d’or pagat per les entrades (100 i 125 euros, més 8 de despeses bancàries) augmentava el sentiment de presa de pèl amb crits esporàdics del calibre “no hi ha dret” o “que ens tornin els quartos”, com si el retard sobre l’hora prevista fos igual que l’AVE.

Però quan Mister Tom Waits va aparèixer a l’escenari es van acabar totes les lamentacions. Amb el públic dempeus, oferint-li una ovació tancada, el músic californià va ser el primer sorprès per la impressionant rebuda. Potser per aquesta sobtada raó, en la seva mentalitat de superestrella del circ rock, Waits va marcar-se una entrada histriònica, solapant Lucinda i Ain’t goin’ down to the well interpretades al bell mig de l’escenari, sobre una tarima prèviament espolvorada per augmentar els efectes visuals de la seva esperpèntica coreografia.

Al límit de la fractura
Al seu voltant, quatre músics: Omar Torrez (guitarra), Patrick Warren (teclats), Seth Ford Young (baix) i Vincent Henry (vents), més dos dels seus fills; Casey (bateria i percussió) i Sullivan (percussió i clarinet). Forçant la veu, engrossint-la fins al límit, fins al llindar de la fractura o l’esclat, Tom Waits va saber des del primer moment captivar un públic que el venera, uns fans que han hagut d’esperar més de tres dècades per poder veure’l en directe. I la satisfacció augmenta encomanant-los la sensació de ser uns privilegiats, quan se sap que en aquesta gira europea, Glitter & Doom (brillantor i perdició), només s’aturarà en set ciutats del Vell Continent: Sant Sebastià, Barcelona, Milà, Praga, París, Edimburg i Dublin, per oferir un total de 15 concerts. L’home no es prodiga més del compte i si a més a més tenim en compte a quant pugen les recaptacions com la d’ahir, tampoc li cal matar-se per tenir el futur garantit.

Ja d’entrada, un espectador poc avesat a l’univers Tom Waits podria arribar fàcilment a la conclusió que al músic li falta un bull. Amb aquesta veu que sembla que s’hagi menjat una família de gripaus sencera, amb l’expressió gestual tan passada de voltes, vestit amb el seu inseparable barret i l’americana gris curta de mànigues; tot plegat fa que la distància entre la genialitat i la pallassada es torni gairebé imperceptible. És la seva música la que li dóna el caràcter de geni visionari que l’acompanyarà fins a la tomba. Especialment quan van començar a sonar, una rere l’altra, composicions com Falling down, Jockey full of bourbon, All the world is green, On the other side of the world, God’s away on business, Metropolitan glide, Sins of my father, Hang down your head i Rain dogs. Peces escampades al llarg de la seva discografia, la majoria escrites conjuntament amb la seva dona Kathleen Brennan.

La principal característica del Tom Waits és que ha sabut crear-se un so particular i inconfusible, una gesta musical que només és a l’abast dels escollits. Beu de fonts molt diverses, de ritmes que entronquen amb l’smooth jazz i el circ, passant pel blues d’arrel i el cabaret d’entreguerres. Una mixtura tan particular, que ell acaba d’arrodonir amb aquesta veu gutural que li ha donat la natura. Una veu que, en un altre personatge, aconseguiria que el personal li llancés tomàquets i tota mena de verdures.

Tot això succeïa abans que el californià donés un descans a part de la banda per seure darrere el piano i crear el moment més corprenedor de la nit amb interpretacions com Innocent when your dream o You can never hold back spring. Més íntim i més proper, Waits va emocionar més d’un espectador mossegant-li la fibra sensible amb el dentat del piano.

Sentit de l’humor
Tornats a la nomarlitat i amb la banda al complet, enfilaria la recta final amb temes com Clap hands, Lucky day, Hoist that rag, Dirt in the ground i Make it rain. Sempre i en tot moment, amanint les interpretacions amb el seu peculiar sentit de l’humor passat de voltes. Transformant aquest barret petit i esquifit que ha creat moda (entre el públic se’n van poder veure uns quants) en el barret de copa d’un prestidigitador que fa màgia amb les notes musicals.

Però aquí no va acabar la pel·lícula d’aquest actor ocasional que només representa papers fets a mida. La tanda dels bisos, moment delicat que serveix per avisar de l’imminent comiat, va estar protagonitzada per tres peces de capçalera: November, Come on up to the house i, per acabar, Day after tomorrow com si volgués jugar amb el temps. Aquesta nit, l’imprevisible Tom Waits tornarà a sortir a l’escenari de l’Auditori del Fòrum, i segurament ho farà amb retard. Tant se val. Canti el què canti, no serà mai igual.

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El País

El poder de lo viejo

LUIS HIDALGO 16/07/2008

TOM WAITS Auditorio del Fórum, Barcelona. Entre 100 y 125 euros. 3.500 personas. 14 de julio, 21.30 horas.

La tradición en estado puro. Eso fue Tom Waits en su primer concierto en el auditorio del Fórum, una sucesión de canciones antiguas en el mejor sentido del término, una música no desgajada de esa tradición que forma parte de cualquier cultura porque en todas hay confesiones humanas entre vapores de complicidad, desgana, cierta desesperanza y masculinidad fea y vieja. Tom Waits escenificó todo eso en un concierto que, aun sin poderse saber si estuvo por debajo, a la altura o por encima de sus prestaciones, satisfizo por recordarnos que todos formamos parte de algo antiguo.

Además de ese poso, Waits recordó con sus canciones a otro representante de tiempos pasados, a Paolo Conte. Sí, el italiano es más melódico y las afinidades no se centran en la voz, sino en la manera de manosear el material sonoro, en la forma de mezclar los ríos de estilísticos que lo riegan, en cómo se sienten cómodos siendo como son y en el acento acústico que palpita bajo su música. Eso les une. Les diferencia que Waits no precisa el formato de canción, pues bien podría acudir a una continuidad deforme de música sin estructura. Pero quizá acude a ella, a la canción, como una concesión más a su público, una más en la lista de gratificaciones con las que le obsequia: pedir palmas, hacer chistes, llevar sombrero o regodearse en la autocomplacencia que proyecta en sus fieles.

