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miércoles, octubre 05, 2011

Ruta 66 de octubre



Tom Waits ocupa la portada del número de octubre de la revista Ruta 66. En el interior, cinco páginas centradas sobre todo en la última etapa de su carrera, con diversidad de opiniones y puntos de vista.

¿Alguien lo ha leído?

martes, mayo 25, 2010

Tom Waits, editor de Mojo


Tom Waits es el editor invitado del número 200 de la revista británica Mojo, próximamente en los mejores kioskos.

Waits entrevista a Hank Williams III y hace una selección de sus canciones, películas y libros favoritos, entre los que aparecen nombres como James Brown, William Burroughs, Alex Chilton, Jack Kerouac, Charles Bukowski, James Dean o David Lynch.

Además, Mojo regala un cd compilado por el propio Waits que reúne quince canciones de artistas como Bob Dylan, Howlin’ Wolf, Ray Charles, Harry Belafonte, Cliff Edwards, Big Mama Thornton o Prisonaires.

Por último, también aparece un artículo sobre la obra pictórica de Kellesimone Waits, hija de Tom Waits y Kathleen Brennan.

miércoles, marzo 03, 2010

El monstruo que todos amamos

Reportaje de Diego A. Manrique en El País del pasado 26 de febrero.


En una hipotética competición para determinar el artista estadounidense más cool, es muy posible que Tom Waits ocupase el primer puesto. Alardea de productividad: puede editar dos álbumes el mismo día o juntar sus temas sueltos en un triple disco. Su música rompe normas: impresiona su primitivismo, apabullan sus desmadejados arreglos, desconciertan esas letras donde alterna religión y crueldad. Y ejerce de notable actor (secundario), generalmente en películas minoritarias.

"El público es un animal al que mejor no alimentar", suele decir el cantante

Tom Waits es generoso con su arte pero tacaño con su presencia pública. A diferencia de la mayoría de los artistas, detesta que su música sea usada en publicidad (y ha pleiteado, con éxito, contra los listos que intentaron sortear su prohibición). Raciona sus directos: sus giras son raras y breves, limitadas a actuaciones en teatros. Rechaza deliberadamente los festivales que honran su obra: Waitstock (Nueva York), Stray-dogs Party (Dinamarca), Waiting For Waits (Mallorca).

Sobre todo, Waits extiende una niebla perpetua sobre su pasado, su vida cotidiana, sus motivaciones. Concede entrevistas cuando se acerca un nuevo lanzamiento, pero los encuentros están cuidadosamente escenificados. En ellos procede a apabullar al plumilla con información trivial, aforismos ingeniosos o anécdotas improbables. El periodista descubre que se ha divertido mucho, pero que sigue sin aclarar los misterios que rodean al artista, empezando por el principal: la relación creativa con su mano derecha, su esposa Kathleen Brennan.

Los argumentos de Waits son contundentes: sus seguidores no pueden exigir conocer sus intimidades; las canciones existen por sí solas y no necesitan exégesis; su imagen pública no debe ser cuestionada. En sus palabras, "el público es un animal salvaje al que conviene no alimentar demasiado". Así que dedica muchas energías a zancadillear el primer proyecto de una biografía seria, ordenando a sus amigos y socios que no hablen con el intruso, el británico Barney Hoskyns.
Finalmente, el libro se publica y ya tiene traducción española (Global Rhythm Press), lastrada por un título chocante -Tom Waits. La coz cantante. Biografía en dos actos- y la ausencia de índice. En el prólogo, Hoskyns examina el conflicto entre el secretismo de su protagonista y su necesidad de indagar: "Está claro que no tenemos un derecho a conocer al auténtico Tom Waits, igual que ocurre con cualquiera que elija por voluntad propia excluirse de la vida social. Y sin embargo resulta inevitable que las personas que se apasionan con la obra de un artista busquen identificarse con él: todos queremos acercarnos a su grandeza".

Hoskyns divide la biografía en dos partes. El primer acto cubre desde su nacimiento (Pomona, 1949) hasta su encuentro con Brennan, mientras se rodaba Corazonada, el musical de Coppola. Husmeando los pasos de Waits, desde San Diego a Los Ángeles, muestra la consolidación de su personaje, un beat tardío que detesta la contracultura californiana, aunque comparta discográfica con su aristocracia: en Asylum Records están desde Jackson Browne a Eagles.

Hay mucha impostura en aquel Tom Waits que pretende situarse entre Kerouac y Bukowski, aunque es más espectador que participante en los excesos de la vida bohemia. Con todo, no se entiende que reniegue de aquellos discos setenteros, que ahora maltrata: están disponibles en CD con portadas desvaídas, a veces sin letras, digitalizados sin ningún cuidado especial. Afortunadamente, Hoskyns combina el trabajo detectivesco con el análisis crítico, complementando la historia de cada grabación con el despiece de sus canciones.

Tom Waits es un caso único en el negocio musical: a estas alturas, se necesita reivindicar su cancionero más accesible, dado que en los últimos 30 años sólo ha defendido su trabajo más experimental. El segundo acto de Hoskyns navega por territorio más oscuro: en su papel de padre de familia, Waits mantiene lo que los publicistas denominarían "un perfil bajo". Pocos músicos se atreven a romper el pacto de silencio implícito en una convocatoria de Tom: como jefe, no tolera que sus subordinados se quejen o que especulen con sus acciones.

Ese ensimismamiento ha generado mucha música impactante, en un ejercicio de expresión radical que no deja de plantear problemas. El Tom Waits actual se acerca tanto a la autoparodia como el desatado beatnik del motel Tropicana: ejerce de intimidante hombre lobo, lleva su cruzada antitecnológica al borde de sabotear sus propios discos. Sus escasas actuaciones se transforman en eventos fashion donde acuden VIP que seguramente nunca han escuchado a Captain Beefheart, ni, por supuesto, saben de la existencia de Howlin' Wolf. Sus torturadas canciones sirven para que bellas actrices enriquezcan sus currículos. Se ha convertido en un freak de circo, el monstruo al que todos amamos.

jueves, enero 14, 2010

Vidas ilustradas

Nos chiva el amigo Gabriel que la edición española de la Rolling Stone incluye este mes un repaso ilustrado a la biografía de Tom Waits. Los dibujos son de Screaming Mario Loco, el guión, de Verónica Román.

martes, diciembre 22, 2009

Afortunadamente no tengo que hacer porno


Fragmentos de la entrevista de Liam Lacey sobre The Imaginarium of Doctor Parnassus publicada el pasado lunes en Globe and Mail.

Sobre por qué pidió participar en la película
No hay nadie ahí fuera como Terry (Gilliam). Cada pocos años es tiempo de cosecha, y recolecta esos extraños frutos que crecen en su cabeza y los sirve. Yo quería sentarme a la mesa.

Sobre los papeles cinematográficos
Hay temporadas en las que simplemente caen del cielo, y en otras no puedes encontrarlos en ninguna parte. Afortunadamente yo tengo otras cosas que hacer, así que no tengo que hacer cine comercial o porno para alimentar a mi familia.

Sobre la muerte de Heath Ledger
Conocí a Heath en un café londinense en una comida con el reparto y el equipo de rodaje, y una semana después había fallecido. Se iba a parar el rodaje durante una semana para trasladar la producción desde Londres a Vancouver y él se iba a Nueva York a visitar a su familia. Cuando algo así sucede, el show business te parece muy pequeño e insignificante, una especie de espectáculo secundario para el auténtico show, que es vivir y respirar. En aquel momento no pensé en la película.

Sobre Christopher Plummer (Dr. Parnassus):
Estaba muy asustado. É les como el monte Rushmore, y yo soy sólo un pianista. Fue estupendo. Es un gran artista, y también toca el piano.
Pero, tío, la primera escena que hicimos… Eran las tres de la mañana y hacía frío. Había caballos, y un gran solar, y parecía el fin del mundo. Había estado estudiando el guión por mi cuenta, pero todo desapareció de mi cabeza. Ciento sesenta personas de pie alrededor pensando “¿cuándo va hacerlo bien éste?”
Pero Chris no podría haber sido más generoso. Dijo “Por dios, acaba de bajarse del avión. ¿Qué esperáis?” Acabaron escribiendo mis diálogos en cuadernos y los aguantaban fuera de plano para que los leyera. Yo estaba muerto de vergüenza.

Sobre actuar y escribir canciones:
Bueno, yo me considero un director de películas para los oídos. Siempre he sido consciente de la parte teatral, de cómo aparezco cuando interpreto canciones. Pero la gente escucha música de formas muy diferentes. Algunas personas perciben la música como colores; otras ven agua gris derramándose por los altavoces. Algunos nunca escuchan las letras, simplemente caen en un hechizo. Algunos las comen enteras. Otros sólo cogen un trozo. A algunos de nosotros nos gusta revolcarnos sobre ellas como un perro.

miércoles, octubre 21, 2009

La realidad está muy sobrevalorada

Algunos fragmentos de la entrevista conjunta de Tom Waits y Terry Gilliam publicada el pasado 8 de octubre en el diario británico The Times con motivo del preestreno de The Imaginarium of Doctor Parnassus.



TW: No trabajé con Heath (Ledger), todas sus escenas habían sido ya rodadas cuando yo llegué. Pero nos conocimos en una comida y mi mujer se sentó a su lado. Me dijo que le recordaba a nuestro hijo, que tiene 24 años, y es impetuoso, y patina en el filo, completamente espontáneo y altamente imaginativo. Ella (mi esposa) tenía cosas maravillosas que decir sobre él. Estaba lleno de vida y contradicciones. Eso es lo que hace que la gente sea interesante en la pantalla.


………

TG: Lo he dicho siempre, con cada película, yo no la hago, la película se hace a sí misma. Los dioses del cine están ahí arriba, a lo suyo, y esta película se estaba creando a sí misma. Heath muere en mitad del rodaje. El último rollo de película se agota y Bill Vince, el productor, muere. Unos meses más tarde me atropella un coche y me rompo la espalda.

……………

TW: Acepté porque Terry me quería en la película. No me importaba qué era lo que quería que hiciese. Probablemente habría pintado decorados, sinceramente.

TG: Simplemente no se me ocurrió un Diablo mejor que Tom. Su música abarca toda la seducción, toda la tentación, toda la oscuridad, toda la penitencia con las que el Diablo debería estar familiarizado. Dios sólo trabaja en espacios reducidos, el Diablo trabaja en las grandes salas. Este es un hombre que canta canciones para los ángeles y las canta con la voz de Belcebú. El carnaval, el sideshow, el circo de deformidades, es un mundo en el que yo quería estar. Y eso es exactamente lo que Tom es.