Éstos, reducidos a la más vulgar condición de fans que se apelotonan ante la venta de camisetas del ídolo, aplauden hasta los estornudos, olvidan que lo mejor del batería es ser un Waits, se abonan a la credulidad y se deshacen en ovaciones ante cualquier solo, vieron lo que querían ver. Ello puede conducir a Waits a preguntarse si gusta por lo que hace o porque se llama Tom Waits, actúa pocas veces en directo y representa lo que representa. A otra escala, pero el mismo problema que tienen, sin ir más lejos, Serrat y Raimon.

Pero Waits tiene un plus en directo que le hace aún más solvente que en disco. Será porque su tradición es de taberna y, por tanto, occidentalmente comprensible; será porque parece un miembro de la troupe de Todd Browning; será porque se mueve como los personajes lisiados de Terry Pratchet; será porque, para asentarse aún más en la tierra, sale polvo de la tarima que patea, como inspirado por el aire fronterizo de las novelas de Cormack McCarthy; será porque On the nickel, Make it rain y la final Day after tomorrow resultaron fascinantes, o será porque tras pagar 130 euros a nadie le apetece sentir que los ha malgastado, pero lo cierto es que Waits sometió. Con sabiduría y tino. A pesar de todos los pesares.


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Diario ABC

TOM WAITS: El mito de la caverna en BCN

DAVID MORÁN

Primera noche en Barcelona: Sonaron los acordes pesados y marciales de «Lucinda», Tom Waits comenzó a contorsionarse y a gesticular frente al pie de micro mientras levantaba una más que considerable polvareda con sus zapatazos y todo cobró sentido: la larga (larguísima) espera, el desorbitado precio de las entradas, el nerviosismo que se respiraba en la platea, los viejos megáfonos y altavoces que colgaban del techo de esa caja escénica construida especialmente para la ocasión, las decadentes bombillas que decoraban los monitores del escenario... Fue, en una palabra, maravilloso. Así de simple.

Sólo un incómodo retraso de algo más de media hora -si han esperado treinta años, ahora no vendrá de treinta minutos, debía pensar Waits en el camerino- y las constantes y molestas idas y venidas del personal de seguridad por delante de las butacas restaron algo de brillo al estreno del californiano en Barcelona. El impacto, sin embargo, fue de altura. Una destartalada y apasionante maravilla que se grabó a fuego en la retina de los 3.000 asistentes que, después de dos horas de actuación, veían en esa pequeña fortuna desembolsada en las entradas -de 100 a 125 euros, ahí es nada- una inversión de futuro. Y es que, si hay un concierto digno de arrinconar casi todos los recuerdos musicales y hacerse con un lugar preeminente en la memoria, ése es el que el californiano ofreció el lunes en el Auditori del Fòrum.

Serpenteando por su vasto y escurridizo repertorio, Waits fabricó un concierto a medida con un generoso repaso a «Rain Dogs» -sonaron «Jockey Full Of Bourbon», «Hang Down Your Head» y dos poderosas y rotundas versiones de «Rain Dogs» y «Clap Hands»- y guiños a «Franks Wild Years», «Swordfishtrombones» y «Bone Machine». Su voz, instrumento prehistórico macerado en lodo, gravilla y alquitrán, sonó más grave y afónica que nunca y sirvió de hilo conductor a tamaño aquelarre de blues mellado, cabaret polvoriento y mutaciones de la música popular convenientemente manipuladas por unos instrumentistas de lujo. Así, si el guión exigía más fuelle, ahí estaba Vincent Henry para soplar dos saxofones al mismo tiempo y acunar suavemente las melodías desenfocadas de «All The World Is Green» y «Falling Down».
El propio Waits se sumó a la retaguardia instrumental empuñando la guitarra en una espasmódica «Metropolitan Glidge» y sentándose al piano para rebajar ligeramente la densidad de las texturas y, acompañado únicamente por el contrabajo, prenderle fuego a «You Can Never Hold Back Spring», «On The Nickel» y «Johnsburg, Illinois». Antes de regresar a esa plataforma circular desde la que presidió toda la actuación, el californiano aún tuvo tiempo de rescatar una «Innocent When You Dream» regada en humo y bourbon para la que contó con el (tímido) apoyo vocal del público. «Hoist That Rag», servida a martillazos y con las percusiones batiéndose en duelo con las palmas del público, allanó el camino para una hipnótica y arrastrada «Make It Rain» que acabó con el concierto y con Waits cubierto de purpurina.

Pero aún quedaba más: en el bis, el cabaret mutante y cavernoso del de Pomona siguió retorciéndose al son de «November» y «Come On Up To The House» y se despidió definitivamente con «The Day After Tomorrow», fundido a negro que acabó definitivamente con una eterna deuda pendiente. Anoche repitió en el mismo escenario y, una vez más, volvió a demostrar que el no canta: pesca las canciones en lo más profundo de su garganta y las saca a la luz sólo después de haberlas pulido a golpe de lija, martillo y hoz. Será que, al fin y al cabo, el arte tiene más que ver con los artesanos que con los artistas.

domingo, julio 13, 2008

San Sebastián, Auditorio Kursaal, 12 de julio de 2008 (AMPLIADA)



SETLIST
Cortapegado del nunca lo suficientemente alabado Eyeball Kid

Lucinda/Ain't goin' down to the well no more
Way Down in the Hole
Falling Down
Chocolate Jesus
All the World is Green
Hold On
Cemetary Polka
Dirt in the Ground
Black Market Baby
Lie To Me
Misery is the River of the World
On the Nickel
Johnsburg Ill.
Tango Til' They're Sore
Innocent When You Dream
Hoist that Rag
Make it Rain
Cold Cold Ground
November
Jesus Gonna be Here
Singapore

Trampled Rose
Eyeball Kid
Anywhere I Lay My Head




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Los amigos de Noticias de Gipuzkoa:

El prodigioso akelarre de Tom Waits

Arranca en Europa la gira 'Glitter an Doom'

El expresivo Tom Waits, en una imagen captada en los primeros instantes del concierto que anoche protagonizó en el Kursaal donostiarra.Foto: r. plaza

¿RECUERDAN el amargo diálogo final de Esperando a Godot ? Vladimir preguntaba: "¿Nos vamos?" A lo que Estragón respondía: "Sí, vámonos". El autor de la obra, Samuel Beckett, cerraba el libro con una última acotación: "No se mueven".

Pues bien. Otra lacerante y larga espera, la de Tom Waits, concluyó ayer en la capital guipuzcoana con un final más feliz que el de Godot, que jamás apareció. Sobre las 21.30 horas, el artista californiano -cuyo parecido con Beckett, por cierto, es asombroso- saltó a la arena del Kursaal y desató la taquicardia entre las 1.800 almas que le aguardaban con inusitada expectación. En 35 años de carrera, Waits nunca había pisado un escenario español, y que haya elegido Donostia como la primera ciudad del Estado que visita es un hecho que debe ser considerado como histórico. De ahí el nerviosismo que podía percibirse en el recinto.

Cobijado bajo uno de esos sombreros que son para él lo que la pipa para Sherlock Holmes, Waits irrumpió en el escenario con la banda que le acompaña en esta gira bautizada como Glitter and Doom -algo así como "brillante y tenebrosa" o "brillante y maldita"-. Patrick Warren (teclados), Omar Torrez (guitarras), Vincent Henry (vientos), Seth Ford-Young (bajo) y su hijo Casey Waits (batería y percusiones) pusieron su artillería sonora al servicio del infernal akelarre del viejo de Pomona.

repertorio más reciente

"Aullar y tocar"

Habían prometido "aullar" y tocar mambos y rumbas. Y eso es precisamente lo que hicieron. En el primer tramo del concierto sonaron canciones como Lucinda -que fue la primera-, Way down in the hole , Falling down , Hold on y una incendiaria Lie to me . Posteriormente, solo al piano, Waits interpretó varias piezas, para acabar con una escalofriante Innocent when you dream , que incluso hizo caer la lágrima de más de uno.

El grueso del repertorio lo centraron los temas de sus últimos álbumes -Mule Variations , Blood Money , Real Gone , Orphans -, y ello provocó que algunos espectadores lamentaran el olvido de trabajos de juventud tan brillantes como Closing Time , Small Change o Heartattack and Vine .

Terminado el concierto, sin embargo, todos coincidieron en calificar la actuación de prodigiosa y en señalar que, sin duda, protagonizar la obra Esperando a Waits había merecido la pena.

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La Vanguardia

El carisma de Tom Waits seduce a San Sebastián en su primer directo en España

El cantante californiano ha ofrecido esta noche en el Kursaal un formidable aperitivo del doble concierto que hará lunes y martes en Barcelona

San Sebastián.(EFE).- A Tom Waits siempre le han perseguido los adjetivos más extremos, que han alimentado además su carisma de músico de culto, y lo que hoy ha hecho en San Sebastián va a seguir engordando esa leyenda de «outsider» que se resiste a encasillamientos y que ha dejado a todo el mundo con ganas de más.

El cantante californiano ha ofrecido esta noche en el Kursaal un formidable concierto, el primero de su carrera en España y el primero también de su gira «Glitter and Doom» en Europa, que le llevará el lunes y el martes a Barcelona, y después a Milán, Praga, París, Edimburgo y Dublín.

Quienes han llenado esta noche el auditorio donostiarra no iban a la aventura, era una gran mayoría de seguidores devotos que conocía sobradamente la trayectoria de Waits, pero una cosa es saber y otra vivir a unos pocos metros el «show» de este gran contador de historias, casi indefinible sobre el escenario, donde ha logrado que convivan la fuerza, el reposo, el humor y la poesía.

Lo ha hecho en dos horas largas y 24 canciones, tocado con su inseparable sombrero, en un repaso a buena parte de su discografía y con un resultado impactante, cómplice con el público y realmente hermoso muchas veces.

Sus seguidores lo han recibido puesto en pie, lo han aclamado repetidamente y lo han seguido, se han dejado llevar por un gran músico que parece saber muy bien lo que quiere la audiencia, a la que se ha entregado como es, manierista y excéntrico, y con mucha alma de «clown».

Una plataforma circular de unos pocos metros le ha bastado al compositor estadounidense para moverse sobre el escenario, que sólo ha abandonado para interpretar tres temas al piano, entre ellos, «Innocent when you dream», con el que el público le ha acompañado en el estribillo y con el que ha conseguido uno de los momentos más bellos de la noche.

Como un viejo predicador, vestido con chaqueta y chaleco gris y unas botas que bien podrían haber trillado decenas de kilómetros, Waits no ha necesitado apenas dar un paso. Girando sobre sí mismo, encorvándose y jugando a volar con los brazos ha dominado su pequeño teatro.

Si en algo ha respetado la ortodoxia ha sido en el programa, pues ha mantenido el esquema de su «Glitter and Doom» americana, en la que ha dejado hueco a buena parte de sus grabaciones, pero dando un mayor peso a álbumes como «Mule Variations», del que no han faltado «Hold on» y «Black market baby», y «Real Gone», del que ha interpretado unas estupendas «Hoist that rag» y «Make in rain».

«Cold cold ground», «November», «Falling down», «All the world is green» y «Cemetery polka» son otras de los temas que se han escuchado en esta cita, histórica sin duda alguna para sus fieles, en la que se ha pertrechado del megáfono para cantar «Chocolate Jesus».

Quizá su voz áspera haya sonado menos a la del ogro que se va a comer al niño del cuento, pero la esencia Waits ha permanecido de principio a fin en este concierto del estreno español, que ha concluido con «Anywhere I lay my head», de su disco «Rain dogs».

Antes de ese tercer bis había cantado «Trampled rose» y «Eyeball kid», donde el ojo del chico se convirtió en una pelota-boomerang disparada en cualquier dirección, todo un número circense para adornar un final que nadie deseaba que llegase.

A Waits, con 58 años, la época de clubes y garitos nocturnos se le acabó hace tiempo. Ahora tiene mujer e hijos y uno de ellos, Casey, le acompaña en esta gira a la percusión, pero seguro que más de uno habrá abandonado esta noche el Kursaal con cierta sensación de que la ropa le olía algo a tabaco.

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Borja Hermoso en El País

Nunca nadie aulló así

Tom Waits fascina en San Sebastián en el comienzo de su gira europea

Tom Waits en San Sebastián ya es nostalgia. Se fue a la medianoche en punto, a la hora en que las brujas y los trasgos respetables se retiran a sus aposentos, donde no es descartable que les aguarde un buen bourbon. En la tierra fría, fría, como él mismo cantó ayer desde debajo de su bombín negro de deshollinador a tiempo parcial. Rugiendo, maullando y aullando adioses confusos de difícil o imposible descripción.