TW: ¿Actúo cuando toco en directo? Oh Dios, sí. La realidad está muy sobrevalorada. Mientras le entretengas, a la mayor parte de gente no le importa si le estás contando la verdad. Casi todo el mundo es una combinación de realidad y ficción. Todos nos inventamos a nosotros mismos de una manera u otra.
……………………

TG: He mostrado Parnassus a muchos niños y todos han experimentado algo, han aprendido algo. Es interesante, hay una distribuidora americana, muy conocida, un director muy famoso es parte de ella… Le enseñamos el film a esta compañía y dijeron: “Oh, es maravilloso, pero es demasiado sofisticado para nuestro público”. ¿Cuál es ese público tan tonto del que están hablando, cuando un niño de siete años puede comprenderlo? Hay una impresión sobre la falta de inteligencia de la gente en la que Hollywood cree a pies juntillas. Pero la gente no es tonta, la gente es lista. Sólo tienes que darle algo que esté a la altura.

………

TW: Creo que el auténtico problema era que lo que Bush quería realmente en la vida era ser el Alto Comisionado del Baseball, pero el puesto no estaba disponible.


…………..

TW: Estoy a punto de sacar un disco en directo, Glitter and Doom. La mayor parte de la gente no quiere escuchar un álbum en vivo porque se imagina que es simplemente una recreación de un material que ya conocen, pero yo creo que las canciones son lo suficientemente distintas. Además… ahora me siento realmente como un charlatán, pero también hay un disco extra que son sólo mis reflexiones quijotescas entre canciones, al piano. Como dicen, es un valor añadido.

TG: Yo vuelvo a intentarlo con The Man Who Killed Don Quixote. El caballo ya tiene tres patas en estos momentos. Hemos hecho una reescritura profunda del texto y creo que es mucho mejor. El plan es rodarla el próximo mes de abril. Es mi cuarto intento de hacerla. ¡A la cuarta va la vencida! Además, quizás haga una ópera en 2011, en la English National Opera. Una ópera tradicional que nunca ha funcionado antes. No quiero decirte el título, podría gafarlo.

TW: ¡Invéntate algo! Se llama ¡Oh cielos! y actúan Alice Cooper y Dana Andrews… como decía, la verdad está muy sobrevalorada.

sábado, agosto 08, 2009

Les mil cares de Tom Waits

Segunda parte del artículo de Pedro Sánchez Tuomala en Menorca Info.



Molt bé, me feia ganes escriure una mica sobre un parell de cosetes mones com en Bob Dylan (açò queda pendent, ara que sé que serà homenatjat a Menorca), o alguns llibres rockers que he llegit últimament; però vist l’èxit de crítica i públic de l’últim article, seguiré xerrant d’en Tom Waits. Perquè quan una fórmula funciona, un s’ha d’aferrar a ella fins que no doni per més. Eh, Ricky Martin? Eh, Angus Young? Eh, Buenafuente?

La veritat és que ja se m’ha passat l’època obsessiva amb el mestre entre mestres, ara estic escoltant coses més durilles. M’explic: ha començat l’època de revetlles, i a pesar que amb els Sarau tocam “Anarchy In The UK” i “Run To The Hills”, un acaba amb una sobredosi de sucre que fa necessària una dosi de Mastodon, Anthrax o Kill’em All per tornar cap a casa a les cinc del matí. Però bé, com que Mr. W sempre roda pel meu cap, no hi haurà problema, amics. Per on anàvem? Ah sí, l’havia de veure en directe.

Bé, abans m’havia de fer amb tots els seus CD, i vaig començar assessorat pel meu profe de música de l’època (en Ginés, que va marcar molta gent a l’institut d’Alaior, i amb qui vaig acabar anant a veure en Paul McCartney a Barcelona), un fan dels Beatles, Ben Harper, Zappa i de la bona música en general. Em vaig fer amb els seus discos dels vuitanta, els més cabareteros, teatrals i plens d’acordions (un instrument que només aguant si el toca Tom Waits). El nivell no davallava, música freak (en el sentit de circ macabre), metàfores insuperables (“The wind is making speeches and the rain sounds like a round of applause”, és a dir: “El vent fa discursos i la pluja sona com un aplaudiment”) i no una, sinó dotzenes de veus que interpretaven personatges quasi cinematogràfics.

Cinematogràfics? Si voleu xerram de cine, perquè per aquella època vaig descobrir l’altra vessant artística del senyor dels mil barrets: el cine. Com a actor. Recordau la pel·li de principis dels noranta, “Dràcula de Bram Stoker”? La versió que va rodar Francis Ford Coppola, amb Winona Ryder, Keanu Reeves i Gary Oldman? Als de la meva edat us sonarà, si no l’heu vista, val la pena, no és que mati però mola. I una de les raons per què mola és perquè el personatge de “Reinfeld” l’interpreta, clar que sí, Tom Waits disfressat amb una camisa de força i menjant escarabats durant mitja pel·li. Tranquils ecologistes, no se’ls menjava ni res, només es passejaven per la seva boca i els escopia, segons les seves paraules: “una petita experiència caníbal”. I mira, documentant-me per aquest article he descobert que també va doblar els crits terrorífics dels comte Dràcula. Una excusa més per revisar-la.
Però aquest no és l’únic paper a la seva carrera cinematogràfica, ni de molt el millor. Destaquen “The Fisher King”, amb Jeff Bridges i el patatero de Robin Williams; o “Ironweed”, amb Jack Nicholson i Meryl Streep (que acabo d’aconseguir en DVD, la regalaven amb nosequina revista i encara no l’he vist, però va ocasionar una conversació amb la quiosquera que també és fan de Tom Waits. Meravellós). I si hem de destacar el seu millor paper, hem de xerrar de “Down By Law”, de Jim Jarmusch. En aquesta pel·li vuitantera en blanc i negre, de ritme lent però intens, el nostre home, a més d’aportar tres temes a la banda sonora, la coprotagonitza juntament amb John Lurie i Roberto Benigni. Sí, el mateix Roberto Benigni de “La Vida Es Bella”, una pel·li un poc pastelera que en el seu moment vaig anar a veure al cine, en horari escolar, perquè en Ponç Pons va decidir que tot l’institut l’havia de veure. Bé, doncs a “Down By Law” està incommensurable. Si vols te la deix, Ponç.

Ale, ja teniu pel·lis per baixar, seguim amb els discos? Quan vaig anar a estudiar a Barcelona, vaig seguir comprant els seus CD, entrant a la seva etapa 70’s. I quina altra sorpresa em vaig endur quan vaig posar “Small Change” (1976). El disc s’obria amb la que, a dia d’avui, consider una de les millors cançons que s’han escrit mai, almenys la millor lletra segur, segur, segur (Mostra: “It’s a Batter Old Suitcase To A Hotel Someplace / And A Wound That Would Never Heal / No Primma Donna / The Perfume Is On An Old Shirt That Is Stained With Blood And Whiskey”, és a dir: “És una maleta vella i abatuda cap a un hotel a qualque banda / I una ferida que mai es curarà / No és una Prima Donna / El perfum és a una vella camisa que està tacada de sang i whiskey” Toma!). La típica cançó que un voldria que sonés al seu funeral. Preneu nota. I després posau “Ace Of Spades” perquè la gent vagi sortint rapidet.
Però la cançó (i el disc sencer) era totalment diferent al Tom Waits que jo coneixia. Hi havia un piano que sonava perfectament afinat (!), hi havia cellos, hi havia saxos, hi havia seccions rítmiques jazzeres... tot era molt més convencional, o no tant, ja que en aquell any van sortir el “Destroyer” de Kiss, “Dancing Queen” d’ABBA, “2112” de Rush i el primer dels Ramones. Però era convencional respecte als altres discos de Waits, i així serien tots els seus discos fins l’any 1983, quan canviaria de companyia discogràfica, d’estil i de vida.

Aquesta és una altra cosa que m’encanta del senyor Waits, i que em serveix per rebatre aquest argument tant pueril que diu que per escriure una bona cançó s’ha d’estar en contacte amb el carrer, s’ha de viure al límit, s’ha de tenir sexe amb quantes més persones millor i s’han de prendre substàncies quan més il·legals millor.

Bé, tot açò li serviria a lumbreres com el meu amic Morrison, però no per al meu ídol, que li dóna bastants voltes com a lletrista i com a cantant. I si m’apurau la norma es pot aplicar perfectament a n’Eric Clapton, que quan va començar a tenir una vida acomodada va començar a fer “Tears In Heavens” i altres coses igualment abominables. (Sí, ja sé la història de la cançó i no li desig ni al meu pitjor enemic, però açò no minva les meves ganes d’estrangular quan qualque guiri la toca quan ve a la botiga a “provar guitarres”).

Però no ens desviem. Realment em fascina l’evolució de Tom Waits: començar interpretant un personatge (el cantautor entre el jazz i el folk californià; el poeta beat, bevedor i explorador de la nit més sòrdida). Arribar al màxim que pot donar aquesta caracterització en els discos dels últims setanta (“Small Change”, “Blue Valentines”). Començar a repetir-se perillosament quan el seu alcoholisme s’accentuava i la seva vida començava a ser cada vegada més desordenada (vivia a l’hotel Tropicana de L.A., amb un piano vertical, una nevera plena d’estris de mecànica i uns fogons que funcionaven d’“encenedor gegant”). I bé, ell s’ho devia passar d’allò més bé, però artísticament estava apropant-se perillosament al terreny de l’autoparòdia.

Però en aquell moment va aparèixer Kathleen Brennan, una analista de guions de Zoetrope, la productora de Francis Ford Coppola, i amb ella va arribar l’amor. Aquesta senyora, que s’ha mantingut tots aquests anys al costat de Waits en el quasi absolut anonimat (només un parell de fotos seves he trobat per internet), s’ha convertit en coautora dels seus temes, coproductora dels seus discos i, bé, en aquella dona que diuen que sempre hi ha darrere un gran home. I és aquí (a partir del disc “Swordfishtrombones” del 1983) quan es produeix la transformació estilística de Waits, abandonant instruments com el saxo en favor de percussions fetes a casa; les estructures jazzístiques per coses inclassificables com “Underground”; les suades metàfores de cine negre deixant pas a delicioses descripcions de com el bacon encalça els ous a la paella... En fi, trobant la seva veu, amb influències marcades (Captain Beefheart, Leadbelly, Harry Patch) però totalment nova i única. I aquesta és una cosa que molt pocs poden dir, i una cosa que hem de valorar moltíssim en els temps que corren.

I bé, xerrant, xerrant no us he contat quan me’n vaig anar a Berlín a veure’l en directe. Ho deixarem per la propera. Mentre tant, bon Sant Cristòfol a tothom, que ja sabeu, és com Sant Joan... però ¡A lo grande! Rock’n Roll!

viernes, julio 31, 2009

Tom Waits: Màquines d'ossos i variacions sobre una mula


El amigo Pedro Sánchez Tuomala, cantante de la banda Powertrip se marcó hace unos días este bonito artículo en el diario Menorca Info. Pronto, la segunda parte.