Se llevó las almas del público, almas borrachas de 'blues', de rock, de 'soul'...

Fue uno de esos raros conciertos con el marchamo de inolvidables

El cantante lleva una banda extraordinaria, y eso no admite un pero

Horas después, la bandera negra del trovador truculento seguía ondeando en los mástiles del Kursaal sobre las cabezas de 1.800 pobres diablos. Días después, semanas, meses, quién sabe si años y hasta lustros que ya serán recuerdo, los efluvios del desconcierto permanecerán incrustados en los tímpanos y en las retinas de todos nosotros, pobres reos de nocturnidad, incautos rehenes temporales del bardo de Pomona, California, planeta mundo, según se mira, a mano izquierda de la fascinación y el embeleso, en la tierra fría, fría.

En San Sebastián, ayer por la noche, como quien se autoinmola a lo bonzo para dar cuenta de una inquebrantable confianza en su propia apuesta, Tom Waits se llevó las almas del público, almas borrachas de blues, de rock, de soul, de carnaval y de circo, aulló pasiones y lamentos como nadie nunca había aullado, se quedó con la chica, con las chicas, pese a exhibir una de las jetas más inexplicables de la historia de la fisicidad humana -un cruce temible entre Lee Marvin y el hermano Salvatore, el monje políglota y demoniaco de El nombre de la rosa- y ejerció de lo que sabe: una factoría de ruidos y melancolías.

Después de haberse pegado una semana de vacaciones familiares y gastronómicas en las calles y tascas de San Sebastián y Pamplona (Arzak, Akelarre, Rekondo, Sanfermines y hasta una peluquería en la que soltó al peluquero: "¡Hola, quiero un corte a lo Tom Waits!"), el creador de himnos de azufre como Cold Cold Ground (desoladora su versión de ayer por la noche en San Sebastián) o Innocent when you dream (divertida, áspera y bromista en el Kursaal) protagonizó uno de esos raros conciertos marcados con el marchamo de lo inolvidable. Dos horas de música, poesía, mímica, vodevil, contorsionismo, procacidad, susurro, rugido, cariño, sorpresa, siempre la sorpresa, siempre, ayer -durante dos largas pero tan cortas horas- la dulce y escasa dictadura de lo imprevisible.

Falling down... y todo recobra otro sentido ahí, hundido / abrumado en tu butaca viendo venir la noche, oyendo rugir al monstruo. Y da igual que el malditismo militante ocupe los ínfimos tiempos muertos, y da igual que ese señor californiano y feo que ruge y brama recitados y chistes dé la sensación a veces de estar quedándose con el personal, que, por cierto, traga con todo, incluso con el desembolso de 133 euracos de vellón, con la que está cayendo aquí y en Bujumbura.

"Tengo una banda estelar, todos tocan con la precisión de un coche de carreras", le gusta decir a Tom Waits, y nada se le puede objetar visto lo visto, oído lo oído ayer: Larry Taylor en el bajo, Patrick Warren en los teclados, Omar Torrez a la guitarra, Vincent Henry en los vientos (increíbles sus solos soplando dos saxos al tiempo) y su hijo Casey Waits a bordo de la batería arroparon inconmensurablemente al padre de Swordfishtrombones en el arranque de su gira europea.

Hay que establecer, tras lo de ayer en el atestado Kursaal donostiarra, dos evidencias tan irremediables como que todo tiene principio y fin y como que al igual que nacemos, morimos: una, Tom Waits (60 tacos el año que viene) es un animal escénico de primer orden, no diremos que a la altura de su adorado Marcel Marceau, pero eso sí, con lujo de estruendos; dos, Tom Waits lleva una banda extraordinaria, y eso no admite un pero.

Él mismo se unió a la kermesse instrumental tocando por tiempos la guitarra, el piano y las maracas, desafinando (pero con estilo) desde un enorme megáfono y hasta dando pataditas chulescas a unos aparatitos ignotos e indescifrables que estaban en el suelo, justo delante de sus pies, y que hacían cling cling cling, una bobada como otra cualquiera, pero que de repente te transportaba a la antesala de cualquier viejo circo de los arrabales. Sabe mucho Tom Waits del sonido triste de los circos, mientras al fondo pasan trenes que van exactamente a ningún sitio.

Hizo mucho caso a uno de sus grandes discos, Blood money, al que en ocasiones le puso, de forma sorprendente una vez más, el rasgueo vibrante de una guitarra española en las manos de Omar Torrez. Siempre, otra vez, a la contra, siempre dispuesto a dar la batalla de la sorpresa.

La no-relación de Tom Waits con un país llamado España ya es pasado. Ayer estuvo en San Sebastián. El lunes y el martes estará en Barcelona. Algún día, algún abuelo, en algún lugar, dirá a sus nietecitos: "Yo le vi".

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Agencia EFE

Tom Waits, el genio ronco capaz de hipnotizar a todo un país

El Kursaal de San Sebastián fue testigo del primer concierto en España del músico



Unos cuantos privilegiados se fueron anoche más felices que nunca a la cama. En su primera visita en concierto a España, Tom Waits regaló una noche única en el Kursaal de San Sebastián a los 1.800 fans que quisieron saborear hasta el último instante de una antológica actuación que ya ha pasado a la historia musical española y para la que a nadie parecía importarle el astronómico precio de la entrada (de 100 a 125 euros las oficiales, las otras, sería imposible de calcular).

El singular cantante, compositor de los bajos fondos, abrió además con su concierto en San Sebastián la gira europea de Glitter and Doom, que le llevará a Barcelona los días 14 y 15 y después a Milán, Praga, París, Edimburgo y Dublín.

En su actuación sonó Way down in the hole, además de Lucinda, que fue la elegida para abrir un concierto donde no faltaron algunos clásicos de sus álbumes Rain dogs, Bone machine, Mule variations y Real Gone, considerados por muchos como los mejores del genio californiano.