És una d’aquelles fases. Em passen com a mínim dues vegades a l’any, encara que solen ser més. Una d’elles és just després de Nadal, aquell mes de gener fred, tonto i sense gaires al·licients. I l’altra quan començo a estar fart de l’estiu i m’encantaria perdre’m per alguna carretera perduda durant dies i dies. Però enguany, la meva etapa obsessiva amb el més genial entre tots els genis ha arribat ara, a començaments de juliol. I és per que aviat farà un any del Dia Més Feliç De La Meva Vida. El dia 15 de juliol de 2008, el meu 25è cumple. El dia que em vaig despertar, em vaig adonar que no era a ca meva, sinó a Barcelona, i vaig recordar que el dia anterior havia anat a veure en Tom Waits. I que aquell mateix vespre el tornaria a veure. Aquesta, amics, ha estat la millor sensació que he tingut mai. I ara, senyores i senyors, permeteu-me que us presenti al meu punyetero ídol: Mr. Tom Waits.

No sé si a aquest tros de terra que li diuen Menorca molta gent coneix aquest artista, però espero que aquest article corregeixi una mica aquesta situació. La veritat és que és bastant més conegut ara que fa cinc anys, i la cosa és perquè la seva figura ha estat adoptada (que no absorbida) pel modernikisme més repel·lent (com el cd que Scarlett Johansson va editar l’any passat, dedicat enterament a versionar el senyor dels mil barrets), i que també es deu, clar que sí, a tan cansats com podem arribar a ser els seus fans. Un exemple? A Mallorca ja fa vuit anys que s’organitza un festival anomenat Waiting For Waits, amb l’esperança que algun dia el senyor Waits s’animi a venir a l’illa veïna. Ho dic en serio. Mirau, mirau pel Google i veureu... Jo per la meva part he fet campanya per tots els mitjans per escampar el verí, però encara no he aconseguit que li agradi a en Tony Olmedo des Powertrip. Però no desistiré!

Com descriure l’obra, el personatge, la seva trajectòria vital, tots ells exemplars? Ni idea, fa massa temps que el tenc interioritzat, per a jo és com el sol o els arbres: fa tant de temps que m’acompanyen que no vaig darrera moltes explicacions. Però intentaré tornar enrere cap al començament de la meva devoció cap a Mr. W.

La cosa va començar veient un cd per casa, fa uns 12 o 13 anys. Em sembla que una cosina meva de Suècia li havia regalat al meu germà, i ell per la seva part quan va arribar l’estiu (estudiava a Barcelona, cosa que per aquella època el feia super-molón als meus ulls) el va deixar tirat per el menjador de casa. Jo llavors començava a “traficar” amb cassettes de Nirvana, Sepultura..., i em va captivar l’estranya portada i el títol del cd: “Bone Machine”(1991). A què es referia? Qui era el tal Tom Waits? Algú que feia màquines amb parts d’ésser humà estil Frankenstein, i després les posava a tocar música? Vaig tardar alguns dies, elucubrant i escoltant l’altre cd que el meu germà havia deixat per casa (“Get A Grip”, d’Aerosmith, bastant més convencional i baladero); fins que un dia, sol a casa, em vaig decidir a posar el cd a l’equip de música del menjador. El primer tema: “Earth died screaming”. Quin títol eh? I quin començament. Un ritme primitiu, ancestral, es va acostant des de molt enfora, i sembla que l’instrument són... ossos? Encara estàs desconcertat quan entra una veu que sembla d’algú escapat d’un manicomi, que et xerra a l’orella, posant-te al corrent que “Jacob és al forat, hi ha corbs grans com avions, el dimoni està sembrant...”. I llavors entra “LA VEU”. Una veu poderosa, gran i cavernosa com la Cova des Coloms, que diu “he viscut sis vides i estic aquí per contarte-les”. I ja. Des d’aquell moment vaig ser fanàtic d’aquest home. Però la cosa no acabava allà. A la resta del disc hi havia blues podrit (“Dirt in the ground”), gospel corrupte (“Jesus gonna be here”) i balades amb lletres que emocionarien un Hell’s angel (“A little rain” i “Who are you?”). Fins i tot hi havia una estranya peça xerrada (“The ocean doesn’t want me”), un homenatge als Ramones (“I don’t wanna grow up”) i un duet amb ni més ni menys que Keith Richards! (“That feel”, tremenda!).

Havia donat, sense voler, amb un dels discs més foscos, excèntrics i únics de la història. I la veritat, no em va sorprendre gaire. Ja us ho he dit, en aquella època escoltava thrash metal i coses bastant violentes de per si. Però amb el temps he anat enamorant-me de la producció en aparença senzilla, però elaborada al mil·límetre. M’he anat endinsant més i més en aquelles estructures i ritmes que semblen d’un passat que encara no ha arribat. He anat disseccionant unes lletres que són com una hamburguesa de dos pisos: pegues un bon mos i després t’atures a mirar les capes de pa, carn, lletuga, mostassa, tomàquet... Olé, si m’estic posant poètic jo mateix.

A partir d’allà va arribar aquella meravellosa sensació que coneixes una cosa única i que ningú més en tot el món (és a dir, casa teva, el carrer, Suc, i l’institut) coneix, i si la coneguessin, no la sabrien apreciar. És un sentiment que totes aquelles persones a qui ens agrada “una altra música”, que som una mica diferents dels altres, que tenim inquietuds que ningú més sembla tenir; tots nosaltres hem tingut aquesta sensació de... ser millors (o almenys més llestos) que la resta. Com els podien agradar les horribles Spice Girls, si ni tant sols toquen la guitarra? Nosaltres sí que en sabíem, amb els nostres petits tresors en forma de cd. I que encara tenim en la majoria de casos, mentre els cd’s de les Spice Girls són a... no ho sé, esper que enterrats a algun desert. Encara que “2 Become 1” era un temazo. Ja us he dit que a jo m’agraden els Aerosmith més pasteleros.

En aquell moment la meva relació amb Mr. Waits es reduïa a un cd, al cap d’uns anys de no saber res d’ell (Internet encara no estava saturat de blogs i myspaces) una de les meves revistes preferides va publicar una ressenya del seu nou disc, “Mule Variations” (1999). I Déu meu, el posaven com un clàssic del seu temps! Jo no era l’únic devot d’aquesta religió, hi havia més gent repartida pel món que compartia el meu fanatisme! Així que en una escapada a Barcelona em vaig agenciar el disc en format doble LP (l’any 2000!) i el vaig escoltar amb un vell tocadiscs que rodava per dins una capsa per ca meva, tot un ritual que va amplificar l’efecte que aquesta (ara sí) obra mestra va tenir sobre jo. Perquè esteim xerrant del que és, per jo, el millor disc dels anys noranta, i això és dir molt. Profunditza més en les excentricitats (“What’s he building?”, “Eyeball kid”), les influències blueseres i folk (“Cold water”, “Pony”) i firma algunes de les seves millors balades (“House where nobody lives”, “Picture in a frame”). I el començament del disc? A l’altura del de la Màquina d’Ossos. La veu distorsionada i samplejada de Waits escopint un ritme, la seva veu com a instrument de percussió iniciava “Big in Japan”. Genial, genial, genial.

Quin viatge eh? Doncs la cosa acabava de començar. Un parell de mesos després, la mateixa revista el posava en portada amb una fotografia impressionant d’un directe a l’Haia. I una crònica exhaustiva d’un concert seu! Em sembla que vaig rellegir aquella crònica 666 vegades, on es descrivia el fanatisme de la gent per aquest home, els músics increïbles que portava, però sobretot el magnetisme que aquest home, sobre el seu púlpit ple de megàfons i arena, irradiava sobre el públic que senzillament no podia apartar la mirada d’aquest senyor major vestit com un homeless, fent gestos propis d’un cabaret situat a la panxa d’una balena, contant bromes dels anys 40, cantant amb una veu que omplia la sala (i la ciutat).

Des d’aquell moment tenia un nou objectiu a la vida: veure un concert d’aquest home. I ho vaig aconseguir, amics. Però aquesta és una altra història, i us la contaré en el proper article. Fins llavors feu-vos un favor i escoltau aquests dos discs. Obrint una mica les orelles, disfrutareu com a fillets petits amb un juguet nou (o la capsa del juguet nou) i amb un poc de sort us sentireu com jo em vaig sentir aquella vegada: posseïdors d’un secret fantàstic que ningú més coneix. Salut, rock’n roll i bon Sant Martí!

lunes, marzo 23, 2009

De las cloacas vino su canto

Artículo de Diego Manrique en El País de hoy.

Una nueva biografía llega al fondo de Tom Waits pese al veto del músico
DIEGO MANRIQUE - Madrid - 22/03/2009


Barney Hoskins supo que tenía problemas cuando Keith Richards se echó atrás y le informó que, sintiéndolo mucho, no colaboraría en su biografía sobre Tom Waits. Si ni siquiera un bocazas como el guitarrista de los Rolling Stones -que trabajó fugazmente con el californiano en los años ochenta- se atrevía a romper el silencio, se desvanecía la posibilidad de elaborar un retrato de Waits a partir de testimonios de los que le han tratado.

Bajo la influencia de su mujer, el músico se radicaliza en música y política

Tras rechazar hablar con Hoskins, Tom se había puesto en contacto con su círculo de compinches y conocidos, pidiendo que no participaran en el proyecto. Una orden que casi todos acataron: Waits inspira lealtad, respeto y, sí, temor (son famosas sus explosiones temperamentales, sin olvidar su predisposición a recurrir a los juzgados). Han callado antiguas novias (Bette Middler, Rickie Lee Jones), viejos asociados y hasta colegas tan distantes como Richards o Elvis Costello.

Pero el veto no ha podido evitar que se materialice un grueso tomo, Lowside of the road: a life of Tom Waits. Hoskins no es un killer tipo Albert Goldman, uno de esos biógrafos que trituran sistemáticamente al famoso buscando atraer ventas morbosas. Todo lo contrario: británico puntilloso, ha firmado memorables libros sobre el rock de California. Sus pesquisas revelan el andamiaje del mito Tom Waits y los puntos esenciales de una existencia no exenta de turbulencias.

Low side of the road traza el perfil de un chico que vivió sus primeros años en medio de una guerra doméstica, desgarrado entre una madre religiosa y un padre alcohólico, profesor de español siempre dispuesto a escaparse de juerga rumbo al cercano México. En algún momento, Waits rompió filas con su generación: rechazó la potente cultura juvenil de los sesenta y se zambulló en el mundo de los adultos, incluyendo sus decadentes locales nocturnos. Tenía una fascinación seria por los detritos de la beat generation, los románticos del arroyo que soñaban en jazz. Algunos le rechazaron airadamente: según Charles Bukowski, Tom no poseía "un solo hueso original en su cuerpo"; le resultaba obsceno tan laborioso aprendiz de perdedor. Por el contrario, un superviviente hardcore como William Burroughs le bendijo.