Hace ya varios años que Waits atraviesa una segunda juventud, sobre todo después del lanzamiento de Real Gone (2004), su último disco de estudio, o el triple CD de rarezas Orphans (2006), con el que ha vuelto a estar en la boca de todos. Él, que parece plantar cara al paso de los años, regaló una noche de música inolvidable. Fueron himnos para borrachos impregnados de música popular americana y de blues, dos estilos por los que sigue caminando el cantante de voz áspera que tantos palos ha tocado, siempre de una forma personalísima y cada vez más experimental.

Si en la última década Waits ha huido prácticamente del directo y sólo se ha prodigado por aforos reducidos, para Glitter and Doom ha elegido teatros y auditorios, todo un privilegio para las casi 1.800 personas que le vieron en San Sebastián y las 6.200 que lo harán después en Barcelona.

En la gira, que comenzó el pasado 17 de junio en Phoenix, Waits va acompañado por sus músicos habituales: el bajista Larry Taylor, la guitarra de Omar Torrez, Patrick Warren a los teclados y Casey Waits en la percusión. De ellos ha llegado a afirmar que "tocan con la precisión de un coche de carreras" y que todos ellos son "verdaderos prestidigitadores", ya que hace canciones con ellos que nunca se atrevería a tocar sin su presencia. "Multi-instrumentistas que incluso bailan la polka como hombres de verdad", ha comentado en varias ocasiones.

Si lo de anoche fue un triunfo por goleada, Barcelona espera ya ansiosa el doblete de Tom Waits.

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Javier Pérez de Albéniz en Soitu.es


El resto es silencio

SAN SEBASTIÁN.- Eran las 21:54 del sábado 12 de julio de 2008. A esa hora, ese día, Tom Waits pisó por primera vez un escenario español, el del Kursaal donostiarra. Tenía un gran foco de luz blanca sobre la cabeza y un desierto bajo los pies. Se ajustó el sombrero, golpeó el suelo con sus pesadas botas negras, levantó una polvareda y puso en marcha el teatro de su vida. Dos horas de ruidos, silencios y canciones. El hombre con el hígado jodido y el corazón roto ofreció un concierto, el primero de su gira europea ("Glitter and Doom"), intenso, teatral, sorprendente y en ocasiones deslumbrante.

Juan Herrero (EFE)

San Sebastián pudo ver un iluminado Tom Waits.

Waits presentaba un aspecto excelente: el cuerpo de un espantapájaros, con las articulaciones descoyuntadas, el traje arrugado y una lija en la garganta. Perfecto para arrastrar por todos los rincones del planeta sus canciones sobre perros mojados, bebedores de whisky en tazas de té y chicas que sólo son inocentes cuando sueñan. Desde 'Cold Cold Ground' a 'Hold On' pasando por 'On the Nickel'. Canciones que disfrutaron de un sonido perfecto desde el primer minuto de concierto, algo nada habitual. Como no lo es la solvencia y discreción de unos músicos vestidos de riguroso negro: guitarra, teclados, contrabajo, saxos y batería (con la colaboración especial de otro de los hijos de Waits, además del batería, al clarinete y percusiones).

A lo largo de dos horas, con la sala repleta, el californiano dio un repaso a su carrera, teniendo tiempo para sentarse al piano, tocar la guitarra eléctrica y acústica, filtrar su voz por un megáfono y jugar a la pelota con uno de sus ojos, en una broma rítmicamente siniestra. La banda sonora perfecta para una película de Tim Burton. Música de burdeles, de desguace de autobuses, de pensiones con chinches, de piano bar, de fábrica de alambre de espinos, de circo ambulante. Los sonidos del mundo y algunas cosas más en un escenario sencillo pero eficaz, en el que unos grandes focos laterales creaban tonalidades de diferentes colores. Naranja, rojo, blanco, dorado... Una puesta en escena brillante para unas canciones que no atienden a reglas, que se elevan sobre si mismas desde la voz irrepetible de un genio. Una alternativa inteligente a la monotonía, puede que la verdadera música.

En San Sebastián estuvo el Tom Waits de 'Rain Dogs' y 'Swordfishtrombones', el cantante de cabaret que ejerce de mimo, el actor que trata de pisar su propia sombra, el eslabón perdido entre Jack Kerouak y Joe Ramone. Toneladas de talento en un dios zarrapastroso que odia la televisión, que se niega a que utilicen sus canciones en publicidad y que jamás ha estrenado zapatos. Ajeno a las urgencias de la música actual, cubierto de purpurina, sudor y polvo, Waits bajó el telón a medianoche. Es un espíritu libre que, como Hamlet, cree que "el resto es silencio".


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Informativos Telecinco:

El primer concierto de Tom Waits en España alimenta su leyenda de músico de culto

El cantante californiano Tom Waits ha ofrecido un formidable concierto, el primero de su carrera en España y el primero también de su gira "Glitter and Doom" en Europa. Durante dos horas largas y 24 canciones sus fans han podido disfrutar de este artista en el Kursaal de San Sebastián.

Tom Waits, en su concierto en San Sebastián. Foto: EFE

A Tom Waits siempre le han perseguido los adjetivos más extremos, que han alimentado además su carisma de músico de culto. Su concierto en San Sebastián es un ejemplo más de la leyenda de "outsider" que se resiste a encasillamientos.

Los asistentes eran en una gran mayoría seguidores devotos que conocían sobradamente la trayectoria de Waits. Por eso han disfrutado con este gran contador de historias, casi indefinible, que ha logrado que convivan en el escenario la fuerza, el reposo, el humor y la poesía.

Tocado con su inseparable sombrero, ha hecho un repaso a buena parte de su discografía. Una plataforma circular de unos pocos metros le ha bastado al compositor estadounidense para moverse sobre el escenario, que sólo ha abandonado para interpretar tres temas al piano, entre ellos, "Innocent when you dream”.

Como un viejo predicador, vestido con chaqueta y chaleco ha dominado su pequeño teatro. Si en algo ha respetado la ortodoxia ha sido en el programa, pues ha mantenido el esquema de su "Glitter and Doom" americana, en la que ha dejado hueco a buena parte de sus grabaciones, pero dando un mayor peso a álbumes como "Mule Variations", del que no han faltado "Hold on" y "Black market baby", y "Real Gone", del que ha interpretado unas estupendas "Hoist that rag" y "Make in rain".

"Cold cold ground", "November", "Falling down", "All the world is green" y "Cemetery polka" son otras de los temas que se han escuchado en esta cita, histórica sin duda alguna para sus fieles, en la que se ha pertrechado del megáfono para cantar "Chocolate Jesus". Tres bises pusieron fin al concierto de un Waits que, con 58 años, puso hace tiempo fin a la época de clubes y garitos nocturnos. Pero seguro que más de uno habrá abandonado el Kursaal con cierta sensación de que la ropa le olía algo a tabaco.

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Diario Gara

El corazón nos hizo «crack» con el exquisito Tom Waits

Artista de culto, la exclusiva visita de tom waits a Donostia a suscitado un expectación inusitada y la tensión del inicio del concierto, explotó en una apoteosis final, ayer noche en el Kursaal.

Anartz BILBAO

El cuco tiene fama de ser caro de ver, pero se escucha con asiduidad en nuestros bosques y la creencia popular dice que conviene tener el «bolsillo caliente» la primera vez que se le oye en cada temporada, para vivir monetariamente holgado. Ayer, en plena crisis económica, fuimos apenas dos mil almas trastornadas las afortunadas de ver y escuchar, como «aristócratas de la música popular», al «cuco» Tom Waits, quien inició gira europea en Donostia vaciando, de paso, los bolsillos de los que creemos en el poder curativo de la música, y en que directos como el del californiano son capaces de mejorar -al menos por dos horas- nuestras vidas. Quizas por todo ello, por la particularidad del genial Waits, por la locura económica realizada o por que, convertido en acontecimiento social ineludible, para muchos aficionados era importante no faltar, la audiencia se presentaba expectante e incluso exultante media hora antes de que el de Pomona saliera -tras un retraso de media hora-, a escena. Entre el público, muchas caras conocidas e implicadas, de alguna manera o de otra, en el ambiente -o negocio- musical, además de artistas de muy diverso pelaje y algún que otro despistado que se acercó desde Sanfermines, según demostraba el atuendo rojiblanco de más de un asistente. En definitiva, nadie se quería perder la visita de un artista de culto que no se prodiga en esceso en escena.

Tom Waits, nacido en Pomona, California, en 1949, iniciaba en Donostia la gira «Glitter & Doom», tras editar en 2006 el triple trabajo «Orphans». Una gira con apenas una docena de fechas en Estados Unidos y quince en Europa, en apenas siete ciudades.

La noche se presentaba incierta, porque cuando, tras años y años de reposo, abres la botella de vino que reposaba en el rincón más recóndito de tu bodega, y has pagado muy muy bien por ella, es tan probable que el resultado sea soberbio como que salga picado. Además, el artista norteamericano jugaba ambiguo en el cartel de la gira, pudiendo ser un mago capaz de encantarnos con su polvo de oro, como un enojado homeless con intención de arrojarnos polvo a los ojos.

Apoteósico, desde el inicio

La incertidumbre, sin embargo, se disipó en cuanto, en medio de una atronadora ovación, el interprete saltó gesticulante a escena. Con traje oscuro y bombin, encaramado a una tarima en medio del escenario y bien arropado por su banda, compuesta por cinco elegantes y versátiles músicos, Tom Waits demostró ser un animal de escena, con el poder hipnótico de sus desgarradoramente bellas composiciones.

Envuelto en una polvareda que levantaba al zapatear el tablado, Tom Waits voló gesticulante en el Kursaal y enardeció a la audiencia desde que rompió el silencio, siendo más de una, aquí y alla, las personas que no pudieron aguantar sentadas y se pusieron a bailar en cuanto sonó el primer acorde de un concierto memorable que nunca, nunca olvidaremos.

En medio del éxtasis final, nos sumergimos en la fresca y húmeda noche de la ciudad extasiados por haber visto a un verdadero genio de la música popular. Nadie se acuerda ya, y dificilmente se arrepiente, de haber pagado tanto por otro tanto. Sin duda el estadounidense es un artista único e irrepetible, pero nos preguntamos si aún puede quedar algún otro Tom Waits, tocando solitario el acordeón, en las callejuelas de Kinsasa, Varsovia o Nueva Delhi.

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ABC

La voz exagerada y ronca de Tom Waits conquista el Kursaal donostiarra

IÑAKI ZARATA
SAN SEBASTIÁN. Los mitos se desvanecen en la distancia corta. La previa y larga estancia donostiarra del cantante Tom Waits, antes de su esperado debut ibérico en el Kursaal, ha seguramente mermado brillo al mito del rockero suburbano supuestamente alcohólico y amigo de nocturnas correrías al borde del desastre sentimental y hasta físico. Pero que Waits era un ordenado padre de familia desde hace décadas lo sabía cualquiera medianamente informado sobre su biografía y la de su mujer, Kathleen Brennan.

El notable transformismo Waits, cuando de salir a escena y trabajar se trata -como ocurrió la noche del sábado, convenientemente trajeado y con su habitual sombrero- debería en consecuencia ser doblemente valorado, como el personal artista, actuante, simulador y cuentacuentos que es. Todo eso y más fue demostrado en unas dos horas de cantos roncos, teatralizaciones escénicas y particulares músicas de apoyo que parecieron un libro abierto con todos los capítulos imaginables de las sonidos populares: desde la hondura blues y gospel al rock rugoso, la fanfarria cabaretera y de vaudeville y hasta flamenco y reggae, más los ecos de viejas influencias blancas en clave de vals, polka, tango y aromas similares.

El californiano no gruñe tan salvajemente, ni distorsiona sus melodías de la manera casi grotesca a como lo hizo en el pasado, y ese cambio o evolución está suficientemente avisado en sus últimos discos. La otrora chirriante tormenta vocal es hoy más sosegada. Y es «la voz», pero la voz de la pantomima, de la exageración.
Perfecta la banda de apoyo, que incluye a su propio hijo Casey en la batería y esporádicamente su otro hijo Sullivan, en la que hay muchos cambios respecto a tiempos pasados, pero que parece haberse engrasado al detalle en su reciente gira americana. Y más de veinte títulos en unas dos horas de show. Con repaso a varias épocas (Rain Dogs, Mule Variations, Real Gone o el recopilatorio Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards, última obra discográfica aparecida). Hubo parada y fonda en álgidos momentos tipo Hold on, Down the hole, Chocolate Jesus, Underground, etc. En el terreno de lo oldie, de la raíz sigue trabajando, de manera originalmente personal, rozando a ratos la genialidad en sus parodias y en su esquinadas ironías vitales. Y no ha sido además nunca carne de listas de éxitos y algunas de sus canciones han triunfado más en voz ajena que en la propia: Bruce Springsteen -aquí al lado, que en ese momento se encontraba en la ciudad con motivo de su próximo concierto en el Estadio de Anoeta-, Eagles, Rod Stewart, Marianne Faithfull...

martes, junio 24, 2008

Que viene, que viene...