A mediados de los setenta, Tom Waits grababa para Asylum Records, el hogar de los cantautores dorados; era un artista de culto, con razonables ingresos. Sin embargo, prefería vivir en el Tropicana, un motel cutre de West Hollywood, dos habitaciones donde se amontonaban libros, discos, botellas, revistas porno. De gira con figuras como Ry Cooder, evitaba los hoteles decentes previstos para instalarse en el alojamiento más casposo que podía encontrar. La atracción por las cloacas llevada a la perversidad.

Cuando el personaje le está devorando, aparece el hada buena. En 1980, durante el rodaje de Corazonada, se enamora de una dramaturga de origen irlandés, Kathleen Brennan, inquilina del taller de talento que subvenciona un Coppola en la cumbre de su poder. Kathleen le retira del alcohol mientras arregla sus barullos económicos y contractuales. Se casan rápidamente y, tras pasar por Nueva York, se refugian al norte de California, en el valle de Sonoma. Adiós a la bohemia: tienen hijos y ejercen de padres.

A diferencia de lo ocurrido cuando Dylan se retira de la circulación en 1966, no simplifica su música. Bajo la influencia de Brennan, Waits se ha radicalizado en sonido, estructuras y expresión. Ya no es la simpática destilación de un beatnik arquetípico: ahora aúlla, castiga los instrumentos, amplía su abanico estilístico. Kathleen le azuza a arriesgarse, incluso en política. Desarrolla su faceta como actor secundario, generalmente con realizadores de prestigio. Ignora las convenciones de la industria musical: nada de giras promocionales, sí a caprichos como editar dos álbumes simultáneamente. La libertad por encima de todo: tras ejercer de cola de león en Island Records, mejor ser cabeza de ratón en la independiente Epitaph.

Temeroso de que se caracterice a su esposa como una nueva Yoko Ono, Waits se esfuerza en protegerla. Así, lleva su proceso creativo a la zona de sombras. Prefiere que no quede claro cuánto hay de ella en cada disco. Desvía las preguntas incómodas con alardes de excentricidad, exhibiciones muy aplaudidas por los pocos periodistas a los que concede citas. En ese proceso se menosprecia a muchos fieles de la primera época, como el productor Bones Howe. Para Barney Hoskins, la obsesión de Waits por el misterio ha desembocado en censura encubierta. Que, inevitablemente, multiplica la curiosidad por la persona que se oculta tras esos discos intimidantes.

sábado, enero 31, 2009

A la sombra de Coppola

La esposa de Coppola ha publicado sus memorias y parece que en ellas hace alguna mención a Tom Waits, que ha trabajado con el cineasta como músico en la banda sonora de One From the Heart y como actor en películas como Rebeldes, La Ley de la Calle o Drácula. Reproducimos aquí un artículo de Oskar L. Belategui publicado en El Ideal de Granada hace unas semanas.

A la sombra de Coppola
Eleanor ha seguido a su marido a todos sus rodajes y documentado la experiencia. En la foto, en el festival de Cannes de 2006./ EFE

Eleanor Coppola retrata en sus diarios los cuarenta años de matrimonio con un genio ególatra y ensimismado

Lleva cuarenta años a la sombra de un mito. Eleanor Neil (Los Ángeles, 1936) conoció a Francis Ford Coppola en 1962 en el rodaje en Irlanda de su primera película, 'Dementia 13'. Él era un prometedor director independiente; ella una diseñadora que trabajaba de asistente del decorador. 'Notas sobre una vida' (Editorial Circe; 21 ) es el diario de una mujer que renunció a sus ambiciones artísticas para consagrar su vida a su marido y a su familia. El retrato entre líneas de un genio ególatra, machista y ensimismado, al que su mujer sigue queriendo tras superar crisis financieras y personales, entre ellas la muerte por accidente de su hijo Gian-Carlo en 1986.

El autor de 'El padrino' ya no es el genio megalómano destinado a cambiar el curso del cine. Hace tiempo que los estudios y la taquilla dejaron de confiar en él. Recorre el mundo en busca de financiación; acaba de rodar en Argentina 'Tetro' con Maribel Verdú y Carmen Maura, y su anterior filme, 'Youth without youth', ni siquiera se ha estrenado en España. Eleanor le acompaña en sus múltiples aventuras empresariales ajenas al cine, que son las que sostienen la economía familiar: intereses inmobiliarios, caprichos editoriales, hoteles repartidos por todo el mundo -entre ellos los rentables 'resorts' en Belice- y la joya de la corona: las bodegas Rubicon State en el valle de Napa, junto a la mansión Coppola.

Precisamente es en ese edén californiano donde su mujer pasa la mayor parte del tiempo. En las anotaciones de su diario, que saltan de una época a otra, asume con culpa su ocio de multimillonaria. Ocupa su tiempo diseñando el uniforme de los empleados de la bodega o viaja a los confines de China en el nuevo avión de su esposo en busca de piezas para decorar la casa. No siempre fue así. A comienzos de los 90, los Coppola todavía debían millones de dólares después de la ruinosa compra de los estudios Hollywood General y la debacle de 'Corazonada'. «En mi fuero interno sé que disimulo el miedo de que si le pasara algo a Francis yo sería responsable de esas deudas y no tendría forma de saldarlas», confiesa en 1991. Un año más tarde 'Drácula' les salvó y fue el inicio de su emporio vitivinícola.

Las torturas de Brando
'Notas sobre una vida' desprende ironía y ternura. La autora escribe que si antes le parecía vivir una gran ópera, ahora su vida es un 'haiku'. Cuando acude a un rodaje continúa percibiendo «el contraste entre el entorno creativo y estimulante de Francis y la monotonía de mi vida privada, yendo a comprar champú y copias de llaves». No le hizo ninguna gracia que Diane Keaton le confesara que se había inspirado en ella para encarnar a la sometida esposa de Michael Corleone.
Sin embargo, Eleanor no se ha quedado de brazos cruzados admirando el genio de su marido primero y de su hija Sofia después. Es autora del celebérrimo 'Heart of Darkness', el documental que sigue el rodaje de 'Apocalypse Now', y también ha firmado los 'making of' de 'Las vírgenes suicidas' y 'María Antonieta'.

La pareja se casó apresuradamente en Las Vegas. «Cuando conocí a sus padres averigüé que venía de una generación de hombres italianos que creía que la tarea de una mujer era cuidar de su casa y de sus hijos y apoyar la carrera de su marido. Francis sabía que yo tenía aspiraciones artísticas, pero esperaba que las desarrollara en casa, en mis ratos libres». La autora desliza maliciosas observaciones a cuenta de un complacido Coppola, que coloca en su regazo a guapas entrevistadoras «con su aire de Onassis».

El propio autor de 'Rebeldes' es consciente de que, en algún momento a finales de los 80, tiró su carrera por la borda. Tiene tantos compromisos que no saca tiempo para hacer películas. «Y tú no miras por mí. No dices a la gente que no estoy disponible, no me ayudas», le acusa a su mujer, que ya está de vuelta de su ego. «En otro tiempo la reprimenda me habría sentido fatal, ahora me doy cuenta de que su frustración es cosa suya».

Observadora sagaz, Eleanor Coppola ha sido testigo privilegiada de veladas con la aristocracia del cine. Ráfagas de intimidad vedadas al común de los mortales: cenas en el jardín con Anthony Hopkins imitando a Richard Burton mientras Tom Waits juega con su hija; Isabella Rossellini confesándole cómo David Lynch la abandonó después de siete años tras dejar embarazada a una ayudante; Marlon Brando «torturando» a Coppola sin salir de su caravana... Su sinceridad y frustración conmueve cuando asiste a los consejos que papá Coppola le da a su hija antes de rodar 'Las vírgenes suicidas'. «Me siento feliz por Sofia, feliz de que su padre le haga de mentor, pero también siento en el pecho una dolorosa punzada de celos».

lunes, diciembre 22, 2008

Tom Waits y la ausencia de Dios


Es un artículo de marzo de 2007, pero lo acabo de descubrir y pienso que merece la pena compartirlo. José de Segovia habla de Tom Waits y la religión en Protestante Digital.

Durante años Tom Waits fue el bardo borracho, que cantaba a las prostitutas, fugitivos, criminales y vagabundos. Ahora gracias a su mujer, lleva catorce años sin probar el alcohol, aunque a sus 56 años, sigue igual de atraído por el lado oscuro de la vida. Después de apenas haber grabado nada en los años noventa, sacó dos discos un mismo día del año 2002 y otro el 2004, a los que añade ahora treinta nuevas canciones en un triple álbum, que dedica a los Huérfanos de la miseria que deja el río de este mundo. Su voz ronca nos sigue hablando de tragedias y pecados, lejos de la gracia de un Dios que parece demasiado ocupado…

Aunque nació en una familia de maestros de clase media en Pomona (California) en 1949, el matrimonio se divorcia en 1960, después que su padre se marchara cuando tenía sólo diez años. Por eso “siempre estaba buscando un padre”, dice Waits. Fascinado por la literatura beat de autores como Ginsberg y Kerouac, comienza a escribir mientras trabajaba de cocinero y gorila en un club. Enamorado de la cantante Rickie Lee Jones, vive con ella una relación tormentosa desde 1977, compartiendo peleas, alcohol y demasiados momentos sórdidos, hasta conocer a la guionista Kathleen Brennan...

Esta chica de familia católica irlandesa, con la que se casa en 1980, fue el catalizador de su carrera musical, tras su irregular paso por el cine. Sus primeros discos habían sido recibidos como “ladridos de borracho”, pero Swordfishtrombones (1983) será su descubrimiento para la crítica, aunque todavía no para el gran público. Juntos escriben ahora todas las canciones. Uno de sus tres hijos toca ya la batería en su grupo y Waits ha empezado a vender ya muchos discos desde Real Gone (2004). Los anteriores fueron dos bandas sonoras de dos espectáculos teatrales basados en Alicia de Lewis Carroll y Woyzec de Buchner. A su excéntrica voz, se ha unido ahora la más increíble instrumentación, que abarca desde cañones de artillería a viejos cuernos.