Publicado en las Noticias de Gipuzkoa el pasado domingo 22 de junio.

Apenas quedan 20 días para el debut de Tom Waits en España el día 12 de julio en el Kursaal de Donostia. La gira arrancó el martes en Arizona y permite intuir cómo serán sus conciertos europeos

Tom Waits, con semblante serio y su inseparable sombrero.Foto: n.g.

TOM Waits se acerca. Su gira estadounidense acaba de arrancar muy lejos de aquí, en Phoenix, Arizona, pero la inmensidad del océano Atlántico no impide que los miles de seguidores que le aguardan en el Viejo Continente sientan la proximidad de una cita que difícilmente olvidarán.

Y es que apenas quedan 20 días para que el carnaval sonoro del tío Tom aterrice en el Kursaal de Donostia, la ciudad española que tendrá el honor de acoger el primer concierto del músico en el Estado.

Superado el duro trámite de conseguir las entradas, los fans del californiano amenizan la espera rastreando en Internet cualquier migaja informativa en torno a la gira Glitter and Doom (Brillo y perdición ), que echó a andar el martes en el Orpheum Theater de Phoenix, donde Waits actuó dos noches consecutivas. Hasta la fecha ha ofrecido un tercer recital en la ciudad fronteriza de El Paso y, sin abandonar Texas, hoy cabalgará hacia Houston.

¿qué canciones tocará?

Imprevisible

Lo ocurrido en las tres paradas iniciales de su tour estadounidense basta para hacerse una idea de cómo serán sus conciertos europeos: diferentes. Lo único que parece seguro es que la bizarra Lucinda , incluida en el reciente Orphans (2006), abrirá las sesiones. Después, sólo Waits sabe qué interpretará, pues los repertorios hasta el momento son bastante distintos. Incluyen, eso sí, canciones rescatadas de los más diversos rincones de su discografía: Small Change (1976), Rain Dogs (1985), Frank's Wild Years (1987), Bone Machine (1992) o Real Gone (2004).

Muy pocos temas se repiten de un bolo a otro. Para ilustrar lo imprevisible que es la gira, cabe señalar que en los dos conciertos de Phoenix interpretó la hermosa Innocent When You Dream al piano, pero en Houston no lo hizo. Y las elegidas para cerrar las tres actuaciones son diferentes, Time , Eyeball Kid y Dirt in the ground , respectivamente.

Cada noche su infernal fanfarre escupe una media de 20 tonadas durante dos horas de fiesta en las que el bajista Larry Taylor ha sido sustituido por el suplente Sean Ford-Young. Algunas imágenes colgadas en el omnipresente YouTube muestran a un Waits aferrado al megáfono y las maracas, en plena forma con la guitarra y el piano, y aparentemente receptivo a las peticiones del público. Así que ya saben: vayan al Kursaal y desgañítense gritando el título de su canción favorita. Tal vez les complazca, porque más difícil era que Waits viniera a Donostia. ¿O no?

lunes, junio 16, 2008

Desmontando a Tom Waits



Reportaje de Juan G. Andrés publicado en Noticias de Gipuzkoa el pasado 2 de junio.

Es muy probable que cuando usted lea estas líneas se hayan agotado todas las entradas para asistir a un acontecimiento histórico: el concierto que el músico estadounidense Tom Waits ofrecerá el próximo 12 de julio en Donostia. En el supuesto caso de que aún quede algún ticket será porque el teléfono habilitado por Telentrada (902 10 12 12) ha enmudecido víctima del colpaso.

Y no es para menos. En tres décadas largas de carrera musical, TomWaits jamás ha pisado un escenario español –hecho que le ha granjeado el título de artista más deseado por los promotores de conciertos del país– y, contra todo pronóstico, la primera vez que actúe entre nosotros lo hará en el Kursaal.

UN ARTISTA EN LOS MÁRGENES
‘Desmontando’ aTom

No faltarán quienes se asomen a estas líneas sorprendidos por la importancia que el arriba firmante concede a un tipo del que jamás antes habían oído hablar.Y es lógico. TomWaits nunca ha sido un músico de masas, aunque es cierto que cada vez goza de mayor predicamento entre los melómanos españoles y los grupos de música que, por esnobismo oportunista o porque realmente adoran sus discos, le citan entre sus artistas preferidos.

En los albores de su carrera su voz era algo más dulce y accesible, pero hace años que canta con un timbre en absoluto melódico que a los no iniciados les puede parecer el bramido de un borracho. Pero nada más lejos de la realidad. Quien se acerque por primera vez aWaits debe hacerlo sin prejuicios, con cierta curiosidad y sin abandonar a la primera de cambio.Sólo así, con una escucha tras otra, es posible disfrutar del excéntrico y arrebatador universo musical del californiano, que siempre ha vivido en los márgenes de la creación y se reivindica como outsider.

Porque su música –¿cómo explicarlo? – no se asemeja a ninguna otra. Podría definirse de modo genérico como rock, aunque en su particular crisol de estilos caben otros ritmos como el jazz, el folk y, sobre todo, el blues. En la gira Glitter and doom que desembarcará en Donostia, Waits y su banda prometen “aullar” y “tocar mambos y rumbas”. ¿Crisol de estilos? Quién sabe... Lo esencial es que Tom Waits sólo se parece a TomWaits.

Su obra se compone de una veintena de discos que van desde Closing Time (1973) al álbum triple Orphans (2006), pasando por títulos como Blue Valentine (1978), Frank’sWild Years (1987), BoneMachine (1992), TheBlackRider (1993) o Alice (1992), que dan fe del trabajo de un visionario que renuncia a la comodidad y acostumbra a reinventarse cada cierto periodo de tiempo.