SONIDOS INFERNALES
Si hubiera una música de fondo que acompañará los últimos tramos del túnel que lleva al Infierno, sería como estos ruidos inquietantes, que rechinan bajo la base de las percusiones siniestras que acompañan algunos temas de Tom Waits. Cantado por él, hasta el Heigh Ho de Blancanieves y los sietes enanitos de Orphans (2006), parece entonado por un grupo de esclavos infernales, al compás que marca un ogro golpeando con un martillo. Los demonios de hecho parecen llenar muchas de sus canciones, que nos hablan en ocasiones del propio diablo, pero también de Jesús, aunque no en la misma medida y desde luego no con igual poder…

Waits nunca ha hecho el menos esfuerzo para hacer sentimental sus historias. Son de una dureza tal y un ambiente tan oscuro, que su voz parece la de un monstruo viscoso, que se arrastra desde las cloacas, dispuesto a vomitar algo de esa terrible realidad que preferimos ignorar… Para muchos, todo esto es tan sucio, que no pueden aguantar un momento su desagradable voz… Las tragedias de las que nos habla, son sin embargo tan auténticas como la vida misma…




Una de las más famosas canciones que ha hecho sobre prostitutas es Christmas Card From A Hooker In Minneapolis. Toma la forma de una tarjeta de Navidad, que habla de la esperanza de una mujer que ha dejado la bebida y ha encontrado un hombre que ama al hijo que está esperando, aunque no sea él su padre. Todo parece tan idílico como el Noche de Paz, con el que suele comenzar esta canción en directo, cuando de repente el último verso nos enfrenta a una realidad muy diferente. La mujer admite que este hombre no existe y necesita dinero para pagar un abogado que la saque de la cárcel. El final de sus historias suele ser así de una crueldad tal, que resulta insoportable…

Pero si Waits nos resulta incómodo es porque nos recuerda la condición humana. En un mundo en que cualquier intento de culpabilizarnos se ve como una falta de objetividad, su música nos enfrenta a la realidad del corazón del hombre: “Engañoso más que todas las cosas”, como dice Jeremías, tan “perverso”, que “¿quién lo conocerá?” (17:9)… Muchos han intentado ignorar el diagnóstico bíblico, pensando que si las circunstancias cambiaran, el hombre sería mejor… Sus esfuerzos son sin embargo tan patéticos, como esa religiosidad que piensa lo mejor de la humanidad, aunque las evidencias digan lo contrario...

DESTELLOS DE GRACIA
La periodista Terry Gross entrevistó al cantante en un largo programa de radio en Filadelfia. Ella no es aficionada a su música, pero ha investigado bastante su vida, por lo que le hace buenas preguntas. Una de ellas hace referencia a una historia, que cuenta también Cath Carroll al principio de su biografía. Le pregunta cuál es la experiencia más extraña que ha tenido haciendo auto-stop. Dice que fue una Nochevieja enfrente de una iglesia pentecostal. Estuvieron atascados en un pueblo horas y horas, cuando se hizo cada vez más oscuro y hacía cada vez más frío. Una señora salió de la iglesia y les invitó a entrar dentro. Sentados en el último banco, escucharon como cantaban con una pandereta, una guitarra eléctrica y una batería, antes de ponerse a hablar en lenguas. Luego pasaron una ofrenda y para su sorpresa, les dieron algo de dinero, para pagar el hotel y la comida…

En el libro sin embargo Waits dice que esa señora llamada Anderson, le señaló con el dedo cuando estaban en la iglesia, cada vez que hablaba de la obra del diablo. Esto le hizo sentirse mal, dándole la inspiración para escribir la canción Down, Down, Down de su disco Sworfishtrombones (1983). Una versión algo distinta de la misma historia, que nos muestra la complejidad de Tom Waits. Ese lado desconocido le extraña también a la periodista, cuando le comenta la canción que escribió para Johnny Cash al final de su vida, Down There By The Train:
  • Suena extrañamente espiritual, cuando normalmente sus textos niegan a Dios.

  • ¿Sí, de verdad?

  • ¿No diría usted eso?

  • No lo sé.

  • Dios está ausente.

  • No lo sé, ¿usted cree que sí?

  • Bueno, en algunas canciones… Una explícitamente dice que “Dios está lejos ocupado”.

  • Sí, de acuerdo. Bueno, está lejos. No se ha ido. Sólo se ha marchado. Tiene que entender que está ocupado. Alguien como Él tiene mucho trabajo. Se tiene que ocupar de muchas cosas…
Cash desea sin embargo en esta canción que sean “lavados todos tu pecados”. ¿Cómo es esto posible? En uno de los temas que Waits escribió para el veterano grupo de gospel, The Blind Boys of Alabama, su personaje se confiesa como un borracho que sabe que Jesús va a venir pronto. Su confianza es que Dios se acuerde de su fragilidad, ya que al fin y al cabo está hecho de polvo.

En Abajo en el agujero, Waits comienza su canción en el Paraíso, donde advierte del poder del diablo. Sus personajes aparecen sin embargo siempre vencidos, aunque quisieran como el vagabundo de la composición de Gavin Bryars, que “la sangre de Jesús nunca le fallará”. El cantante añadió su voz a la grabación de este hombre sin casa, que canta un himno, refugiado en la cruz de Cristo. En su voz patética es como si se sintiera el frío de la calle, cubierto con un periódico… Sí aún así se puede vivir confiado, es que Dios no puede estar tan lejos…

José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid


© J. de Segovia. ProtestanteDigital.com (España, 2007).

domingo, diciembre 14, 2008

Omar Torrez: “Tocar con Waits es como asisitir a una escuela de genios”

Entrevista de Tania Molina Ramírez publicada en el diario mexicano La Jornada del pasado 8 de diciembre.

Las cosas cambiaron para Omar Torrez el verano pasado. Ser guitarrista de Tom Waits transformó su modo de hacer música; de pronto, si bien ya contaba con prestigio propio como músico, haber estado en la banda del compositor de Alice y God’s away on business le dio brillo a su currículum.

Ahora, aunque no quiera, en toda conversación muy probablemente llega un momento en que surge la pregunta: “¿qué tal trabajar con Tom?”

Con gusto, él lo cuenta: “Fue bellísimo. Tom Waits es un genio; trabajar con él es como ir a una escuela de genios. Aprendí muchísimo, simplemente observando cómo trabaja, qué cosas son importantes para él; cómo escucha todo y conecta todo sicológica, espiritual y musicalmente”.

Y continuó contando, con entusiasmo, en entrevista telefónica desde Los Ángeles –donde radica–, un día antes de que viajara a México para participar, el sábado pasado, en la quinta Feria de las Disqueras Independientes: “Una de las cosas que caracterizan a Tom Waits es que cuando escuchas los primeros dos segundos de una canción sabes que es él. Aprendí mucho sobre esto: tomar todas las influencias con las que creciste y hacerlas tuyas.

“En vez de nomás reproducir un estilo que escuchaste y hacerlo bien –que para él no tiene importancia–, es como si el estilo fuese apenas el comienzo de la conversación. Luego tienes que ir hacia algún otro lugar, hacer algo distinto.”

Omar Torrez, de 36 años, contó que, después de comprender lo anterior, regresó a su música y se preguntó: “¿Qué cosas puedo hacer con estas canciones para convertirlas en únicas? A las que no puedo hacer que sean más únicas, simplemente ya no las toco. Si suenan así, entonces es mi música y no sólo una copia de algún estilo”.

Tocar con Tom Waits en su gira del verano pasado fue tan determinante en su vida, que dejó una especie de antes y después. “La experiencia Tom Waits”, la llama.

Así que ahora, aseguró, a pesar de que lleva años tocando con algunos integrantes de su banda, siente que ésta es otra: “Mis ideas musicales cambiaron para siempre; es como una nueva banda, estamos tocando de un modo un poco distinto”. Y tiene algunas composiciones nuevas.

Raíces poblanas

Fresquecito de “la experiencia”, se presentó en México con su grupo, país que para él significa mucho: su padre es poblano y tiene familia en esta tierra. Suele visitar Puebla y de vez en cuando toca la guitarra, entre cuates, en el café de un amigo suyo en Cholula.

El sábado fue la primera vez que se presentó en el país de modo formal, lo cual lo mantuvo “un poco nervioso”. “Estoy muy emocionado con esta oportunidad; me entregaré por completo”, dijo por teléfono.

En México, dijo, “siento la energía, quizá porque es más romántico que Estados Unidos. En México siento la pasión en la sangre. También lo sentí en el País Vasco (de donde viene la familia paterna hace muchas generaciones, y que fue parte de la gira con Waits), adonde nunca había ido. Es muy intenso. Quizá sólo esté en mi cabeza, pero lo siento”.

Omar Torrez es fruto del norte y el sur. Nació en Seattle, de madre de ascendencia del norte de Europa y de padre mexicano.

Su progenitor tocaba la guitarra: “Desde chico asumí que eso era lo que la gente hacía. En las fiestas, mi padre cogía la guitarra y cantaba y reía y tomaba; asumí que era lo normal”.

Y siguió: “Somos producto de nuestro contexto. Mi padre tocaba cosas de Jimmy Hendrix, Juan Serrano, Carlos Montoya, Ravi Shankar y Miles Davis, y blues, de BB King… así que me acostumbré a que hubiera una mezcla de todo tipo. Cuando comencé a cantar estaba metido en el rock, pero también me gustaba la música cubana… siempre mezclé, porque así me crié”. Así que en su música hay funk, ritmos latinos y algo de blues y rock.

The Omar Torrez Band se presentó el sábado pasado en la Feria de las Disqueras Independientes, en el museo Diego Rivera-Anahuacalli.

lunes, septiembre 01, 2008

Glitter and Doom en el Popu


Después de la primera visita de Tom Waits a España, el Popu le dedica su portada de septiembre. A lo largo de doce páginas, J.L. Fernández, Ignacio Reyo y Sergio Del Río analizan en profundidad el “Glitter and Doom Tour”.

domingo, agosto 03, 2008

Fuera de genio

- Yo he venido de Madrid sólo para ver a Tom Waits. Es un fuera de genio.

Frase escuchada antes del primer concierto de Tom Waits en Barcelona el pasado 14 de julio y recogida en la sección La Vida Pública de la revista Time Out Barcelona hace unas semanas.

sábado, julio 26, 2008

Las diosas de Cohen y Waits

Columna de Adrián Vogel en Efe Eme.

La amistad entre artistas y disqueros suele venir condicionada por una agenda de trabajo. Que coincide con calendarios de grabación, edición, giras de promoción y conciertos. Un cambio de discográfica, de cualquiera de las partes, enfría la más cordial de las relaciones. Aunque siempre hay excepciones.

Por eso cuando salí de Sony (antes CBS) en 1992, para montar Compadres, me sorprendió la llamada de Leonard Cohen. Tras la sorpresa inicial al oírle al otro lado del teléfono, me pudo la satisfacción y más teniendo en cuenta la naturaleza de la llamada. Pero antes de centrarme en el favor que me pidió, quiero dar otro salto atrás en el tiempo. A la década anterior, los 80.

Nos conocimos cuando la CBS estadounidense rechazó editar Various positions. Lo cual eran muy malas noticias para la división internacional, donde trabajaba, y más concretamente para las compañías europeas. Mi jefa en Nueva York, Bunny Freidus (vicepresidenta de operaciones creativas), se movilizó rápidamente y montó una reunión para escuchar el repertorio disponible. La química fue muy buena. Posteriormente Cohen y yo tuvimos varias reuniones más para perfilar detalles (mezclas, mastering, diseño, partes de producción, información de etiqueta, calendarios, etc.). En una de esas citas, en un bar, sellamos ¡en una servilleta! las bases de su contrato con CBS Records International (que excluía a Canadá y USA). Así que resulta que Florentino Pérez no inventó nada, pero tanto a su manager (jefe de la entonces fiel y eficiente Kelley Lynch) como al abogado de la compañía, no les hizo demasiada gracia la movida.