Pese a todo, serán más quienes den prioridad a conciertos de otros artistas como Bruce Springsteen o Bob Dylan, que ya han actuado en Donostia o en alguna ciudad cercana. Todos –incluidos algunos responsables institucionales– deberían entender que la visita de TomWaits traerá a Donostia –y a Barcelona, donde recalará el 14 y el 15 de julio– a espectadores, no sólo de todos los rincones de España,Portugal y el sur de Francia, sino de otros muchos países de Europa, continente por el que no se prodiga demasiado. Porque Waits sale de gira cada dos o tres años, y suele ofrecer el grueso de sus escasas actuaciones en Estados Unidos.

Por ello, es justo reconocer el éxito cosechado por Xavi Manresa, responsable de Cap-Cap Producciones, una humilde promotora catalana que al final se ha apuntado el tanto junto a su amigo Iñigo Argomaniz, de la firma donostiarra Get In. Esta vez todo apunta a que no ha habido pujas ni pugnas con otras ciudades.

El modus operandi de Waits no obedece a la ley de la oferta y la demanda. Actuará en España sólo por su relación personal con Manresa y porque hace seis años éste hizo de guía personal durante las vacaciones que pasó en Barcelona con su familia. Sólo falta que Argomaniz y su equipo le procuren la más feliz de las estancias en Donostia. Quizá así TomWaits se enamore de la ciudad y sólo sea necesaria la pequeña ayuda de una nueva conjunción astral que le traiga de regreso a una ciudad en la que será difícil verle de nuevo.
























El ‘crooner’ de las cavernas

Aguardiente, caverna, resaca, ultratumba, taberna, infierno, nicotina, alarido... Cualquiera de esos términos puede asociarse a la voz deWaits. “Trato de lloriquear, zapatear, susurrar, quejarme, silbar, sentarme, prorrumpir, rabiar, lamentar y seducir. Con mi voz puedo sonar como una niña, como el hombre de la bolsa, como una cereza, un payaso, un médico, un asesino. Puedo ser tribal, irónico o trastornado. Mi voz es realmente mi instrumento”, ha dicho.
Pero su voz y su inclasificable música han cambiado a través de las décadas. Escuchar las canciones clásicas de su álbum de debut, Closing Time (1973), poco tiene que ver con los ritmos transgresores que exploró a partir de los 80. Verle en directo, además, es un lujo que muy pocos han podido permitirse, pues raciona sus actuaciones con cuentagotas. En sus conciertos–y eso incluye el deDonostia– no hay invitaciones para periodistas ni políticos, con lo que se asegura de que sólo asistan quienes realmente desean hacerlo. Y al precio de 100 euros. Preguntado por sus breves giras, el hombre del megáfono dice: “Hay que mantenerlos hambrientos. Ya sabes lo que dicen: no des de comer a los delfines o te agujerearán la barca la próxima vez que salgas”.

De libros y películas
Los primeros años de la carrera de TomWaits serían difíciles de entender sin la inspiración que le brindaron escritores como Jack Kerouac, Allen Ginsberg o Charles Bukowski. Muchos le consideran, y con razón, descendiente directo de la Generación Beat. Asimismo, la importancia del californiano comoautor literario está fuera de toda duda. Echen un vistazo, si no, a los libretos de sus discos y lean cualquiera de sus textos, que abordan historias de perdedores atormentados
y fábulas surrealistas que parecen atrapadas en el más bizarro de los sueños. Por otro lado, su relación con el cine se plasma en dos vertientes: la de actor y la de compositor de bandas sonoras y canciones para películas. Es autor de las partituras de Corazonada, de Francis Ford Coppola, y de Noche en la tierra, de Jim Jarmusch. Dichos cineastas le han dirigido en numerosas apariciones como intérprete secundario y recientemente ha concluido el rodaje de The Imaginarium of Cotor Parnassus, donde su director, Terry Gilliam, le ha convertido en el mismísimo Satanás. Algunas de sus canciones están indisolublemente unidas a ciertas películas. ¿Es posible pensar en Smoke o Léolo y no recordar Innocent when you dream o Cold cold ground?

“Detrás de un gran hombre...
...hay siempre una gran mujer”. El dicho no tiene por qué ser rigurosamente cierto en todos los casos, pero lo es en el de Tom Waits, un hombre que en los 70 caminó por el lado más salvaje de la vida. Hasta que una mujer, Kathleen Brennan, se cruzó en su camino.Waits había mantenido una corta pero turbulenta relación con Ricky Lee Jones, y al poco de romper con ella conoció a Brennan, que trabajaba como correctora de guiones en Zoetrope, la productora de Francis Ford Coppola. El músico ha confesado en alguna ocasión que lo suyo fue amor a primera vista. Y menos mal, porque no sólo le apartó de la bebida y le “salvó”, que además sumó su talento al de su marido, con quien escribe las letras de sus discos desde mediados de los 80. “Es probablemente como dos pájaros en un extraño ritual de apareamiento, levantando polvo, revoloteando, volviendo al mismo sitio”, dice TomWaits sobre el tándem de compositores que forma con su esposa, poco aficionada a aparecer en los medios. Tienen tres hijos, Kellesimone, Sullivan y Casey. Este último tocará la batería con su progenitor en la gira Glitter and doom.

Discografía selecta
En 35 años ha publicado una veintena de discos. En los primeros canta un Tom Waits más convencional que, con una vozmás dulce, cuenta historias ambientadas en tugurios de mala muerte. Son los años de Closing Time (1973), Small Change (1976), BlueValentine (1978) y Heartattack and Vine (1980), que contienen joyas de la talla The Piano Has Been Drinking (Not Me), Kentucky Avenue y Jersey Girl. Su feliz encuentro con Kathleen Brennan y su salida de la
discográfica Asylum permiten a Waits explorar otros territorios musicales en los que el sonido –y el ruido– cobra una importancia vital. Swordfishtrombones (1983) supone el inicio de su colaboración con Island Records, con quien graba discos tan brillantes como Frank’s Wild Years (1987), Bone Machine (1992) y The Black Rider (1993), donde el eclecticismo es la máxima. En 1999 fichó por Epitaph, en cuya filial, Anti, publica desde entonces. En trabajos recientes como Real Gone (2004) ha parido música bastarda plagada de funky, mambo, rap y blues. ¿Quién sabe quéWaits nos depara el futuro?