El álbum se editó en 1984. Habían pasado cinco años desde el anterior, Recent songs. Muchos meses después Various positions también fue lanzado en su país natal y en Estados Unidos.

En 1986 ya de vuelta en España, mi jefe Manolo Díaz (presidente de la compañía española) puso en marcha Poetas en Nueva York, un disco colectivo de cantautores basado en el libro de Federico García Lorca, con portada de Úrculo. Manolo, que fue cantautor y autor pop de éxito, conocía el potencial musical de la obra del genial poeta. Con Aguaviva (que también triunfó en Italia). Asimismo sabía de mi afinidad con Cohen. Y me pidió que gestionase su colaboración para el disco, que sería la guinda del proyecto. Cuando le conté que no creía que hubiese problemas, porque la hija de Leonard se llamaba Lorca, sonrió con satisfacción. A fecha de hoy no sé si porque veía realizable su sueño de contar con el maestro canadiense o porque conocía el dato. O por ambas cosas.

El caso es que Leonard Cohen eligió un poema fácil de musicar “Pequeño vals vienés” pero difícil de traducir. Le trajo de cabeza. Fueron dos meses de intenso trabajo (creo recordar que empleó unas 150 horas para adaptar el texto al inglés). Lo cual nos hizo cambiar el lugar de grabación de Nueva York a París (estudios Montmarte). “Take this waltz” fue el resultado que después retocaría para incluirla en su siguiente álbum I’m your man (1988).

En octubre del 86 vino a Madrid para la presentación de Poetas en Nueva York y para rodar un videoclip en Granada.

Dos pequeñas notas al margen: en Holanda Poetas en Nueva York recibió el Edison, su equivalente al Grammy, como mejor disco del año y en la casa de Lorca en Granada hizo el pino y la foto fue portada del New Musical Express (me encantaría tener esa foto, pero no la localizo).

Así que cuando llamó para pedirme un favor, no me podía negar. Dos buenas amigas suyas venían a Madrid y quería que las atendiese. Eran Kathleen Brennan, la esposa de Tom Waits, y su novia, la actriz Rebecca de Mornay, con la que estaba a punto de romper (si no lo había hecho ya).

La Brennan me pareció una mujer fascinante. De tremenda cabeza. Entendí perfectamente cómo había encauzado no sólo la vida de Tom Waits sino también su talento.

Rebecca de Mornay era un bellezón y tenía ganas de marcha. Así que después de la cena nos fuimos los tres de copas.

Durante la cena hablamos de lo humano y lo divino. Y de la casualidad y del destino (todavía no conocía a Paul Auster). Me quedé prendado de la historia de cómo se conocieron. Fue en 1980, durante el rodaje de una película maldita de Francis Ford Coppola, One from the heart.

Tom Waits estaba componiendo la banda sonora de la película, para que la cantase Cristal Gayle. La Brennan trabajaba como supervisora de guiones para la productora de Coppola, American Zoetrope. Y Rebecca era una de las actrices del reparto. Ellas se hicieron amigas y unas sugerencias a Waits sobre el texto de algunos temas produjeron el flechazo.

Me sorprendía como Kathleen hablaba de su marido, de sus hijos, de una vida absolutamente normal y burguesa, ¿había domesticado a la fiera? ¿O simplemente había encauzado su talento de forma productiva? Creo que más bien fue esto último. Y “el malditismo” ha sido su mejor marketing y el que les permite llevar una vida apacible, alejada de los focos del estrellato. Aunque sean los críticos más críticos con los asuntos del marketing, los que rinden culto y pleitesía a Tom Waits. Al que sinceramente creo que sobrevaloran. Lo cual no implica que me disguste o no sepa apreciarlo. En realidad quizás sea yo quien esté sobrevalorando a su diosa, Kathleen Brennan.

Estos días Tom Waits ha actuado en España por primera vez y Leonard Cohen ha vuelto a los escenarios ¡después de quince años! Muy atrás quedan su gira anterior, la de 1993, los cinco años en un monasterio budista o el desfalco de cinco millones de dólares que descubrió en 2005. Finalmente le ganó el juicio a Kelley Lynch, que no resultó ni tan dulce ni tan fiable como nos pensábamos. Hay diosas y diosas…

miércoles, julio 16, 2008

Barcelona, Auditori del Fòrum, 15 de julio de 2008 (AMPLIADA)


Setlist

Lucinda
Way Down in the Hole
Falling Down
Poor Edward
All the World is Green
Cemetery Polka
Get Behind The Mule
I'll Shoot the Moon
Such a scream
Murder in The Red Barn
Singapore

Invitation to the Blues
Johnsburg, Illinois
Lost in the Harbour
Innocent when you dream

Lie to me
Hoist That Rag
Hold On
Black Market Baby
Trampled Rose
Make It Rain

Rain Dogs
Dirt In the Ground

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El País

CRÓNICA

Tom Waits y el parto de la mariposa

El músico estadounidense concluye su gira por España con un concierto en Barcelona

FERNANDO NAVARRO - Barcelona - 16/07/2008

Si Tom Waits tuviese que hablar sobre el concierto que ofreció ayer en el Auditori del Fòrum de Barcelona, el último de los tres que le han traído a España por primera vez en sus más de treinta años de carrera, es posible que, tirando de su habitual repertorio de metáforas, dijera que la actuación de Tom Waits pudo ser algo así como el parto de la mariposa. En buena parte, ya se sabe de lo que trata porque lo dijo antes El Principito de Saint-Exupéry, tal vez el primer espíritu beatnik de la historia conocida: Hay que soportar a la oruga para ver salir a la mariposa.

Es cierto que hubo que rascar bastante. Fueron varias las cosas que estuvieron en contra del espectáculo, empezando por un descerebrado que tuvo que abandonar la sala en mitad de la actuación obligado por agentes de la seguridad privada. Tampoco es el Audotori un sitio idóneo para conciertos como el ofrecido anoche con ese edificio frío y distante. Hubo problemas de sonido, en guitarras y micrófonos, que llegaron a desesperar al músico. Y la expectación flotaba tanto en el ambiente que pareció ser perjudicial para el propio Waits, que arrancó decidido, como por arte de magia en mitad de un escenario oscuro, pero al que le faltó enganche, como si aquello al principio fuera más una conferencia musical que la noche para disfrutar del artista más indescifrable que ha dado la historia del rock.

También es cierto que lo que ofrece el músico de California hoy por hoy no se sirve en bandeja. Temas como Way Down In the Hole, un blues aullado que parece de geriatría, ilustra los pasos que sigue Waits sobre el escenario. Es una propuesta bastarda en la expresión y genuina en su naturaleza, que hace falta experimentar porque choca con lo preconcebido. Tal vez Waits lo llamaría el paso de la oruga, y más cuando al principio los problemas fueron varios. Realmente, ese estilo se trata de una virtud, que ha hecho arma de doble filo. Tiene una capacidad de desconstruir géneros y composiciones al alcance de muy pocos, pero al rechazar lo convencional a veces puede resultar estridente. Es el camino tomado desde que publicó el álbum Swordfishtrombones.

En las tablas, el músico gesticula, hace juego de manos y se contornea como un mimo que se adentra en su propio cuento, pero deja la puerta abierta para el resto. Al otro lado hay una bandada de sonidos e historias que trascienden, pero que no siempre se llega. Ese ímpetu se va alcanzando a mitad de la actuación, gracias también al buen hacer de Vicent Henry a los vientos, tanto a la armónica como al saxo o a lo que fuera que Waits necesitase para ornamentar sus sonidos de vodevil, polka o folk. Mientras tanto, el cantante representa sus mil personajes, una esquizofrenia artística exquisita. "Soy pedazos de cosas", se definió una vez él mismo. Puede llegar a hablar en español para responder a un público cada vez más entregado, o para contar una historia a retazos, o llegar a decir que es "cojonudo estar en Barcelona".

Pero al paso de la oruga le sigue el de la mariposa. Al piano, y lo que viene después, el funambulista despliega sus dotes intactas de bohemio, marcado por el don del hechizo. Innocent When You Dream, esperada por buena parte de los asistentes que la aplauden al comienzo más que otras, es la mejor representante de las baladas infinitas de Waits, que parecen pensadas para una cantina y con un alma folk que ciega. Alejadas de lo cursi o lo anecdótico, son baladas de luna llena, de noche de hombre lobo, que despiertan los instintos primarios y levantan pasiones, al ritmo de las teclas y la voz absoluta de su autor.

Luego llegarán, entre otras, Lie To Me, Make It Rain o Hold On que muestran al Waits más indomable, entregado al máximo al feedback de su propia obra de fantástica oruga y encabezando un tren de mercancías que recorre de arriba abajo los sonidos tradicionales de Estados Unidos, que también tienen su parte de herencia de Europa. El músico californiano lo ha comentado alguna vez: se trata de tocar según el estado de ánimo, bien como los ojos del enano subido en los hombros de un gigante ciego, o como la mujer con cara de mula que baila con el chico cocodrilo, hasta que se le pone más púrpura, se le quita marrón y se le añade amarillo. Y, como demostró ayer, se termina pariendo la mariposa.

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El Periódico de Catalunya

Nueva exhibición de genio de Tom Waits

  1. El músico cambió 12 canciones de su repertorio en la segunda noche en el Auditori del Fòrum
JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Fue casi como un recital distinto, con la misma esencia pero alterado en sus formas. En su segunda y última noche en el Auditori del Fòrum, Tom Waits ofreció 23 canciones, de las cuales un total de 12 fueron distintas a la noche inaugural. Una demostración de primera mano del modus operandi del artista, partidario de mantener su repertorio vivo por la vía la rotación permanente.

Aunque las canciones cambiaran, la temperatura fue parecida a la primera noche. Público ansioso, un retraso similar en el inicio del recital (25 minutos frente a los 35 del estreno) y un clima sonoro semejante, con su cruce de andamios bluesísticos, cabaret deshauciado y asaltos al piano propios de madrugadas destempladas. Una canción menos que en la primera sesión aunque, debido a problemas técnicos que atascaron algunas piezas, el show duró un poco más, dos horas y 10 minutos.

Waits y su banda abrieron con el mismo guión, Lucinda, Way down in the hole y Falling down, pero pronto comenzaron las novedades: entraron en escena Poor Edward y una Cemetary polka que alió el fantasma de Kurt Weill con el vals. Y, tras All the world is green, carta blanca: Get behind the mule, I'll shoot the moon, Such a scream y Murder in the red barn mantuvieron el recital en vilo hasta el traqueteo de Singapore. En las 24 horas transcurridas, Waits tuvo tiempo de aprender aromáticas palabras en castellano: "Es cojonudo estar aquí en Barcelona", confesó. Su versión del idioma mostró tics un poco mexicanizantes. "¡Ándele pues!"

GUIÑO A LOS 70
La secuencia de piano culminó, como el lunes, con un Innocent when you dream apoyado por coros populares, pero antes hubo más cambios de guión. Sonó Lost in the harbour (donde Waits cambió el piano por el órgano) y hubo, atención, un viaje a los 70 con Invitation to the blues, del álbum Small change. En la recta final, los cambios respondieron por Hold on, Black market baby y Trampled rose. No hubo tres bises, sino dos: Rain dogs y la gospeliana Dirt in the ground. Dos noches, dos repertorios... y un único Tom Waits.

Barcelona, Auditori del Fòrum, 14 de julio de 2008 (AMPLIADA)


Setlist aproximado
(¿alguien lo apuntó?)

Lucinda - Ain't Goin down
Way down in the hole
Falling Down
Jockey full of bourbon
All the world is green
Other side of the world
God's Away on Business
Metropolitan glide
Sins of my father
Lie to Me
Hung down your head
Rain dogs

You can never hold back spring
On the nickel
Johnsburg, Illinois
Innocent when you dream

Clap hands
Lucky day
Hoist that rag
Dirt in the ground
Make it rain

November
Come on up to the house
Day after tomorrow

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La Vanguardia

Y Tom Waits llegó a Barcelona

El cantautor arrasó anoche en el Fòrum | Expectación entre el público que asistía al concierto y sensación de "yo estuve allí" | El cantante fue presentador de circo, fiera y, por supuesto, domador del público

Tom Waits llegó por fin a Barcelona. Y Anoche con retraso. Treinta y cinco minutos llenos de aplausos, silbidos e incluso pataleos esperaron sus fans en el repleto Auditori del Fòrum a que saliera al escenario con su grupo. Eran las 22.05 horas y, por fin, el cantautor de Pomona, California, actuaba por primera vez en Barcelona, donde lo volverá a hacer hoy.

Waits, cantautor, actor, clown y, en general, un personaje tan infrecuente como irrepetible arrasó durante sus algo más de dos horas de actuación. Dos horas que comenzaron, como es habitual en esta gira llamada Glitter and doom (algo así como Fulgor y condenación), con un tema mezcla de Lucinda y Ain´t goin´down to the well,ambos de su último disco, el mastodóntico Orphans,en concreto de la sección Brawlers.Y acabó ocho minutos después de la medianoche tras haber cantado tres bises: November, Come on up to the house y, finalmente, un sereno pero profundo Day after tomorrow.

En medio, dos horas mágicas. En todos los sentidos. El público que acudía al concierto sentía excitación y expectación ante el mito que tuvo el corazón roto y el hígado enfermo, aunque ya hace tiempo que está casado y con tres hijos, pero también, marcadamente, se vivía la sensación de "yo estuve allí", la de la ocasión que no va a volver. Y Waits hizo que nadie saliera decepcionado. Como en el cartel de la gira, en el que Waits se convierte en un mago de cuya palma de la mano emana polvo aúreo, el de Pomona no perdió ocasión de mover, agitar las manos como si fuera un prestidigitador, aunque quizá también un predicador. E hizo magia. La magia de una voz increíblemente versátil, con la que sabe jugar, un chorro de voz que ha sido calificado como de lija, pero que, sobre todo, a veces parece dirigirse hacia dentro de su boca en vez de salir de él, tal es la profundidad y las reverberaciones.

Junto a un grupo perfectamente engrasado con el que lleva rodando desde mediados de junio cuando comenzó la gira en Phoenix, Arizona, e integrado por su hijo Casey y por Larry Taylor, Patrick Warren, Omar Torrez y Vincent Henry, Waits llevó al público al delirio en más de una ocasión. Hubo palmas, canciones medio cantadas con él y momentos emocionantes, como cuando se sentó al piano para arrancarse unas cuantas canciones como On the nickel o Innocent when you dream,que llevó al público al éxtasis. Un grupo con el que cambió de registro sin dificultad encarando temas tan pegadizos y de aires latinos como Hoist that rag,que movió al público, Lucky day,el pesimista Dirt in the ground o Make it rain,en el que haciendo valer sus dotes de hechicero, y tras agitar las manos de unos brazos abiertos a uno y otro lado, fue recompensado con una abundante lluvia de polvo dorado. No faltó ironía, como la de que le gusta estar en un país con leyes civilizadas y no como en Rusia, donde no te puedes besar más de tres minutos seguidos, pero tampoco estuvo demasiado hablador. Ocupó su pequeño círculo dentro del escenario, objeto de todos los focos, en el que fue presentador de circo, fiera y, también, domador.

"Solamente pagaría este precio por Waits"

Una burrada, carísimo, desorbitado... Los entre 100 y 125 euros - más comisiones bancarias- que han costado las entradas para los conciertos de ayer y hoy de Tom Waits en Barcelona suscitan opiniones unánimes entre los asistentes, pese a lo cual los fans hablan de una oportunidad única, aun puntualizando, como Marina Espasa, que "es el único artista por el que pagaría este precio". "El primer disco que compré, por casualidad, fue de él, Closing time.Luego compré otros. Es alucinante. Pero me parece carísimo y me ha costado mucho decidirme", añade.

Algo parecido piensa la editora Isabel Obiols: "El precio es una burrada, pero vale la pena, es como asistir a una representación operística, una cosa casi única. Sopesé el precio, pero me habría arrepentido mucho tiempo si no hubiera ido. Me daba miedo, eso sí, que fuera una tomadura de pelo, que Waits, que no había venido nunca, no se lo tomara en serio, pero me dijeron que no iba a ser así y ya he visto que en otros lugares ha actuado dos horas con temas de todas las épocas".

Eugènia Broggi explica que ella se enteró del precio una vez compradas, ya que las adquirió un amigo. "Pensaba que no encontraríamos. Me parece vergonzoso el precio, pero hoy me importa un pito, estoy tan excitada y emocionada que me da igual. Fue muy importante para mí en los noventa, en el coming of age,sus discos, su presencia en las películas de Jarmusch...". Para el fotógrafo Pere Ferrer, que vive en Barcelona pero es mallorquín, "es realmente caro". "Pero no sé si volverá, así que me decidí. Me gusta su música y su personaje, lo que me da rabia es que no vaya a Palma, donde se celebra hace años el festival Waiting for Waits".

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El Periódico de Catalunya

Debut de impacto en el Fòrum

Tom Waits ofreció un recital heterodoxo en su estreno en BCN tras 35 años de carrera

 Tom Waits, en un momento de su actuación de anoche en el Auditori del Fòrum, que empezó con Lucinda. Foto:  RICARD CUGAT
JORDI BIANCIOTTO
La semana más caliente del pop-rock en Barcelona comenzó a andar anoche con un reclamo muy esperado: el cantante y pianista californiano Tom Waits, una figura de culto que debutó en la capital catalana tras 35 años de carrera con un recital en el Auditori del Fòrum. El cantante de voz áspera, que repite esta noche (21.30 horas), ofreció una depurada muestra de su arte dislocado a lo largo de dos horas de espectáculo en las que picoteó, sobre todo, su obra de las dos últimas décadas y rescató cuatro canciones de su disco más popular en nuestro país, Rain dogs (1985).

El blues deconstruido y el cabaret de cuneta desfilaron trinchados y troceados por un malabarista de voz aún más cavernosa de lo que cabía recordar, más gutural que armónica. Waits se movía entre espasmos sobre una plataforma circular, con un fondo de viejos altavoces y megáfonos decorativos, y unos cortinajes de music hall trasnochado; todo, ubicado en una caja escénica construida para la ocasión, ya que el Auditori carece de ella y el artista la exigió. Del suelo del escenario salían nubes de polvo cada vez que Waits daba un pisotón. Una máquina de vodevil harapiento que se puso en marcha con 35 minutos de retraso, informalidad que contrastó con la exigencia previa a los asistentes de acudir con puntualidad, antes de las 21.30 horas, bajo la amenaza de no ser admitidos.

Cabaret chirriante
El recital comenzó con el artista extendiendo los brazos en forma de cruz y atacando Lucinda, y se abrió paso entre retales de blues manoseado (Way down in the hole), traqueteos latinos (Jockey full of bourbon) y baladas carbonizadas (Falling down). El sonido Waits, una maquinaria poéticamente destartalada, brilló en su esplendor a través de Metropolitan glide, Hung down your head y una ovacionada Rain dogs tras la cual el artista alabó los "costumbres y leyes" que, en su peculiar opinión, rigen en España. "En Gran Bretaña no te puedes dormir con los zapatos puestos en una tienda de muebles. Y en Rusia no se permite dar un beso de más de 3 minutos. Y la vida dura más, ¿no?"

En el ecuador del recital, Waits, cuya banda incluye a dos de sus hijos (Casey y Sullivan Waits) se quedó a solas con el contrabajista y abordó un fragmento sentado al piano con You can never hold back spring, On the nickel, Johnsburg, Illinois y un Innocent when you dream en el que contó con los coros del Auditori. La colaboración del público siguió en forma de palmas con Clap hands, y el clímax final condujo a piezas como Hoist that rag y una histérica Make it rain coronado con una lluvia de purpurina sobre el artista.

Un bis con tres canciones
Como el sábado en San Sebastián, Waits ofreció un bis con tres canciones. Todas fueron, sin embargo, distintas a la capital donostiarra. Aquí sonaron November, Come on up to the house y un Day after tomorrow, que la estrella interpretó empuñando una guitarra eléctrica.
Los habituales cambios de guión escénico insinúan que el recital de esta noche aportará nuevas sorpresas. Ambos espectáculos, con las entradas agotadas, habrán atraído a un total de 6.200 personas. Tom Waits era una asignatura pendiente histórica de Barcelona, estatus alimentado no solo por su peculiar obra sino por su perfil de personaje heterodoxo que va por libre. Un libro, Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones (Global Rhythm, 2007) ofrece uno de los retratos más completos y certeros de este personaje integrado, por fin, en el currículo escénico barcelonés.

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Avui

El geni pallasso

El californià Tom Waits captiva els més de 3.000 espectadors-fans que l’acullen com un heroi en el seu primer concert a Barcelona en 35 anys de carrera


Per si amb 35 anys encara no n’hi havia prou, ahir a la nit Tom Waits es va fer pregar 40 minuts de rellotge per sortir a l’escenari de l’Auditori del Fòrum en el primer dels dos concerts que oferirà a Barcelona. Xiulets i molta impaciència la del personal que omplia els 3.100 seients de la sala. I, en el rerefons de l’espera, el preu d’or pagat per les entrades (100 i 125 euros, més 8 de despeses bancàries) augmentava el sentiment de presa de pèl amb crits esporàdics del calibre “no hi ha dret” o “que ens tornin els quartos”, com si el retard sobre l’hora prevista fos igual que l’AVE.

Però quan Mister Tom Waits va aparèixer a l’escenari es van acabar totes les lamentacions. Amb el públic dempeus, oferint-li una ovació tancada, el músic californià va ser el primer sorprès per la impressionant rebuda. Potser per aquesta sobtada raó, en la seva mentalitat de superestrella del circ rock, Waits va marcar-se una entrada histriònica, solapant Lucinda i Ain’t goin’ down to the well interpretades al bell mig de l’escenari, sobre una tarima prèviament espolvorada per augmentar els efectes visuals de la seva esperpèntica coreografia.

Al límit de la fractura
Al seu voltant, quatre músics: Omar Torrez (guitarra), Patrick Warren (teclats), Seth Ford Young (baix) i Vincent Henry (vents), més dos dels seus fills; Casey (bateria i percussió) i Sullivan (percussió i clarinet). Forçant la veu, engrossint-la fins al límit, fins al llindar de la fractura o l’esclat, Tom Waits va saber des del primer moment captivar un públic que el venera, uns fans que han hagut d’esperar més de tres dècades per poder veure’l en directe. I la satisfacció augmenta encomanant-los la sensació de ser uns privilegiats, quan se sap que en aquesta gira europea, Glitter & Doom (brillantor i perdició), només s’aturarà en set ciutats del Vell Continent: Sant Sebastià, Barcelona, Milà, Praga, París, Edimburg i Dublin, per oferir un total de 15 concerts. L’home no es prodiga més del compte i si a més a més tenim en compte a quant pugen les recaptacions com la d’ahir, tampoc li cal matar-se per tenir el futur garantit.

Ja d’entrada, un espectador poc avesat a l’univers Tom Waits podria arribar fàcilment a la conclusió que al músic li falta un bull. Amb aquesta veu que sembla que s’hagi menjat una família de gripaus sencera, amb l’expressió gestual tan passada de voltes, vestit amb el seu inseparable barret i l’americana gris curta de mànigues; tot plegat fa que la distància entre la genialitat i la pallassada es torni gairebé imperceptible. És la seva música la que li dóna el caràcter de geni visionari que l’acompanyarà fins a la tomba. Especialment quan van començar a sonar, una rere l’altra, composicions com Falling down, Jockey full of bourbon, All the world is green, On the other side of the world, God’s away on business, Metropolitan glide, Sins of my father, Hang down your head i Rain dogs. Peces escampades al llarg de la seva discografia, la majoria escrites conjuntament amb la seva dona Kathleen Brennan.

La principal característica del Tom Waits és que ha sabut crear-se un so particular i inconfusible, una gesta musical que només és a l’abast dels escollits. Beu de fonts molt diverses, de ritmes que entronquen amb l’smooth jazz i el circ, passant pel blues d’arrel i el cabaret d’entreguerres. Una mixtura tan particular, que ell acaba d’arrodonir amb aquesta veu gutural que li ha donat la natura. Una veu que, en un altre personatge, aconseguiria que el personal li llancés tomàquets i tota mena de verdures.

Tot això succeïa abans que el californià donés un descans a part de la banda per seure darrere el piano i crear el moment més corprenedor de la nit amb interpretacions com Innocent when your dream o You can never hold back spring. Més íntim i més proper, Waits va emocionar més d’un espectador mossegant-li la fibra sensible amb el dentat del piano.

Sentit de l’humor
Tornats a la nomarlitat i amb la banda al complet, enfilaria la recta final amb temes com Clap hands, Lucky day, Hoist that rag, Dirt in the ground i Make it rain. Sempre i en tot moment, amanint les interpretacions amb el seu peculiar sentit de l’humor passat de voltes. Transformant aquest barret petit i esquifit que ha creat moda (entre el públic se’n van poder veure uns quants) en el barret de copa d’un prestidigitador que fa màgia amb les notes musicals.

Però aquí no va acabar la pel·lícula d’aquest actor ocasional que només representa papers fets a mida. La tanda dels bisos, moment delicat que serveix per avisar de l’imminent comiat, va estar protagonitzada per tres peces de capçalera: November, Come on up to the house i, per acabar, Day after tomorrow com si volgués jugar amb el temps. Aquesta nit, l’imprevisible Tom Waits tornarà a sortir a l’escenari de l’Auditori del Fòrum, i segurament ho farà amb retard. Tant se val. Canti el què canti, no serà mai igual.

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El País

El poder de lo viejo

LUIS HIDALGO 16/07/2008

TOM WAITS Auditorio del Fórum, Barcelona. Entre 100 y 125 euros. 3.500 personas. 14 de julio, 21.30 horas.

La tradición en estado puro. Eso fue Tom Waits en su primer concierto en el auditorio del Fórum, una sucesión de canciones antiguas en el mejor sentido del término, una música no desgajada de esa tradición que forma parte de cualquier cultura porque en todas hay confesiones humanas entre vapores de complicidad, desgana, cierta desesperanza y masculinidad fea y vieja. Tom Waits escenificó todo eso en un concierto que, aun sin poderse saber si estuvo por debajo, a la altura o por encima de sus prestaciones, satisfizo por recordarnos que todos formamos parte de algo antiguo.

Además de ese poso, Waits recordó con sus canciones a otro representante de tiempos pasados, a Paolo Conte. Sí, el italiano es más melódico y las afinidades no se centran en la voz, sino en la manera de manosear el material sonoro, en la forma de mezclar los ríos de estilísticos que lo riegan, en cómo se sienten cómodos siendo como son y en el acento acústico que palpita bajo su música. Eso les une. Les diferencia que Waits no precisa el formato de canción, pues bien podría acudir a una continuidad deforme de música sin estructura. Pero quizá acude a ella, a la canción, como una concesión más a su público, una más en la lista de gratificaciones con las que le obsequia: pedir palmas, hacer chistes, llevar sombrero o regodearse en la autocomplacencia que proyecta en sus fieles.

Éstos, reducidos a la más vulgar condición de fans que se apelotonan ante la venta de camisetas del ídolo, aplauden hasta los estornudos, olvidan que lo mejor del batería es ser un Waits, se abonan a la credulidad y se deshacen en ovaciones ante cualquier solo, vieron lo que querían ver. Ello puede conducir a Waits a preguntarse si gusta por lo que hace o porque se llama Tom Waits, actúa pocas veces en directo y representa lo que representa. A otra escala, pero el mismo problema que tienen, sin ir más lejos, Serrat y Raimon.

Pero Waits tiene un plus en directo que le hace aún más solvente que en disco. Será porque su tradición es de taberna y, por tanto, occidentalmente comprensible; será porque parece un miembro de la troupe de Todd Browning; será porque se mueve como los personajes lisiados de Terry Pratchet; será porque, para asentarse aún más en la tierra, sale polvo de la tarima que patea, como inspirado por el aire fronterizo de las novelas de Cormack McCarthy; será porque On the nickel, Make it rain y la final Day after tomorrow resultaron fascinantes, o será porque tras pagar 130 euros a nadie le apetece sentir que los ha malgastado, pero lo cierto es que Waits sometió. Con sabiduría y tino. A pesar de todos los pesares.


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Diario ABC

TOM WAITS: El mito de la caverna en BCN

DAVID MORÁN

Primera noche en Barcelona: Sonaron los acordes pesados y marciales de «Lucinda», Tom Waits comenzó a contorsionarse y a gesticular frente al pie de micro mientras levantaba una más que considerable polvareda con sus zapatazos y todo cobró sentido: la larga (larguísima) espera, el desorbitado precio de las entradas, el nerviosismo que se respiraba en la platea, los viejos megáfonos y altavoces que colgaban del techo de esa caja escénica construida especialmente para la ocasión, las decadentes bombillas que decoraban los monitores del escenario... Fue, en una palabra, maravilloso. Así de simple.

Sólo un incómodo retraso de algo más de media hora -si han esperado treinta años, ahora no vendrá de treinta minutos, debía pensar Waits en el camerino- y las constantes y molestas idas y venidas del personal de seguridad por delante de las butacas restaron algo de brillo al estreno del californiano en Barcelona. El impacto, sin embargo, fue de altura. Una destartalada y apasionante maravilla que se grabó a fuego en la retina de los 3.000 asistentes que, después de dos horas de actuación, veían en esa pequeña fortuna desembolsada en las entradas -de 100 a 125 euros, ahí es nada- una inversión de futuro. Y es que, si hay un concierto digno de arrinconar casi todos los recuerdos musicales y hacerse con un lugar preeminente en la memoria, ése es el que el californiano ofreció el lunes en el Auditori del Fòrum.

Serpenteando por su vasto y escurridizo repertorio, Waits fabricó un concierto a medida con un generoso repaso a «Rain Dogs» -sonaron «Jockey Full Of Bourbon», «Hang Down Your Head» y dos poderosas y rotundas versiones de «Rain Dogs» y «Clap Hands»- y guiños a «Franks Wild Years», «Swordfishtrombones» y «Bone Machine». Su voz, instrumento prehistórico macerado en lodo, gravilla y alquitrán, sonó más grave y afónica que nunca y sirvió de hilo conductor a tamaño aquelarre de blues mellado, cabaret polvoriento y mutaciones de la música popular convenientemente manipuladas por unos instrumentistas de lujo. Así, si el guión exigía más fuelle, ahí estaba Vincent Henry para soplar dos saxofones al mismo tiempo y acunar suavemente las melodías desenfocadas de «All The World Is Green» y «Falling Down».
El propio Waits se sumó a la retaguardia instrumental empuñando la guitarra en una espasmódica «Metropolitan Glidge» y sentándose al piano para rebajar ligeramente la densidad de las texturas y, acompañado únicamente por el contrabajo, prenderle fuego a «You Can Never Hold Back Spring», «On The Nickel» y «Johnsburg, Illinois». Antes de regresar a esa plataforma circular desde la que presidió toda la actuación, el californiano aún tuvo tiempo de rescatar una «Innocent When You Dream» regada en humo y bourbon para la que contó con el (tímido) apoyo vocal del público. «Hoist That Rag», servida a martillazos y con las percusiones batiéndose en duelo con las palmas del público, allanó el camino para una hipnótica y arrastrada «Make It Rain» que acabó con el concierto y con Waits cubierto de purpurina.

Pero aún quedaba más: en el bis, el cabaret mutante y cavernoso del de Pomona siguió retorciéndose al son de «November» y «Come On Up To The House» y se despidió definitivamente con «The Day After Tomorrow», fundido a negro que acabó definitivamente con una eterna deuda pendiente. Anoche repitió en el mismo escenario y, una vez más, volvió a demostrar que el no canta: pesca las canciones en lo más profundo de su garganta y las saca a la luz sólo después de haberlas pulido a golpe de lija, martillo y hoz. Será que, al fin y al cabo, el arte tiene más que ver con los artesanos que con los artistas.